Nuevo blog.

El pensante abre un nuevo blog, www.elocotidiano.blogspot.com .

Espero que les guste.

Claves para entender la marcha del 4 de febrero

 Simone Bruno
Alai-amlatina
La marcha del 4 de Febrero ha sido, como se podía imaginar, un éxito contundente en cuanto a participación.

Los reportes hablan de 1 millón de personas solo en Bogotá.

La gente ha marchado en más de 50 ciudades colombianas y otras 130 en todo el mundo. La atmósfera ha sido muy tranquila y por la calle han desfilado personas de todos los extractos sociales, desde los ricos de los barrios bien hasta los habitantes de las áreas más degradadas. Indudablemente un evento histórico, a tal punto que se la considera como una de las más grandes marchas de la historia del país. No se ha verificado ningún problema de orden público. La consigna de la marcha era: “No más FARC, no más secuestro”, pero mucha gente desfilaba también con pancartas en contra de los otros actores armados y en favor del acuerdo humanitario.

Uno pocas centenares de personas han acompañado a los familiares de los secuestrados que han decidido no marchar y organizar una liturgia en la Iglesia del Voto Nacional.

Ha sido un día de fiesta cívica inusual en Colombia, que se ha unido por la paz. Este insólito evento, por realizarse en un país que generalmente no se expresa masivamente en las calles, no obstante ser uno de los más conflictivos del planeta, puede tener por lo menos 3 claves de lectura: el rechazo, la manipulación y la expropiación del dolor.

El rechazo

Ya son 6 las generaciones de colombianos que han nacido y se han criado en el contexto de la guerra y han tenido que acostumbrarse a magnicidios, violencia, desapariciones, desplazamiento y secuestro. La falta de un “post-conflicto” por 60 años ha hecho que los colombianos no hayan podido “vomitar sus muertos”, como lo sugirió el premio Nobel José Saramago en un reciente viaje al país, o sea no hayan podido analizarse, en una situación pacificada, para aprender de sus errores y no volver a repetirlos. Un conflicto tan largo tiene pocas referencias en los tiempos modernos como para poder comparar y analizar los efectos sociales sobre la población.

Pero un conflicto tan largo demuestra también, que existe, en las clases dominantes, una incapacidad, cuando no una falta de voluntad, para poner fin al conflicto. Cosa que contrasta fuertemente con las ganas y la ilusión de vivir en un “país normal” de la mayoría de la población. Esto es posible porque Colombia es un país quebrado: por una parte las ciudades volcadas hacia la modernidad, el lujo, y hacia modelos económicos globalizados, y por otra parte, el campo, las áreas rurales, atrasadas y ahogadas en la guerra y la violencia.

Unos de los pocos hechos que lleva el conflicto a las clases medio altas de las ciudades es el secuestro. Los actores armados trasladan físicamente a políticos y a gente común en medio de la selva y de la guerra, creando un cordón umbilical que une las dos partes de esta Colombia rota por la violencia.

En este escenario, la marcha del 4 de febrero, organizada por un grupo de la red Facebook, es una novedad, una de las pocas ocasiones en las cuales la población sale a la calle en forma masiva.

Los colombianos han interiorizado la impotencia y el dolor por su país, y se esfuerzan por borrar el conflicto de su mente.

Por esto, la fuerte reacción frente a las inhumanas condiciones de los rehenes en manos de las FARC es positiva y podría marcar un despertar de la sociedad. Es un raro momento de espontáneo y genuino rechazo a la violencia que vive el país.

Pero es un rechazo a un conflicto que la gente no conoce. La mayoría de los colombianos ignora las formas, los números de la violencia de su país y la naturaleza de los actores en armas. No existe una sociedad civil organizada y consciente que haga un llamado a una multitudinaria marcha de rechazo, existen poderes fuertes que aprovechan este espontáneo sentimiento para encaminarlo hacia sus intereses.

La manipulación

El presidente Uribe llegó al poder en el 2002 después de 4 años de un infructuosos e interminable proceso de paz. Un proceso nacido con gran expectativa, transformado en un engaño y enterrado indudablemente como consecuencia de los hechos del 11/9/2001. Las elites colombianas se convencieron que, en el nuevo escenario internacional, era posible derrotar militarmente a la guerrilla, evitando un ajuste social que inevitablemente hubiera conllevado un acuerdo de paz con el grupo guerrillero.

Uribe niega la existencia de un conflicto, trasforma a los actores armados de políticos a simples terroristas, y hace de la opción armada la única solución.

Construye un discurso político en donde todo tiene sentido y se justifica en cuanto existe un enemigo terrorista que se tiene que aniquilar, a continuación vienen los planes militares, las batallas se intensifican y la victoria final parece siempre cuestión de días.

Sin embargo, esta postura no permite soluciones negociadas y no prevé terceras posiciones. Existen solo uribistas o guerrilleros. Pero, sin un enemigo, el beligerante presidente podría retirase junto con su gobierno; sin un conflicto, el ejército colombiano tendría que renunciar a las enormes cantidades de ayudas de los EE.UU. que asciende al 6.5% del PIB y a su poder casi ilimitado sobre la población civil. La realidad es que la paz no la quiere nadie en el gobierno y en las elites colombianas. Mientras que hay guerra hay negocio.

Uribe se transforma en el bien absoluto contrapuesto a la guerrilla que se vuelve simple terrorismo y encarnación del mal. El conflicto armado se banaliza y el paramilitarismo se tiende a justificar como un mal menor frente al horror de las FARC.

Para poder sustentar este discurso, el presidente hace una utilización masiva de los medios de comunicación complacientes. La mayoría de los colombianos que vive el día a día ni se entera de lo que está sucediendo fuera de las pantallas de la TV. La visión oficial del conflicto armado se vuelve la única realidad, la guerrilla y sus crímenes el único enemigo.

Klaudia Girón, profesora de Psicología de la Universidad Javeriana comenta: “De este escenario se desprende que a partir de esa imagen desfigurada del conflicto, se ha ido configurando un país cada vez más desinformado y aterrorizado[…] La mayoría de la gente ni sabe, ni quiere saber las atrocidades que comete el Estado o los paramilitares”.

Así que cuando los colombianos bajan a la calle a marchar, lo hacen en contra del único enemigo que conocen. Consecuentemente humillan a las víctimas de los otros actores y legitiman el proyecto beligerante del presidente.

Es claro que el Gobierno quiere aprovecharse de la jornada para afianzar su imagen como el principal referente anti-FARC en el país, y por esa vía abrirle paso a una eventual segunda reelección presidencial.

Expropiación del dolor

Cuando los organizadores se niegan marchar contra todas las violencias y deciden marchar solo contra las FARC, desconocen a las víctimas de los otros actores armados y las vuelven invisibles. Se reconoce la atrocidad que viven los más de 700 secuestrados en mano de las FARC, pero se suprime la realidad de un país destrozado por las violencias paramilitar y estatal; peor aun, estas se legitiman. Prueba de ello, es que los jefes paramilitares respaldaron, en un comunicado, la marcha del 4 de febrero.

En Colombia 120.000 personas, según cifras de la Comisión Nacional de Reconciliación y Reparación (CNRR), se han identificado como víctimas del paramilitarismo ante la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía General de la Nación. Se piensa que los desaparecidos a manos de los paramilitares de las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia) podrían llegar a 14.000. ¡Las AUC no tienen rehenes, llenan fosas comunes!

Con las AUC, el gobierno Uribe ha adelantado un proceso de paz muy cuestionado, en este marco, una sentencia de la Corte Suprema de Justicia ha declarado que no se puede aplicar el crimen de “sedición” a los integrantes de las AUC, porque no se levantaron en contra del Estado, sino a su favor.

Efectivamente, más de 60 congresistas y políticos uribista están involucrados en el escándalo conocido como la “parapolítica” y se los acusa de haber financiado y creado grupos paramilitares. Entre estos se encuentra el primo del Presidente, Mario Uribe.

Hablando solo del 2008, entre el 31 de diciembre y el 14 de enero, el Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (MOVICE), reportó que presuntos paramilitares de ultraderecha han asesinado a 12 personas, han desaparecido a nueve, han obligado a 120 a desplazarse y han herido a otras tres.

“Pareciera que esas víctimas son inexistentes”, escribió Iván Cepeda Castro, presidente del MOVICE, en una carta al presidente Álvaro Uribe. “Ni los gremios empresariales, ni la Iglesia ni los alcaldes, ni los gobernadores, ni los grandes medios de comunicación convocan a marchas de rechazo ciudadano ante esos crímenes”, agregó, en referencia a la manifestación del 4 de febrero.

En la carta, Cepeda continúa: “¿Cuándo se pronunciará Usted sobre los crímenes contra la humanidad que siguen cometiendo los grupos paramilitares? ¿Cuándo hará una alocución solemne para condenar las desapariciones forzadas masivas que han llevado a miles de compatriotas a fosas comunes y cementerios clandestinos?”.

La marcha del 4 de febrero expropia a todas la victimas del conflicto de su dolor. No es casual que ninguna organización de víctimas, o de derechos humanos la haya apoyado.

- Simone Bruno es periodista italiano.

Colombia es una víctima de la guerra psicológica mediática impuesta por el eje Washington-Bogotá

Fernando Arellano Ortiz

Bajo la conducción de Washington, el gobierno de Colombia viene implementando con mucho éxito tácticas de “terrorismo mediatizado” para lograr su estrategia de manipulación y control social en su lucha por satanizar a la guerrilla y a todos los sectores de oposición que propenden por una solución política del conflicto interno que va ya para medio siglo sin alternativa de solución a la vista.

Gracias a la complicidad de los grandes medios de comunicación colombianos de propiedad de los oligopolios y de los sectores de la más recalcitrante ultraderecha como son los canales privados de televisión RCN y Caracol, los diarios El Tiempo de Bogotá (del grupo neofranquista Planeta de España y de la familia Santos que está incrustada en el gobierno), El Colombiano de Medellín y El País de Cali, entre otros, el presidente Uribe ha logrado consolidar todo un aparato sistemático que, a través de operaciones psicológicas mediáticas, no solo ha conseguido demonizar a sus adversarios sino que políticamente le ha permitido el aprovechamiento social, político y militar en su afánde desprestigiar, insultar y condenar a las FARC, cerrando toda posibilidad de una aproximación, así sea para lograr un acuerdo humanitario que permita la liberación de decenas de secuestrados.

Uribe, con la asesoría y conducción del gobierno estadounidense, viene desarrollando al pie de la letra los elementos de la denominada, por los estrategas militares norteamericanos, como Guerra de Cuarta Generación, para describir la última fase de los conflictos en la era de la tecnología de las comunicaciones, que se puso en marcha tras los ataques del 11-S en Nueva York.

Con el apoyo decidido de los medios de comunicación colombianos, el gobierno de Uribe Vélez al estilo Joseph Goebbels, ha prefabricado una “realidad” en que los enemigos de Colombia son, en su orden, las FARC, el presidente Chávez de Venezuela, la senadora liberal Piedad Córdoba y el Polo Democrático Alternativo (PDA). Ello le está dando réditos políticos, pues un país mal informado comoColombia, cuya población en su gran mayoría (el 60%) está por debajo de los niveles de pobreza, limitada solo a la información oficial y parcializada, no tiene otra alternativa que ver a su Presidente como el “Mesías”, de ahí sus altísimos índices de popularidad.

Si bien ese efecto macabro que viene teniendo en la opinión colombiana la estrategia de manipulación y de efectos propagandísticos se debe en buena medida al desarrollo tecnológico e informático, la derecha y el establecimiento de este país por lo general han hecho uso del recurso del “enemigo” interno no solamente para descalificarlo y desconceptualizarlo sino para acusarlode todos los males. Si hoy son las FARC, Chávez, la senadora Córdoba y el PDA; ayer lo fueron el partido de izquierda Unión Patriótica a cuyos líderes exterminaron físicamente, y más atrás, el dirigente popular Jorge Eliécer Gaitán, a quien también lograron eliminar.
EL EJE WASHINGTON-BOGOTÁ

Es evidente que esta estrategia de imposición en Colombia del Pensamiento Único, como diría Ignacio Ramonet, responde a los intereses hegemónicos norteamericanos en estrecha conexión con losde la más recalcitrante ultraderecha que en este país andino representan el gobierno del presidente Álvaro Uribe Vélez, los terratenientes, los especuladores financieros, los grandes empresarios, lo más retardatario del bipartidismo tradicional, corrupto y deslegitimado, y los sectores emergentes vinculados al paramilitarismo, el narcotráfico y el contrabando.

Para el eje Washington-Bogotá, o mejor Bush-Uribe, la Estrategia Psicológica Mediática constituye el arma dominante de la guerra de cuarta generación, en su variante “contraterrorista”, para lo cual los medios de comunicación se han convertido en los nuevos ejércitos de conquista con el propósito fundamental de direccionar conductas y opiniones en la búsqueda de objetivos de control social, político o militar. Así como la religión católica sirvió de elemento ideológico en la conquista española de América Latina para disculpar y dar vía libre a todas las atrocidades y saqueos que cometieron los ibéricos en estos territorios, hoy los medios cumplen el mismo rol en beneficio del gran hegemón y sus áulicos y cipayos en los países tercermundistas.

En este contexto, los ejércitos militares, son sustituidos por especialistas en insurgencia y contrainsurgencia, y por expertos en comunicación y psicologíade masas. Los blancos ya no son físicos sino psicológicos y sociales. El objetivo ya no apunta a la destrucción de elementos materiales (bases militares, soldados, infraestructuras civiles, etc), sino al control del cerebro humano. Las grandes unidades militares (barcos, aviones, tanques, submarinos, etc) son sustituidas por un gran aparato mediático compuesto por las grandes redacciones y estudiosde radio y televisión. El objetivo estratégico ya no es el apoderamiento y control de áreas físicas, sino el dominio y control de la conducta social masiva.

En esta guerra psicológica el colombiano del común es víctima de los titulares sueltos, los cuales constituyen simples consignas propagandísticas. Se deja a un lado el análisis, no hay contexto y en contrate, se disparan titulares e imágenes con demoledora precisión que deforman los hechosde acuerdo con los intereses rentísticos de los dueños de los medios de comunicación.

Cuando en Colombia el gobierno y los medios de comunicación se refieren a las FARC buscan que los ciudadanos asocien en su mente consignas de miedo vinculadas con “terrorismo”, sin analizar los qué, los por qué y los para qué. De esta manera, Washington y su ejecutor, el gobierno de Uribe Vélez han logrado que los colombianos estén inmersos en la Guerra de Cuarta Generación.

EL GRAN VECINO

Simultáneamente, la Casa Blanca, el Pentágono, el Comando Sur, el Departamento de Estado, el Congreso norteamericano y agencias de cooperación estadounidenses, son presentados en los mass media colombianos como instancias políticas que contribuyen eficazmente al desarrollo sociopolítico y económicode este país suramericano. No hay semana que un funcionario o militar norteamericano deje de visitar Bogotá y su presencia constituye titular de primera plana en periódicos, telediarios y radionoticieros, puesto que para los “gurús” del periodismo colombiano, “Washington locuta, causa finita”.

Tanto la administración Uribe como la gran prensa buscan generar en el imaginario colectivo el convencimiento de que el gobierno estadounidense es pieza clave y determinante para buena parte de la solución de los problemas de Colombia. De esta manera, disimulan su verdadera política consistente en beneficiar a los inversionistas estadounidenses vía TLC para abrir las puertasde este país a los capitales golondrina, a la especulación financiera, el lavado de activos y a las exportaciones norteamericanas que terminarán por hundir el campo, a los agricultores y a los pequeños industriales colombianos.
La suerte de la derecha colombiana está íntimamente ligada a los intereses foráneos, particularmente a la del capital transnacional norteamericano, pues como diría el senador colombiano Jorge Enrique Robledo, “los madamases de Colombia lograron superar su suerte personal de la suerte de su nación, de forma que les va bien aunque a la inmensa mayoría de sus compatriotas les vaya mal, porque unieron sus intereses a los de las transnacionales extranjeras, las cuales, además, generan y coexisten con las más aberrantes corruptelas nativas”

Semblanza de un “contratista” occidental

José Steinsleger
La Jornada

Años después de su “exitosa” participación en el comando que en mayo de 1972 rescató en el aeropuerto de Lod a un grupo de rehenes secuestrados en un avión de Air France por un grupo palestino (26 muertos), el joven oficial Yair Klein solicitó la baja. Sin embargo, la vida pacífica no iba con él y se reintegró al ejército de Israel.

En la guerra del sur de Líbano, Klein encabezó una de las brigadas que apoyaron la matanza de refugiados palestinos en los campos de Sabra y Chatila, perpetrada por las milicias de la Falange Cristiana libanesa (1982). Al año siguiente pasó nuevamente a las filas de la reserva y organizó una empresa especializada en la “lucha contra el terrorismo”.

Klein registró la compañía en la lista de proveedores del Ministerio de Defensa. Su primer cliente, los falangistas libaneses, le representaron ganancias por 2 millones de dólares.

Simultáneamente, en Colombia, el ministro de Justicia, José Manuel Arias Carrizosa (ligado a la Asociación de los Productores de Plátano), buscaba medios “eficaces” para combatir a las guerrillas del Movimiento 19 de Abril, el Ejército de Liberación Nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

Carrizosa llamó a su amigo Yitzhak Mariot Shoshani, directivo de la empresa Isrelex, suministradora de tecnología militar al ejército colombiano. Shoshani consultó su agenda de direcciones y así, en diciembre de 1987, Klein aterrizó en el país sudamericano en compañía de su traductor, el ex teniente de la reserva Ferry Meinyk.

Klein visitó a las autoridades en calidad de simple empresario “legal”. En febrero de 1988 ofreció al Departamento de Administración de Seguridad (DAS) cursos de entrenamiento de escoltas, equipos modernos de rescate y seguridad para “personas importantes”. No tuvo éxito.

El general Miguel Maza Márquez, jefe del DAS, declinó por escrito el ofrecimiento. “Esa clase de asesorías deben realizarse de gobierno a gobierno”, aclaró. En mayo de 1989 Maza Márquez salvó milagrosamente su vida de un atentado con dinamita. Para entonces las “clases” de Klein ya eran famosas entre los ganaderos y las empresas frutícolas de la región central del río Magdalena, directamente vinculadas a los grandes grupos de cultivo de Estados Unidos.

Las “milicias campesinas” formadas por Klein fueron la simiente de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), bandas paramilitares de extrema derecha que más tarde contaron con el apoyo entusiasta de un joven político graduado en Harvard en “gestión de conflictos”, Álvaro Uribe Vélez, actual presidente de Colombia y “pacificador del Urabá”, según los ganaderos.

En el primer grupo de los “pacificadores” entrenados por Klein figuraban temibles asesinos: los hermanos Fidel y Carlos Castaño, y Eduardo Rueda Rocha, uno de los sindicados en el asesinato del candidato presidencial Luis Carlos Galán (1989).

En Puerto Boyacá, Klein conoció al narcotraficante José Gonzalo Rodríguez Gacha, El mexicano, uno de los barones de la droga más violentos de Medellín. Rodríguez Gacha declaró que la técnica de tortura preferida, aprendida de los comandos israelíes, era el “método Moshe Dayan”: en el párpado del preso se inserta una pequeña astilla de sílex afilado y, antes de que el ojo se desangre, la víctima enloquece a causa del dolor.

Tras la muerte de Rodríguez Gacha, Klein se puso a las órdenes del famoso narcotraficante Pablo Escobar, jefe del cártel de Medellín. Pero con el asesinato de cuatro candidatos a la presidencia y el clamor internacional a raíz de una treintena de grandes masacres cometidas por narcos y paramilitares (1987-89), la embajada de Israel sugirió a Klein que abandonara el país.

En abril de 1989, después de haber dirigido un contrabando de armas desde Miami, Estados Unidos, el “contratista” dejó Colombia con 800 mil dólares en la libreta de ahorros. Regresó a Israel, y allí fue juzgado por un tribunal que lo condenó a un año de prisión y 13 mil 400 dólares de multa por exportación ilegal de armas a “grupos ilegales colombianos”.

Al salir de la prisión, Klein llamó a sus amigos sudafricanos y se fue a trabajar a Sierra Leona y en Liberia junto a los rebeldes de Johnny Korama y Charles Taylor, quienes ganaron fama mundial cortando las cabezas de los infelices que caían en sus manos. La situación cambió. Klein fue detenido y pasó 16 meses en una cárcel de Sierra Leona, al cabo de los cuales retornó a su patria.

Alfonso Valdivieso, ex embajador en Tel Aviv, asegura que no hubo manera de que el gobierno de Israel entregara a Klein a la justicia de Colombia, donde un tribunal de Manizales lo había sentenciado en 2001 a diez años de prisión por adiestrar a paramilitares y narcotraficantes. “Entre Israel y Colombia no hay tratado de extradición”, le dijeron.

El 27 de agosto de 2007, la Interpol detuvo a Klein en Moscú. El gobierno de Israel sostiene que su caso es un “asunto de la justicia”. No obstante, la extradición a Colombia puede obstaculizarse debido a que, por presiones de Israel, las autoridades rusas consideran la “avanzada edad” del acusado. Yair Klein tiene 65 años y goza de excelente salud.

La paz con Colombia

 Luis Britto

1
A principios de los noventa salvé mi voto en un jurado que premió un guión cuya premisa era la inevitabilidad de la guerra entre Colombia y Venezuela. Un recluta venezolano (ratero, flojo y cobarde) y otro colombiano (noble, valiente y casto) se separaban de sus unidades y recorrían juntos una Venezuela pintada como un complejo de fábricas de armamentos y bases de las FARC. La calumniosa fábula se filmó con fondos venezolanos. Salvo de nuevo mi voto en el guión de guerra fratricida que nos quiere imponer George W. Bush. Las guerras se siembran en el imaginario y se cosechan en la realidad.

2
Por eso escribí en 2004 que “el plan maestro de Estados Unidos es que Venezuela le pelee su guerra en Colombia, y que Colombia le entregue el petróleo venezolano”. Parto de tres evidentes premisas: 1) La potencia que pille las reservas de hidrocarburos del mundo lo dominará durante el medio siglo que duren. Para ello Estados Unidos promovió la guerra entre Irak e Irán, invadió Afganistán e Irak y apoyó el golpe de Estado de 2002 en Venezuela. 2) Estados Unidos no puede movilizar los contingentes que tal empresa requiere: sus fuerzas son casi todas mercenarias. Si nos invaden, dejan Irak a los iraquíes. 3) Estados Unidos requiere carne de cañón de otros pueblos para sus latrocinios. Por eso se sirve del sicariato en Chiapas, de los paramilitares guatemaltecos y de los ejércitos hondureño y panameño para forzar el corredor estratégico del Plan Puebla-Panamá, el cual culmina en el enclave militar del Plan Colombia, el Plan Patriota y el Plan Victoria, que implican una ofensiva de 18.000 soldados colombianos y 800 estadounidenses y una inversión de 7.000 millones de dólares, con la coartada de combatir la subversión y el objetivo de invadir América del Sur. Con razón afirma Chávez que “Colombia es un país intervenido por Estados Unidos” el cual “está creando condiciones para generar un conflicto entre Colombia y Venezuela”.

3
La invasión avisa. En el Plan Balboa, ejércitos de la OTAN se ejercitaron en dividir a Venezuela en dos países, previo el asesinato de su presidente. Estados Unidos instaló en Curazao la base Hato Rey y la Reina Beatriz en Aruba; sus almirantes promueven el relanzamiento de la IV Flota del Caribe, con portaaviones nuclear incluido. El gobernador del Zulia, Manuel Rosales, abre el 2006 con una campaña secesionista. Otra campaña presenta a Venezuela como narcotraficante, a pesar de su rango de tercer país del mundo en decomisos de droga desde que se libró de la DEA. Canales opositores infaman al presidente Chávez como cocainómano por probar una hoja de coca, que es como tildarlo de alcohólico por comerse una uva. También difunden un borroso video cuyo comentario miente que el alcalde bolivariano de Maracaibo, Di Martino, entregaría armas a las FARC. El portavoz del Departamento de Estado Shannon afirma que no hay tales suministros. Pero el vicepresidente colombiano Santos amenaza con secuestrar a Di Martino. Internet divulga instrucciones para la oposición venezolana sobre cómo ayudar al ejército de Estados Unidos en caso de invasión. Cuando los medios suenan, intervenciones traen.

4
Guerra avisada sí mata soldado. Según el International Institute for Strategic Studies, para 2001 el ejército venezolano integra 82.000 efectivos; el de Colombia 138.000. Según el World Economic Outlook, para 2005 Colombia presenta un gasto militar de 3.309 millones de dólares, el 3,8% de su PIB; y Venezuela menos de la mitad: unos 1.477 millones, el 1,6% de un PIB que asigna más de 9% a la Educación. En Venezuela concluyó la insurgencia armada con la masacre de Cantaura en 1982; la Hermana República lleva sesenta años de guerra civil ininterrumpida, e incrementa efectivos y gastos con las sucesivas movilizaciones del Plan Colombia. Venezuela compra en 2007 helicópteros de ataque, radares 3JYL-1, fusiles Kalashnikovs, dos submarinos Lada, doce aviones de transporte AN-70, un sistema de defensa aérea S-300 con misiles tierra-aire, y 40 helicópteros. El ejército colombiano nos supera en armamento y número de combatientes. Pero si nos invade, deja Colombia en manos de las FARC.

5
Nuestra mayor fragilidad reside en el frente interno. Venezuela cuenta con 27.483.200 habitantes, Colombia, con 43.430.000. Es posible que unos cuatro millones de colombianos estén dentro de nuestras fronteras. La inmensa mayoría es gente honesta, trabajadora y pacífica. Pero entre ellos se infiltran paramilitares que cobran vacuna, montan alcabalas y suplantan al hampa criolla en el narcotráfico, la trata de personas, el préstamo usurario y el juego ilegal. Bingos y casinos son las cabezas de playa de legitimación de capitales de esta invasión del crimen organizado. Los paramilitares son la perfecta Quinta Columna para apoyar cualquier agresión internacional. Sus armas de gran potencia podrían quizá impedir nuestra movilización popular. Por el contrario, el número de venezolanos dentro de Colombia es insignificante. Gracias al régimen de doble nacionalidad del artículo 41 de la constitución venezolana, personas con nacionalidad colombiana pueden ocupar todos los cargos de nuestro ejército, y de nuestros ministerios de la Defensa, de Relaciones Interiores y de Relaciones Exteriores, salvo el de ministros. La constitución de la Hermana República dispone en su artículo 97 que “El colombiano, aunque haya renunciado a la calidad de nacional, que actúe contra los intereses del país en guerra exterior contra Colombia, será juzgado y penado como traidor”. Nuestra Carta Magna no contempla ninguna norma que la equilibre o contrapese.

6
Ni venezolanos ni colombianos queremos una guerra en la cual el único ganador sería Estados Unidos. Sobre la ruina de nuestros países intentaría robarnos unos hidrocarburos que dos movimientos de resistencia popular le impedirán explotar. Si Estados Unidos nos invade, pierde el mundo. La paz es la única victoria posible.

El plan mediático gringo-hispano para declarar narcoterrorista a Chávez

José Sant Roz*

Desde hace treinta años, una de las palancas de la economía norteamericana es el narcotráfico. Compra de armas, medios de comunicación, políticos, empresarios… es la abultada caja con que se negocia gran parte de las operaciones terroristas y campañas manipuladoras para derrocar gobiernos no afectos a la política de Washington en gran parte del mundo.

No olvidemos la historia de Manuel Antonio Noriega, el agente de la CIA e hijo predilecto de George Bush padre, quien inundó Centroamérica de armas compradas con el negocio de la droga, para la Contra nicaragüense, en nombre de la libertad. El día que Noriega se negó a obedecerle en sus negocios sucios tomaron a su país como centro de entrenamiento para la guerra que después desatarían contra Irak, y arrasaron al pobre Panamá matándole a miles de civiles.

El procedimiento de Washington para eliminar a un político incómodo es siempre el mismo: primero mediante el uso de los medios desconceptuarlo moral y políticamente ante el mundo, y cuando la comunidad internacional esté suficientemente penetrado de sus “crímenes”, de sus “violaciones a los derechos humanos” y de que su permanencia en el poder es un “peligro para la democracia y la libertad”, entonces proceder a darle el tiro en la nunca.

En estos momentos el blanco de estas acciones es el Presidente venezolano Hugo Chávez, y los países que en este momento llevan la batuta para su exterminio moral y político son Estados Unidos y España. Para esta acción se están movilizando prestamente por Europa los Presidente Álvaro Uribe y Alan García, y en sus agendas por orden de Bush hijo, lo único que cuenta en esta gira es atacar a Chávez.

El rotundo éxito de la operación “Enmanuel” para rescatar a Clara Rojas y a Consuelo González causó pánico y decepción en la Casa Blanca. La prensa mundial recoge que “a regañadientes, Estados Unidos calificó, el jueves 10 de enero, de “bienvenida” la mediación del presidente venezolano, Hugo Chávez, que permitió la liberación de dos políticas colombianas secuestradas por las FARC, pero se abstuvo de felicitar a su mayor crítico en Latinoamérica.”

Con esta fúnebre declaración se pronunciaba ante un hecho profundamente humanitario, la superpotencia del planeta que vive en campaña mortal y feroz contra el terrorismo. Qué importa: podrá caérsele una mil veces su careta de Nación demócrata, humana y pacífica, porque para eso están los poderosos medios que en pocos segundos se la podrán lavar y ponérsela tan limpia, dulce y serena como siempre la han tenido.

La SIP existe primordialmente también para la protección de todos los gordos narcolavadores de dólares en América Latina. La furia de RCN contra Chávez y la FARC evidencia el plan de ese inmenso control. De modo que definitivamente la GUERRA MUNDIAL de Bush al derribar las torres gemelas en Nueva York también se hizo para una mejor manipulación del universo que tiene que ver en parte con este negocio y el del petróleo. Bush lo dijo, “esta guerra se llamará de Justicia Infinita”. Es decir, “tendremos un poder infinito para invadir, para ir donde queramos, para encarcelar sin juicio de ningún tipo a quien nos dé la gana.” Y los primeros efectos de la “Justicia Infinita” se hicieron sentir en Afganistán e Irak, luego tocaron a Venezuela (donde también hay petróleo y gas) derrocando a Chávez. Instituye tribunales militares secretos con viajes igualmente secretos por el planeta llevando centenares de presos: toda una mezcla diabólica de discurso religioso y político. Al mismo tiempo que va reforzando sus garras sobre Colombia, incrementando su poder militar también en Ecuador.

Así como las transnacionales requieren de los medios de comunicación para imponer sus productos, también el narcotráfico los necesita para ocultar a los capos que movilizan esa droga. Existe un acuerdo tácito con la SIP de que jamás se divulgue ningún tipo de información que previamente no haya sido procesada por la DEA en relación con ningún decomiso de droga. No olvidemos que en el caso IRÁN-CONTRA, en el que Oliver North cayó por adquirir armas a cambio de droga, fue producto de ese pavoroso control que el Departamento de Estado tenía sobre los medios del mundo. No fue a través de los medios como esto se supo, sino por intermedio de una comisión independiente del Congreso estadounidense.

Así pues, que el Emperador de Norte, George W. Bush, es el máximo acaparador de casi toda la droga que circula por el mundo. Él, con su política precisamente terrorista necesita inocularle ese sucedáneo a su pueblo para seguir mandando soldados al Oriente Medio; para impulsar guerras, porque evidentemente también los medios de comunicación son la madre de todas las drogas. Van íntimamente unidas medios y drogas. Y este negocio requiere que se acaben todas soberanías de los países y que sea el Departamento de Estado a través de la DEA quien controle este negocio y los mismos gobiernos donde funciona. Con medios independientes sería muchísimo más complicado el negocio de la droga, y eso lo sabe muy bien Washington.

Por eso desde el mismo momento en que Chávez ordenó eliminar el funcionamiento de la DEA en Venezuela, el canal de televisión venezolano Globovisión y el diario “El Nacional” comenzaron a pegar el grito en el cielo. Ya hemos sido testigo de cómo el 21 de enero de 2008, Globovisión recrudeció sus ataques contra Chávez mostrándolo como consumidor de droga tergiversando unas palabras en la presentación anual de su mensaje a la Asamblea Nacional. Colocaron imágenes de Chávez con polvo de una lecha que el derramaba en un intento de identificar subliminalmente este producto con el polvo de coca.

Washington sabe que si se llegara a un acuerdo de paz con las FARC, perderían sus contactos con los narcos y perderían las bases de control del narcotráfico y del negocio inmenso que reporta esta droga. Por eso están desesperados difundiendo por el mundo que Chávez está envuelto en el asunto de la droga para entonces así matar dos pájaros de un solo tiro. Nunca como antes se ha desvelado los vínculos entre la CIA, los medios poderosos y la droga. Son la misma cosa.

Los grandes medios de comunicación españoles también han estado de luto, y reciben centenares de miles de mensajes de América Latina en los que les dicen: “Veis ahora por qué no se calla”. Han sido días aciagos y cargados de tensión para el grupo PRISA, para Pedro J. Ramírez y la Oficina de Prensa Real que han instalado toda una sala estratégica para definir con sumo cuidado cuantos titulares de prensa tengan que ver con el “macaco venezolano”.

Estos medio habían estado confeccionando matrices para colocar en todas las encuestas a su rey Juan Carlos y a Zarkozy como los hombres mejor valorados del año 2007, al tiempo que colocar a Chávez en el foso de lo más villano. Estados Unidos cantó victoria el 31 de diciembre cuando había fracasado la operación producto de los bombardeos que Uribe, por orden del Departamento de Estado, lanzó los días 29 y 30 de diciembre en la zona de San José del Guaviare. Entonces, todos los titulares de la prensa española, “El País”, “ABC” y “El Mundo” hablaban con júbilo del enorme show montado por Chávez.

Habiendo transcurrido más de una semana de la exitosa operación, corren los dólares y los premios por entre la elite de los más distinguido de la intelectualidad española y latinoamericana, para que se pronuncien contra Chávez. El Juez Baltasar Garzón consideró, en declaraciones a la Cadena Ser, que “la fanfarria o el espectáculo circense que ha dado Chávez para conseguir esta liberación (Clara y Consuelo) es no ya un exceso sino algo absolutamente reprochable”.

Garzón habló también de la petición de Chávez de que no se considere terrorista a las FARC: “Pedir que se deje de reconocer a las FARC como un grupo terrorista me parece o de un cinismo absoluto o de tener muy poca idea de qué hacen y como lo hacen las fuerzas revolucionarias colombianas desde hace más de 30 años”. Para Garzón lo importante es que se encuentre un camino para finalizar con esa situación que “rompe” Colombia. “Ahí sí que tenemos que colaborar todos, en vez de hacer tanto espectáculo“, dijo.

Baltasar Garzón es Juez de la Audiencia Nacional española y se ha destacado por sus constantes actividades judiciales contra ETA y el entorno que le ha dado soporte político.

El 31 de diciembre, el diario español “El Mundo” criticaba con dureza, la capitalización que estaba haciendo Chávez de la liberación de los rehenes. En su editorial lo título “Chávez, en la peor dirección”, y justificaba por qué este mismo periódico le había designado como el “Enemigo del año 2007.”

Quizá lo más horrible fue el editorial del diario español ABC que lo tituló: “Chávez EL MERCADER DE REHENES”. Ante este editorial, la oposición venezolana batió palmas, y lo colocó en todos sus portales por Internet; Decían con orgullo; “un soberano varapalo, en su editorial de este sábado, le dan al Presidente venezolano: “la utilización de los sentimientos humanitarios para objetivos desestabilizadores es sencillamente un acto rastrero e intolerable“. Para el diario, la “liberación de los rehenes”, no es más que “una obscena operación de propaganda”. Expresaba ABC: “NADA convenía más al caudillo venezolano Hugo Chávez que encontrar un hecho para explotar como filón propagandístico de forma que pudiera eclipsar el estruendoso fracaso de sus intentos por imponer una dictadura socialista perpetua a los venezolanos.

Después de haber perdido un referéndum plebiscitario, necesitaba distraer la atención hacia un asunto con el que poder recuperar la iniciativa, borrar la estampa de un golpista derrotado por un movimiento estudiantil y volver a ser el líder continental que quiere recuperar el apoyo de sus decepcionados seguidores. Y puesto que después de la histórica frase de Don Juan Carlos, en la Cumbre Iberoamericana de Chile los insultos atrabiliarios contra los gobiernos que no se acomodan a sus excentricidades ya no le son rentables, Chávez ha encontrado el perfecto parapeto en una operación pretendidamente humanitaria para aprovecharse de la puesta en libertad de tres rehenes que estaban en manos de la narcoguerrilla colombiana.”

Agregaba: “Pero en realidad, lo que han planeado Chávez y el jefe guerrillero «Tirofijo», según parece con la asesoría de la dictadura cubana, tiene poco de humanitario. Se trata de una obscena operación de propaganda en la que los criminales que mantienen secuestrados a ciudadanos inocentes durante largos años han pactado la escenificación de un acto que sería de clemencia si hubiera algo de justicia en su origen. Chávez ha logrado aparecer como un «facilitador» de la liberación de los rehenes, a cambio de ofrecer una justificación política internacional a sus carceleros. …tratándose de Chávez no se puede descartar ni siquiera que pudiera intentar una operación con implicaciones militares que en sus ensueños terminaría con la victoria de la narcoguerrilla. El venezolano no ha ocultado que sus simpatías están más cerca de «Tirofijo» que del presidente Uribe y, si esta operación le sale bien, seguramente ya ha calculado que puede cambiar la correlación de fuerzas en la propia Colombia.

Miles de familiares de secuestrados (la guerrilla tiene más de tres mil cautivos en su poder) pueden alzarse pidiendo la intervención de Chávez en la liberación de los suyos y es evidente que los narcoguerrilleros apoyarán cualquier objetivo que pueda debilitar el sistema institucional de Colombia. El presidente colombiano tiene pocas opciones para oponerse a esta ofensiva. Ha detectado intentos de Chávez de infiltrar su doctrina «bolivariana» entre los generales colombianos y es el primero en darse cuenta de que si permitiese que Chávez campe a sus anchas en Colombia y mantenga una relación abierta con la guerrilla (el apoyo clandestino de Venezuela a los grupos insurgentes es algo que nadie pone en duda), se complicaría enormemente la situación en Colombia. La utilización de los sentimientos humanitarios para objetivos desestabilizadores es sencillamente un acto rastrero e intolerable.”

El 1º de enero de 2008, Diariocrítico/Agencias. Español titulaba: “Chávez fracasa en su show para rescatar a los rehenes” En Estados Unidos, el socio predilecto del rey Juan Carlos diario como el “America’s Daily”, tituló el 1º de enero de 2008: “Mientras Alvaro Uribe Vélez de Colombia afirma que las FARC son terroristas, Chávez se proclama “guerrillero. Chávez explota el dolor de familiares de rehenes”.

Simultáneamente, como se quiere involucrar a Venezuela con el negocio del narcotráfico y tratar de aplicarle a Chávez lo mismo que le hicieron a Antonio Noriega, la “Agencia federal de noticias”, titulaba por esos días: “El país venezolano sería el proveedor de drogas de España”. Las mismas fuentes aseguran que la droga procedente de Venezuela hacia Europa y México había aumentado un 500% bajo el mandato de Chávez. Según la versión del matutino español “La Razón”, que cita fuentes de Inteligencia de Colombia, en Venezuela hay ya 117 pistas clandestinas en el delta del Orinoco en las que aterrizan aviones con coca para cargarla en barcos.

Los analistas de Estados Unidos le envían a los comentaristas de Latinoamérica que insistan en la matriz de que Chávez pretende “recuperar su imagen”, tanto dentro como fuera del territorio venezolano. “Él sale de esa derrota y pasa a tener status democrático”. “La credencial que busca ahora es con grupos subversivos”. “El Emmanuel fue un “espectáculo muy mal montado”, que desnudó las verdaderas intenciones de Chávez, quien no ha sido sino todo un verdadero payaso mediático.” “Chávez y el circo de los rehenes o cuando las gracias se convierten en morisquetas”. “Sus gracias se le convierten en morisquetas. Con el circo de los rehenes estará agradando a la izquierda extrema colombiana: se está distanciando dramáticamente de sus propios seguidores venezolanos. Y a nivel internacional se profundiza la sensación de que él y las FARC constituyen una y la misma cosa: narcoterrorismo”.

Uno de los articulistas estrella de Noticias24, Pedro Lastra, proclamaba “Qué misteriosa razón ha llevado a Hugo Chávez a empeñarse tan a fondo en el tema de los rehenes? “¿Por qué no están en la parada Michelle Bachelet o Felipe Calderón, Alan García u Oscar Arias? Muy sencillo: porque son presidentes serios y no forman parte de la trouppe circense… Por qué tanto apuro en rescatar tres rehenes de las FARC mientras en la ciudad donde habita mueren asesinados entre el 24 y el 25 de diciembre 88 venezolanos, casi 300 fallecen asesinados por el hampa desbordada en las principales ciudades del país y, por si fuera poco, escapando de la isla que tanto venera naufragan y mueren 25 balseros que prefieren morir antes que calarse el infierno castrista?

Muy sencillo: porque son presidentes serios y no forman parte de la trouppe circense que corre a darle un espaldarazo al compañero en desgracia. Júrenlo: ninguno de los que vienen tiene las manos limpias. Todos, sin excepción alguna, recibieron su billetón verde para financiar sus campañas. Comenzando por Lula y el mensajero del Zar – Marco Aurelio García – hasta Cristina Fernández y el doctor de Vido. Sabiéndolo gravemente afectado por el Maletinazo y a punto de recibir fétidas noticias judiciales desde La Florida – que podrían salpicarlos a todos ellos, pues todos ellos tienen las manos sucias – hacen frente común.

En eso termina la lucha contra el imperialismo yanqui: protegiendo al teniente coronel de seguir las huellas de Manuel Antonio Noriega. De allí también el favor de Insulza, coordinador de la mafia regional. Pues en eso ha terminado la OEA: en el club de los becarios de la Fundación “Chávez te financia en tu carrera a la presidencia”.

José Sant Roz
Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (Venezuela), con un doctorado en Teoría Combinatoria. Es autor de más de veinte libros que abordan el tema de los conflictos políticos en Venezuela y Colombia desde el siglo XVIII, entre ellos: Conjura Constitucional, ediciones Ministerio de Educación, Caracas, 1986; Colombia en un Soplo, Consejo de Publicaciones de la ULA, 1987; Toque de Queja. Episodios de la vida del General Francisco de Paula Santander, (novela), Ediciones Centauro, de José Agustín Catalá, 1990; Maldito Descubrimiento, Kariña Editores, 1993; Los Verdaderos Golpistas, Kariña Editores, 1998; Obispos o Demonios, (Co-autor junto con Giandomenico Puliti), Kariña Editores, 2000; Capos de Toga y Birrete, Kariña Editores, 2001; El Jackson Granadino - Biografía del General José María Obando - el asesino de Sucre, Kariña Editores, 2001; Las Putas de los medios, Kariña Editores, 2002; Bolívar y Chávez- Dos posiciones en conflicto, Kariña Editores, 2003, Gustavo Cisneros - Un Falacia Global, Kariña Editores, 2004.

El imperio acechando a la gran Colombia

Luis Eduardo Saavedra
Cualquiera diría que los ‘neocons’, con una recesión encima sobre su nación a todas luces catastrófica, producto de sus aventuras bélicas en medio mundo y de las prácticas corruptas del sector financiero, se negarían a otra aventura que los precipitara al abismo, como sería invadir a Venezuela a través de Colombia y Panamá. Pero todo indicaría que son sus planes inmediatos. Y no es de extrañarnos, hasta hace poco tenían lista la invasión a Irán, a despecho de una segura hecatombe nuclear. Era tan delirante este lance que la todopoderosa élite económica que manda en E.U., la que nombra y quita presidentes, desautorizó a Cheney, el artífice de la guerra permanente.

Nos recordaba Gary Leupp (Rebelión, 29-05-07) que “inmediatamente después del 11-S, Cheney habló de una guerra que durara generaciones, comparable a la guerra fría, una guerra que no se limitaría a una reacción contra Al Qaeda sino que tendría objetivos múltiples y cambiantes”.

Cuando se estaba preparando la invasión a Irak decía John Pilger, escritor y periodista inglés: “Uno de los ‘expertos’ de George W. Bush es Richard Perle. Yo entrevisté a Perle cuando éste asesoraba a Reagan. Cuando habló sobre una ‘guerra total’, lo taché erróneamente de loco. Recientemente ha utilizado el mismo término para referirse a la ‘guerra contra el terrorismo’ de EU… ‘Sin etapas’, fue lo que dijo. ‘Esto es una guerra total -continuó-. Estamos luchando contra una variedad de enemigos. Hay muchos ahí afuera. Toda esta habladuría de ir primero por Afganistán, después por Irak… es totalmente el camino equivocado de proceder. Si dejamos que nuestra visión del mundo siga adelante, la adoptamos en su totalidad y no intentamos concebir una diplomacia inteligente, sino simplemente llevar a cabo una guerra total… nuestros niños cantarán magnas canciones sobre nosotros en años venideros”.

Estos psicópatas y/o idiotas que, por las paradojas de la historia, se tomaron el poder del imperio ( y que es como una recurrencia histórica: recordar a Calígula y a Nerón o a ese Bush magistralmente retratado por Michael Moore en Estúpidos hombres blancos: “En resumen: has sido un borracho, un ladrón, posiblemente un delincuente, un desertor impune y un llorica”) resolvieron dominar al mundo, como los malos de las tiras cómicas (Luthor), empezando por los’ejes del mal’ que para la época eran Irak, Irán y corea del Norte y ya perfilado el eje Cuba, Venezuela, ahora ampliado con Bolivia.

Es decir, no estamos hablando de coyunturas aleatorias. Los ‘neocons’, desde Reagan y papa Bush, venían planificando “El Proyecto para el Nuevo Siglo Americano” (PNAC, por sus siglas en inglés) que consistía en asegurar, por cualquier medio, el liderazgo global americano. El PNAC, publicado en 1997, luego produjo en el 2000 el documento “Pax Americana” en el cual se refiere despectivamente a Naciones Unidas, recomienda “ataques preventivos” contra el ‘eje del mal’, sugiere que contra estos países se utilicen ojivas nucleares pequeñas, capaces de dar en el blanco en “bunquers subterráneos a gran profundidad”. Habla de ganar contundentemente en múltiples escenarios, por ejemplo, Corea del Norte, Irak, Siria, Irán, a través de las “guerras relámpagos” (que había ideado Hitler, con sus potentes como veloces tanques, en contra de la eterna como infructuosa guerra de barricadas que desgastó a media Europa en la primera guerra mundial y que le valió la derrota a Alemania así como la humillación del tratado de Versalles) plagiadas por Rumsfeld, el “gran estratega” de los ‘neocons’, con una tecnología bélica infinitamente superior a la de Hiltler -la que habría que utilizarse en la ‘Guerra de las Galaxias’ del cow boy Reagan- y sin derramamiento de sangre, el prodigio de una guerra incruenta, excepto algunos molestos como inevitables “efectos colaterales” que hoy significan cerca de un millón de muertos en Irak y un virtual derrumbe del imperio(¡!)

Se recuerda todo esto por la fragilidad de la memoria. Estamos con los mismos ‘neocons’, con la ultraderecha demente gringa en el poder, excepto algunos: el sionista Richard Perle, ideológo de la ‘guerra total’, echado del gobierno por su corrupción rampante; Rumsfeld, sacado por la puerta de atrás dado su estrepitoso fracaso en sus ‘guerras relámpagos’ que según él no durarían más de dos semanas; el sionista Wolfovittz, uno de los más perversos como ineptos, echado pero compensado con el Banco Mundial en donde protagonizó escándalo tras escándalo, desde asistir a las reuniones de alto nivel con las medias rotas hasta ponerle un sueldo de fantasía a la amante. Todos estos salieron pero quedaron los peores: el Vicepresidente Cheney, que sueña con incendiar y dominar el mundo para en el futuro morir tranquilo en su cama con la satisfacción del deber cumplido y rodeado del amor familiar y naturalmente, la ‘Condy’, vergüenza de la comunidad afroamericana.

No aprenden las lecciones. La ‘godarria’, conservadores o republicanos, en síntesis, la derecha no aprenden de la vida, por decir lo menos. Son reluctantes al análisis, a la crítica, a la autocrítica. Siguen en línea recta el libreto, como las mulas con tapaojos, rumbo al abismo. Se hunden y con ellos se llevan al resto. El caso de Hitler es elocuente. No le ha valido a la ‘godarria’ gringa la derrota en Viet Nam. No ha valido el estrepitoso fracaso en Irak, el genocidio, el sufrimiento extremo al que sometieron a una nación y a sus propios compatriotas, la ruina de su propio país. No, siguen el guión de la ‘Pax americana’ como se les ordenó al principio, con la recóndita esperanza de que podrán reponerse para las próximas elecciones (con Bush por debajo del 30% en las encuestas), de que tienen otra opción de triunfo si invaden con una ‘guerra relámpago’ a Venezuela aprovechando que tienen ocupado militar y políticamente un corredor en la vecindad -de vieja data de propiedad del imperio- llamado Colombia y ahora administrado por el crimen organizado, cuyas atrocidades y antecedentes son de sobra conocidos por ellos y que les sirven de herramientas de subyugación por si acaso los cipayos se revelan.

Creen los ‘neocons’ que si triunfan lo harán con una carambola de tres bandas como acostumbra la derecha: la derrota del ‘comunismo’ en Venezuela, la recuperación de la región, hoy con “malas influencias”, y sobre todo, el petróleo, la sangre del imperio. Así podrían aspirar a una segunda reelección, como cierta yerbas por estos lares

Como en Irak o Irán han venido ambientando la invasión, haciendo creíble las presuntas justificaciones: que Saddam poseía armas de destrucción masiva, que Irán puede llegar a convertirse en una amenaza nuclear (da risa si pensamos que el imperio tiene más de siete mil cabezas nucleares y más de 140 bases militares regadas por todo el planeta, unas cuantas en la frontera de Colombia con Venezuela haciéndole inteligencia permanente al hermano país); que Chávez es facilitador del narcotráfico (dicho en Bogotá por John Walter, zar antidrogas), que Chávez es el Comandante en Jefe de las Farc, “un temible grupo terrorista” (sin mencionar jamás a los paramilitares que se han dedicado a descuartizar personas vivas y a practicar la antropofagia y el vampirismo en sus víctimas para darse coraje), sólo porque pidió reconocimiento político para ellas a fin de facilitar un intercambio humanitario -que el mismo Uribe Vélez le solicitó mediar- y sentar así las bases para una salida política al conflicto en Colombia; que Chávez es expansionista porque piensa restaurar la Gran Colombia de Bolívar (no se dice nada de la política expansionista del imperio y del capitalismo salvaje); que Chávez, como si fuera poco, es drogadicto, sólo porque dijo que él todos lo días consumía las hojas de coca que le había regalado Evo, como milenariamente lo han hecho las comunidades amerindias, porque una cosa es la coca y otra la cocaína con la cual desde principios del siglo XX envenenaron el código genético de los gringos a fuerza de hacerlos consumir Coca-Cola, ese refresco letal hecho con una buena porción de cocaína, esa agua negra del imperio. Dice Evo que la misma Universidad de Harvard ha determinado que las hojas de coca son el mejor alimento y que en su estado natural no le hacen daño a nadie. (aporrea.org, 25-01-07)

Todos los medios de la derecha, en coro, han amplificado estas absurdas y falaces afirmaciones. El gobierno títere colombiano aprendió bien la lección del imperio que ha sostenido en vilo y a su antojo a la población con enemigos reales o imaginarios: los comunistas de la antigua URSS, los marcianos, los narcotraficantes, Ben Laden, Saddam Hussein, etc. Los enemigos de Colombia ahora son el presidente Chávez y esa negra de corazón inmenso que es Piedad Córdoba. Un bárbaro de esa masa zombizada, fascistizada, que sigue delirante a Uribe, le dijo en un avíon que se dirigía a Caracas las siguiente perlas a Piedad: “apátrida, hijueputa, malnacida, gonorrea, negra, guerrillera…te voy a romper la cara, puta” (Alfredo Molano, El Espectador, 26-01-08). Claro que lo último si fue copiado de Uribe que le dijo a un compinche suyo apodado ‘La mechuda’: “Si te encuentro, te rompo la cara, marica”, expresiones propias del ambiente prostibulario, como para que lo recreara Borges o Julio Jaramillo. Si se tuviera el talento para contar estas cosas…Claro que no lo creerían. En qué abismo hemos caído.

Lo increíble es que este sujeto que hubiera podido matar a Piedad, seguramente es un ciudadano ejemplar, un buen burgués, de esos que engorda el comercio bilateral. Es lo preocupante, el fascismo de masas en ascenso. Habría que volver a ver “El fascismo ordinario” de Bertolucci. Esta masa amorfa, domesticada por la televisión, envenenada y violenta, con un líder que no tenían desde Laureno Gómez, se sumaría sin que se lo pidieran a las tropas invasoras.

Colombia es cosa seria, aquí liquidaron físicamente a un partido político con el que pretendía reinsertarse a la vida civil las Farc hace más de 20 años. Asesinaron acerca de cinco mil dirigentes políticos de la Unión Patriótica, sin que pasara nada. Las experiencias sangrientas de otros países aquí no pasan de ser juego de niños. Y sin embargo, ese país nacional, como decía Gaitán, nunca ha recibido la solidaridad internacional. Nunca se oye la protesta por las tres mil fosas con gente desmembrada por la macabra razón pragmática de ganar espacio; nunca se dice nada por los cuatro millones de desplazados, hoy en la indigencia; no se sabe nada de los miles de desaparecidos, ante los cuales los de la Argentina de Videla o los del Chile de Pinochet son una minoría. Es al revés: en la reciente gira de Uribe por Europa, el buen Javier Solana, ministro de Exteriores de la Unión Europea, dijo: “Todas las ideas que ponga Uribe sobre la mesa serán apoyadas”. El rey Juan Carlos de Borbón, casi lo besa en la boca; en una foto se aprecia cierto gesto de pudor en Uribe ante un seductor acercamiento del monarca. Y lo inverosímil: Zapatero y Felipe González se comprometieron a defender la soberanía de las fronteras colombianas. En la eventualidad de una invasión ya sabemos que la madre patria será la primera en sumarse a los “ejércitos aliados”.

Sólo faltaría la ambientación internacional, pero ya está en marcha. Facebook, de propiedad de los ‘neocons’, según The Guardian de Londres, es la encargada de organizar a más de 140 países en una marcha mundial contra las Farc el 4 de febrero. Facebook y todos los medios orquestados en una febril actividad están convocando a cuanto incauto encuentren a la “altruista” misión de repudiar el terrorismo manejado por Chávez, ese nueva especie de Ben Laden. El mismo libreto, las mismas mentiras, las mismas criminales intenciones.

Hoy, Colombia es un país ocupado militar y políticamente por el imperio. No en vano dijo el presidente Chávez: Uribe “ha convertido a esa hermana república en un portaaviones contra la Revolución Bolivariana”. Alertó Chávez: “No se le vaya a ocurrir al gobierno de Colombia una provocación contra Venezuela. Hay que decirle a Uribe que amarre a sus locos porque siendo como es un peón de E.U., él es el responsable de lo que pase”. (TeleSur, 26-01-0 8)

Es de esperar que todo lo aquí dicho no pase del terreno de la conjetura, de la especulación. De no ser así, los ‘neocons’, los cultores de la guerra y de la muerte y sus áulicos metamorfosearán la región, -lo que fue el sueño de Bolívar: La Gran Colombia- en una especie de collage hecho de trozos del Viet Nam y del Irak ocupados.

“El periodismo colombiano atiza odios y remueve pasiones”

Reflexión sobre si las agresiones a Piedad Córdoba son por su comportamiento individual o alimentandas por la prensa

Juan Diego Restrepo E.
Agencia de Prensa IPC

Los colombianos asistimos por estos días al resurgimiento de un fenómeno mediático que se repite cíclicamente, cuando aparece en el horizonte nacional la figura de un `enemigo’ al que se le atribuyen todos los males posibles. Hoy tenemos a la guerrilla de las Farc, al presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, y a la senadora del Partido Liberal Piedad Córdoba, como los culpables del desequilibrio político y económico del país. En el pasado cercano tuvimos al Polo Democrático Alternativo, más atrás a la Unión Patriótica, antes a la clase obrera y estudiantil, en un pasado remoto a los liberales `comunistas’ y en el inicio de esta espiral de violencia al sacrificado líder popular Jorge Eliécer Gaitán.

Los efectos propagandísticos de los medios de información colombianos contra todo aquello que se deslinda del pensamiento hegemónico del cual son sus representantes, tiene hoy un grave capítulo: las agresiones verbales contra la senadora Córdoba proferidas el pasado miércoles cuando viajaba vía aérea a Caracas. Las consecuencias de la polarización ideológica que se viene dando en el país son predecibles, de ello se tiene un ejemplo concreto: los medios de comunicación crearon las condiciones sociales que acabaron en la aceptación justificatoria del genocidio de aquellos que integraron la Unión Patriótica, al reiterar, tal como lo propone la propaganda política, sus vínculos con la guerrilla de las Farc.

Los poderosos dueños de la prensa colombiana le temen tanto a los fantasmas que cuestionan sus proyectos ideológicos, generadores de grandes ganancias económicas, que no han dudado en convertir la noticia en una herramienta unificadora de la ideología dominante para su beneficio y lucro, para contrarrestar cualquier asomo de disidencia. De la mano del capital privado y público el periodismo viene perdiendo equilibrio, sin vergüenza alguna, lo que sin duda riñe con los postulados universales de este oficio, reseñados en el campo teórico, pero ausentes en las salas de redacción. Los propietarios de los medios y sus subalternos, directores y periodistas, ya no reflexionan sobre los contenidos noticiosos; no extreman los cuidados que debe tener el tratamiento de una noticia, y cada emisión se convierte en un peligroso producto propagandístico que atiza los odios y remueve las pasiones entre los colombianos.

En esta estrategia a favor de los grupos económicos y políticos en el poder, existen responsabilidades compartidas de los propietarios de los medios de información, sus directores y periodistas. Por ejemplo, en el caso de la senadora Córdoba, si lo que se dice de ella en segmentos políticos televisivos, o la agresividad con la que se le aborda en las entrevistas radiales, o la línea que revelan los artículos en portales informativos de Internet, o las constantes ironías, sarcasmos y burlas que tanto calan entre la opinión pública, son iniciativa de los periodistas o vienen ya con el sello del jefe de redacción, que las recibe del director del medio, quien a su vez recibe órdenes del dueño del medio, quien está ligado al poder político. Alguien debe tener claro de dónde viene el sesgo informativo y cuál es su oscuro propósito.

Esa labor soterrada de los medios de información en contra de quienes actúan y piensan diferente al gobierno y a los grupos de poder, cuyos efectos se observan en las agresiones verbales contra la senadora Córdoba, es peligrosa para las actuales circunstancias del país, sobre todo para aquella oposición civilista, no armada y crítica. Silenciar esa oposición será un premio que recogerán los medios de comunicación colombianos, empeñados en imponer sus códigos hegemónicos, tal como lo ha explicado el estudioso de los medios de comunicación Manuel Castells: “El poder consiste hoy en crear, difundir, imponer códigos de información. La realidad no cuenta; cuenta el impacto mediático. La lucha por el poder es por generar, difundir e imponer códigos”.

Los mecanismos de propaganda que viene empleando el periodismo colombiano son sutiles, pero efectivos: supresión de las múltiples representaciones sociales con el fin de homogeneizarlas, simplificación de los hechos noticiosos, uso de adjetivos denigrantes, generalizaciones indebidas, abolición de distinciones en el uso del lenguaje y la estereotipación del `enemigo’. Desde la perspectiva de los medios de información, la realidad hoy en el país es blanca y negra, izquierda y derecha, afuera o adentro, sin dejar lugar para los grises ni para los centros, espacios donde se vive la democracia real.

Bien lo señala el catedrático español Juan José García-Noblejas: “hay temas, asuntos y personajes públicos que en unos medios entran por la puerta grande en primera página y en otros entran o bien por la puerta falsa de un `suelto testimonial’ , o sólo encuentran arrimo de la mano de la ironía o del sarcasmo del caricaturista de la página editorial, o el peculiar sesgo censor (que tanto consiste en quitar como poner) del encargado de una sección determinada” .

En Colombia, los medios de información parece que se declararon en rebeldía contra la realidad y decidieron construir mediáticamente un país homogéneo, donde todos somos hermanos de la misma causa, tenemos las mismas preguntas y buscamos las mismas soluciones. No hay razones para salirse del lindero. Aquel medio que lo haga, perdería lo que es hoy su don más preciado: la pauta publicitaria, tanto pública como privada, un mecanismo de financiación que somete las ideas de los periodistas. No sobra advertir que un periódico, una emisora radial o canal de televisión, son una empresa que antes que a las audiencias, se debe a sus dueños.

Asistimos pues en Colombia a la tiranía de la información: todos nos ofrecen diariamente el mismo `menú’, como si el proceso de producción de la noticia se hiciera bajo la dirección de un sólo jefe de redacción al mando de un mismo equipo de editores. Es difícil ver en la actualidad productos informativos que intenten mínimamente ofrecer visiones alternativas sobre la realidad nacional, que ofrezcan una visión de los hechos desde puntos de vista novedosos y enriquecedores que aporten elementos para el debate que reclama una democracia verdadera.

Hoy, todos los medios informativos nacionales cercanos al poder, observan los hechos desde el mismo lado y con los mismos ojos, parados sobre los hombros de las grandes empresas que los financian y del poder político que respaldan. Por ello, la crítica al poder que tradicionalmente el ciudadano ha dejado en manos del periodismo no depende de aquellos principios editoriales inamovibles respaldados en una ética incuestionable, sino de la relación que se ha establecido con los poderes políticos y financieros.

Lo ocurrido con la senadora Piedad Córdoba, y lo que pueda sucederle en el futuro a ella y a quienes se deslindan de las ideas políticas hegemónicas, es fruto de ese mecanismo de orquestación propio de la propaganda política, cuya acción se centra en la repetición de una idea, de insistir, con obstinación, en un tema, presentándolo bajo diversos aspectos, de forma variada, por todos los órganos de propaganda y en formas adaptadas a los diversos públicos que deben ser tan múltiples como posibles, para lograr un efecto. Hoy, el efecto, es la agresión verbal, mañana podrá ser la agresión física, luego sobrevendrá el atentado, y finalmente, la eliminación física.

En las actuales circunstancias, el periodismo colombiano está exponiendo uno de sus valores fundamentales: la verdad. Y se advierte en los espacios informativos lo que ha escrito el intelectual italiano Giovanni Sartori: “vivimos ahora en un mundo repleto de persuasores ideológicos para quienes la `causa’ tiene prioridad sobre la verdad”.

Pero esa espiral de defensa de la `causa’ desde el periodismo es necesario detenerla. Dueños de medios, directores, jefes de redacción y periodistas, están obligados a hacer una pausa en su labor diaria para reflexionar sobre aquello que vienen haciendo en temas tan sensibles para el país. Su ceguera hoy no nos puede llevar, de nuevo, al abismo del genocidio. Si ocurre nuevamente, no podrán atribuirle los hechos a `fuerzas oscuras’.

Carta al presidente de Colombia

No solo hay secuestrados por las guerrillas, hay miles de desaparecidos, asesinados y desplazados por agentes estatales y grupos paramilitares 

Ivan Cepeda

El Espectador

Señor Presidente, en menos de dos semanas los grupos paramilitares —ahora mimetizados en la vaga definición de bandas emergentes— han asesinado a 12 personas, han desaparecido a nueve y han desplazado a otras 120. El 31 de diciembre de 2007, en el corregimiento de El Palmar, Nariño, asesinaron a cuatro adultos y un menor. El ex gobernador de ese departamento, Eduardo Zúñiga, atribuyó la masacre a paramilitares. Ese mismo día en Medellín, fue desaparecido el abogado Víctor Hugo Gallego, de la Corporación para la Paz y el Desarrollo Social, Corpades.

El abogado Gallego había formulado insistentes denuncias sobre la actuación paramilitar en Medellín. El 11 de enero de 2008, mientras se realizaba una fiesta familiar en el barrio ‘Once de noviembre’ de Santa Marta, varios hombres armados llegaron disparando, asesinaron a cinco personas e hirieron a tres más. Las víctimas eran líderes comunitarios. El 14 de enero, la Defensoría del Pueblo informó que un grupo paramilitar incursionó en Santa Mónica, Chocó, asesinó a dos personas, se llevó a otras ocho y desplazó a cerca de 120 habitantes de la población.

A estos graves hechos cabe agregar que recientemente en Bucaramanga han aparecido en lugares públicos mensajes amenazantes del grupo ‘Águilas Negras’. El alcalde de la ciudad desestimó las amenazas diciendo que estos grupos no tienen presencia allí. No obstante, en un informe de 2007, la Defensoría del Pueblo advertía que en el departamento de Santander se registra la existencia de tales agrupaciones. Esto significa que en cuatro departamentos del país y en menos de 15 días, los paramilitares han cometido dos masacres, varias desapariciones forzadas, y han provocado el desplazamiento forzado masivo luego de una incursión armada.

Pareciera que esas víctimas son inexistentes. De ellas no llegarán pruebas de supervivencia. Sus restos irán a parar a las fosas comunes o a los ríos. Ni los gremios empresariales ni la Iglesia ni los alcaldes ni los gobernadores ni los grandes medios de comunicación convocan a marchas de rechazo ciudadano ante esos crímenes. Tampoco reclaman que devuelvan con vida a los desaparecidos.

¿Qué se puede esperar de esos funcionarios e instituciones cuando la actitud del Gobierno Nacional está marcada por el silencio y la negación? En vez de condenar esas atrocidades, Usted, señor Presidente, se empeña en intentar convencer al país y al mundo de que los grupos paramilitares ya no existen en Colombia; una afirmación que desmienten irrefutablemente los hechos. ¿Cuándo se pronunciará Usted sobre los crímenes contra la humanidad que siguen cometiendo los grupos paramilitares? ¿Cuándo hará una alocución solemne para condenar las desapariciones forzadas masivas que han llevado a miles de compatriotas a fosas comunes y cementerios clandestinos? ¿Cuándo el Gobierno Nacional se pronunciará oficialmente contra el desplazamiento forzado practicado por los paramilitares que han arrebatado la tierra a millones de compatriotas?

Es cierto que el secuestro es una práctica criminal que la sociedad colombiana no debe tolerar bajo ningún concepto. Pero en Colombia no sólo existen cientos de secuestrados por las guerrillas. Hay miles de desaparecidos, asesinados y desplazados por agentes estatales y por los grupos paramilitares que, como Usted recordará, fueron auspiciados hace más de una década a través de las empresas de seguridad Convivir. Esa realidad no se desvanecerá con la tozuda insistencia del Gobierno en una concepción unidimensional del terrorismo.

Ivan Cepeda es abogado especialista en derechos humanos, director de la Fundación “Manuel Cepeda Vargas” y miembro del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes del Estado.Jjunto con otros defensores/as de los derechos humanos, ha colaborado en la documentación de aproximadamente 40.000 casos de serias violaciones a los derechos humanos, cometidas en Colombia desde 1996.

fm_cepeda@yahoo.fr

Sarkozy reconoce logros en gestión humanitaria de Chávez

París, 27 de diciembre, PL, para RIA Novosti. El presidente francés, Nicolás Sarkozy, reconoció los logros alcanzados hasta hoy por su homólogo venezolano, Hugo Chávez, en su gestión humanitaria, la cual prevé sus primeros frutos con la liberación de tres prisioneros en poder de la insurgencia

En un comunicado dado a conocer la víspera por el Elíseo, el jefe de Estado agradeció los esfuerzos de Chávez y manifestó además su agrado por la actitud responsable asumida por el gobernante colombiano, Alvaro Uribe.

Chávez recibió ayer el consentimiento de Uribe para llevar a cabo un plan previo acuerdo con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) donde quedarán libres Clara Rojas, su hijo Emmanuel de tres años de edad y la ex congresista Consuelo González.

En la operación participarán delegados del gobierno de Venezuela y representantes de Cuba, Argentina, Francia, Ecuador, Bolivia y Brasil.

La nación gala estará representada por su embajador en Caracas, Hadelin de La Tour-du-Pin, según el texto del Elíseo.

Asimismo, Sarkozy expresó que Francia dará todo su apoyo en la solución de la misión y reiteró al jefe de las FARC, Manuel Marulanda, su solicitud de liberación al resto de los rehenes, en especial la franco-colombiana Ingrid Betancourt.

Las gestiones del presidente venezolano respecto al intercambio humanitario de prisioneros, en las cuales participaba también la senadora colombiana Piedad Córdoba, fueron canceladas por Uribe el pasado 21 de noviembre.

La semana pasada, las FARC enviaron un comunicado a Chávez donde expresaban su disposición a liberar a tres retenidos en un gesto de desagravio a él, a los familiares de los prisioneros y a Córdoba.

Sarzozy y Chávez, Personaje y Enemigo del Año respectivamente, para el diario El Mundo

Pascual Serrano
El diario español El Mundo anunció el 24 de diciembre su elección del presidente francés, Nicolas Sarkozy, como “Personaje del Año” y del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, como “Enemigo del Año”. Personalmente agradezco esa sinceridad para expresar sus predisposiciones hacia ambos presidentes, de esta forma, quienes no se hubieran percatado, ya podrán descubrir la neutralidad y la imparcialidad con la que este periódico abordará las informaciones referentes a ambos presidentes y ambos países.

En la información donde anuncian su decisión –y amenazan con varios reportajes- destacan la “hiperactividad política” de Sarkozy y haber “monopolizado la agenda política internacional” , precisamente lo que siempre criticaron en Chávez. Pero además aplauden que “ha afrontado sin complejos algunos de los asuntos más polémicos de la realidad de su país, como el de la inmigración y la reforma de la seguridad social” . Sin complejos quiere decir que llamó “escoria” a los hijos de inmigrantes que vivían en los barrios populosos de París y que estableció controles de ADN para perseguir los sin papeles, o que ampliaba el tiempo de cotización para poder acceder a la Seguridad Social, lo que provocó una huelga general en Francia. Olvidó El Mundo otros “méritos” de Sarkozy como reprimir policialmente y lanzar al Sena en pleno invierno a quienes se manifestaban pacíficamente por una vivienda digna para los indigentes. Mientras, el “enemigo” Chávez recibe solidariamente a miles de colombianos que huyen de la guerra de Colombia o de la pobreza de Ecuador, pone en marcha la Misión Negra Hipólita que consiste en recoger de la calle y alimentar a los indigentes e intenta una reforma constitucional que garantizaba Seguridad Social para todos los venezolanos. Dice El Mundo que Chávez  “se aferra al sillón presidencial a pesar del revés sufrido en el referéndum constitucional que planteó él mismo”. ¿Y por qué debe dejar de ser el presidente si lo que puso a referéndum fue una reforma de la Constitución, no su cargo? Son presidentes así los que necesitan los países, mandatarios que preguntan a los ciudadanos, no los que no preguntan. ¿Dimitió alguien en Francia o en Europa cuando se perdió el referéndum sobre la Constitución Europea? ¿Es más democrático no hacer ningún referéndum en ningún país de Europa sobre el Tratado de Lisboa?

En política internacional, ambos presidentes tienen algo en común, su disposición a mediar para lograr un acuerdo humanitario entre gobierno colombiano y guerrilla. Paradójicamente ello fue objeto de crítica hacia Chávez y de aplauso para Sarkozy. Pero veamos otras labores internacionales del presidente francés que El Mundo considera tan meritorias y comparémoslas con las del “enemigo” Chávez. Mientras el venezolano peligro de la humanidad opera de la vista a decenas de miles de niños pobres de países vecinos como Bolivia y Ecuador mediante la denominada Misión Milagro, Sarkozy dedicas sus esfuerzos a liberar a los franceses que secuestraban a niños en el Chad. Sin olvidar el agasajo y venta de armamento a Gadafi por valor de diez mil millones de euros.

Y si de legitimidad democrática se trata recordemos que Sarkozy ganó la primera vuelta de las elecciones presidenciales con 31’01 por ciento de los votos, mientras que Chávez lo hizo doblando ese porcentaje de apoyo, el62’84 por ciento de los votos. El Mundo aclara que la designación de Enemigo del Año a Chávez es por encarnar un populismo que ha tenido un efecto contagio en el continente americano”. Al populismo de Sarkozy, El Mundo le llama “carisma” y al ejemplo de Chávez admirado por los latinoamericanos le llaman “contagio”, afortunadamente el carisma del francés no nos contagia, quizás por eso hay que ayudar declarándolo Personaje del Año.

En cualquier caso, los principios que inspiran a El Mundo en su elección son coherentes. Han designado a la localidad vasca de Lizarza como Ciudad del Año en “reconocimiento a la valentía de su alcaldesa. Regina Otaola” que se enfrenta a ETA, dicen, “sólo un arma: la democracia” . Para quienes no conozcan la historia basta con informarles que la alcaldesa ejemplo de democracia llegó al poder con el apoyo de 27 votos en un pueblo con un censo electoral de 504 personas [1] 

www.pascualserrano.net

Estado policial EE.UU., una mirada retrospectiva y hacia el futuro

Stephen Lendman
Global Research
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
El fin de año es una buena época para mirar hacia atrás y pensar en lo que nos espera. Si el pasado es un prólogo, sin embargo, la perspectiva no es buena, y nada en el horizonte sugiere algo diferente. Los votantes quisieron un cambio en noviembre pasado, pero fueron traicionados por la clase criminal bipartidaria en Washington. Su actitud se refleja en un sondeo de opinión de Reuters/Zogby (RZ) de octubre que da a George Bush un 24% de aprobación, peor que el peor resultado de Richard Nixon de 25% en su punto más bajo durante Watergate en 1974. Y si eso parece malo, consideremos al Congreso con la información de “The Hill” del mismo índice de RZ en el que nuestros legisladores obtuvieron un “asombroso 11%, la valuación (parlamentaria) más baja de la historia,” pero todavía queda sitio para llegar al fondo y queda un año para que eso suceda. ¿Por qué no va a ser así con la permanente traición a los votantes por parte de los legisladores y su historial de fracasos cada vez peor?

Ha sido siempre así desde el 11-S con la complicidad con el gobierno de ambos lados del pasillo de la sala. Este artículo es una retrospectiva de los antecedentes, y el fin de año es una buena época para hacerlo. Es difícil imaginar otro año tan malo, en el que un presidente violó la ley y una vez dijo a colegas republicanos que la Constitución “no es otra cosa que un maldito trozo de papel.”

No sólo lo dijo. Gobierna basándose en esa idea, se sale con la suya, y el ex analista del Departamento de Defensa, Daniel Ellsberg, famoso por los papeles del Pentágono, dice: “ha ocurrido un golpe resultante del 11-S… (y vendrá otro cuando ocurra el próximo) que complete el primero (que es) visto como un permanente ataque contra todo (aspecto) fundamental de nuestra Constitución (para crear) un gobierno ejecutivo que gobierna por decreto” lo que no difiere de un Estado policial.

La autora Naomi Wolf lo explica en detalle en su artículo de abril de 2007 en el Guardian; “”Fascist America, In 10 Easy Steps” [EE.UU. fascista en 10 pasos fáciles]. Argumenta que el gobierno de Bush sigue el mismo guión que “debe adoptar cualquier dictador potencial para destruir las libertades constituciones,” y enumera los pasos. Van desde “invocar un enemigo interno y externo aterrador,” hasta “crear un gulag,” hasta espiar a cualquiera, hasta acosar a la oposición, hasta controlar los medios, hasta llamar traición al disenso, hasta “suspender el imperio de la ley.” También señala que es más “simple” clausurar la democracia que “crear y sustentarla,” y que ésa es la amenaza actual.

No es mediante botas militares en las calles sino a través de un “proceso de erosión” constante y un público en su mayor parte desprevenido y distraído por los manipuladores de la mente de los medios. Está sucediendo ahora mismo, y Wolf hace sonar la alarma con las palabras de James Madison: “La acumulación de todos los poderes, legislativo, ejecutivo y judicial, en las mismas manos… es la definición de la tiranía,” y ésa es la condición actual en EE.UU. Este artículo considera el historial de los últimos siete años. No es nada bonito.

Hasta el Arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, (a diferencia de cualquier Papa en la historia) lo condenó en una amplia entrevista con una revista musulmana británica. Fue citado en una columna del Sunday Times del 25 de noviembre, intitulada “EE.UU. es el ‘peor’ imperialista” y esgrime su poder de un modo más reprensible que lo haya hecho alguna vez Gran Bretaña en su apogeo. Explicó que el aventurerismo estadounidense en ultramar llevó al “peor de todos los mundos” y expresó pesimismo por el actual estado de la civilización occidental y el propio sentido equivocado de misión de Washington.

Criticó la “guerra contra el terror” y declaró que EE.UU. perdió la autoridad moral después del 11-S y necesita lanzar un “generoso e inteligente programa de ayuda a las naciones que desoló… dejar de explotar económicamente los territorios derrotados” y desmilitarizarlos. Calificó a Occidente de fundamentalmente a la deriva y que nuestra “definición de humanidad (no) funciona.” Denunció la violencia de EE.UU. y su creencia en que puede solucionar los problemas dejando a “otros (la tarea de hacer la limpieza y) volver a reconstituir – Iraq, por ejemplo.) Otra cosa es la situación en casa.

Desde que llegó al poder en enero de 2001, George Bush firmó un diluvio de Ordenes Ejecutivas y agregó docenas de “”signing statements” [Interpretaciones de la ley] a cientos de cláusulas legales a pesar de que nada en la Constitución autoriza esta práctica, y de que la Corte Suprema prohibió los vetos por partidas separadas. Sigue haciéndolo mientras el Congreso y los tribunales condonan su reivindicación de autoridad inconstitucional de “ejecutivo unitario” para ignorar la ley y hacer lo que quiere un nombre de la “seguridad nacional”, basándose sólo en su propia palabra.

Comenzó el 11-S cuando George Bush se dirigió a la nación y declaró una “guerra contra el terrorismo,” solicitó el apoyo del mundo para ganarla, y comenzó lo que se convirtió en “los planes de reacción de emergencia de nuestro gobierno (la estrategia de la guerra preventiva).” El truco era ignorar la ley, ir a la guerra, destruir nuestras libertades civiles para mantenernos a salvo de “estados canallas, ‘tipos malos,’ y malvados” en todo un ‘arco de inestabilidad’ de la región andina sudamericana (especialmente Colombia) al Norte de África, pasando por Oriente Próximo hasta las Filipinas, Indonesia y otros sitios en Asia. El Congreso también actuó típicamente con dos audaces resoluciones que entregaban su autoridad al ejecutivo, le permitían proceder, y anunciaban lo que iba a venir.

La primera fue el 18 de septiembre de 2001, en una “Autorización [conjunta] de la Cámara y el Senado para Utilizar la Fuerza Militar (AUMF)” que autorizó “el uso de las Fuerzas Armadas de EE.UU. contra los responsables por los recientes ataques lanzados contra EE.UU.” Una segunda vino en octubre de 2003 en la “Resolución Conjunta para Autorizar el Uso de las Fuerzas Armadas de EE.UU. contra Iraq,” y el resto es historia. Este artículo considera otra legislación clave del Congreso hasta la actualidad junto con el abuso flagrante del poder presidencial por George Bush.

Su primera acción tuvo lugar el 13 de noviembre de 2001, cuando expidió la Orden Militar Número 1 que un analista calificó de “golpe de Estado,” y “momento crucial en el país,” un indicio de lo que vendría. Esta orden violó el espíritu y la letra de una sociedad civil bajo el derecho constitucional con un cortafuego que la separa de los militares. Ya no, y se puso peor cuando sus provisiones volvieron a aparecer por ley del Congreso. Lo discutimos a continuación. Primero, la Orden Militar Número 1, y lo que contiene:

– permite que el presidente usurpe autoridad para capturar, secuestrar o arrestar de otra manera a todo no-ciudadano (y posteriormente también a ciudadanos) en cualquier parte del mundo si afirma que están involucrados en el terrorismo internacional y detenerlos indefinidamente sin acusación, evidencia y sin permitirles un debido proceso ante un tribunal legal.

– sin embargo, SI se permiten los juicios, serán por “comisiones militares” especiales, no tribunales civiles, y en secreto, permitiendo evidencia obtenida por la tortura, sin que los declarados culpables tengan derecho de apelación, y pueden ser ejecutados en secreto.

– ningún tribunal civil tiene autoridad en estos casos incluso si las víctimas son identificadas y un abogado legal desea representarlas.

Pocos sabían en aquel entonces que los ciudadanos de EE.UU. perdieron sus libertades civiles desde el 13 de noviembre de 2001, pero eso salió a la luz posteriormente. La situación continúa con la complicidad del Congreso y de los tribunales en la destrucción intencional de nuestra democracia que ya estaba moribunda. Hoy, expiró.

Uso de las Directivas Presidenciales de Seguridad Nacional (NSPDs) y de las Directivas Presidenciales de Seguridad Interior (HSPDs)

En el gobierno de Bush, las NSPDs reemplazaron las Directivas de Decisión Presidencial que bajo Bill Clinton, y con otras de diferentes nombres desde el gobierno de Kennedy iniciaron la práctica. Otras anteriores siguen manteniendo su validez cuando no han sido sustituidas.

Tienen mucho en común con las Ordenes Ejecutiva (EOs) con “la plena fuerza y efecto de la ley,” relacionadas con la seguridad nacional, y por ese motivo siguen siendo confidenciales a menos o hasta que sean publicadas. En siete años, George Bush emitió docenas de NSPDs, demasiadas como para detallarlas, así como más de 20 HSPDs. A continuación discutimos varias que son fundamentales.

La NSPD 9 del 25 de octubre de 2001 merece atención especial y fue intitulada “Derrotando la amenaza terrorista contra EE.UU.” El 23 de marzo de 2004, Donald Rumsfeld dio su explicación de su contenido clasificado a la Comisión del 11-S:

– “Eliminar la red de al Qaeda;

– Utilizar todos los elementos del poder nacional para hacerlo – diplomáticos, militares, económicos, inteligencia, información y mantenimiento del orden;

– Eliminar santuarios para al Qaeda y redes terroristas relacionadas – y si fallan los esfuerzos diplomáticos para hacerlo, considerar medidas adicionales.”

El 1 de abril de 2004, la Casa Blanca publicó la siguiente declaración sobre la directiva:

La NSPD solicitó al Secretario de Defensa que planificara opciones militares “contra objetivos de los talibán en Afganistán, incluyendo su dirigencia, control de mandos, defensas aéreas y antiaéreas, fuerzas terrestres, y logística (junto con esfuerzos similares) contra al Qaeda y instalaciones terroristas asociadas en Afganistán.”

Ahí está el problema. El gobierno adoptó esas medidas el 4 de septiembre de 2001, siete días antes del 11-S. George Bush las convirtió en una ley vinculante en la NSPD-9 el 25 de octubre de 2001 para ocultar cuándo fueron originadas.

Otras importantes NSPDs tienen que ver con:

– el combate contra armas de destrucción masiva (ADM)

– el desarrollo y despliegue de una defensa de misiles antibalísticas, que es para la ofensiva, no para la defensa;

– la biodefensa;

– el despliegue de armas nucleares y detección nuclear interior;

– la guerra de Iraq;

– una política espacial nacional como parte del objetivo para la “dominación a pleno espectro” sobre toda la tierra, el mar en la superficie y bajo ella, el aire, el espacio, el espectro electromagnético y los sistemas de información para disuadir toda amenaza interior o exterior o desafío a nuestra hegemonía global; y:

Hay otras NSPD-HSDO combinadas crucialmente importantes:

NSPD-51/HSPD-20 del 4 de abril de 2007 – Directiva Presidencial de Seguridad Nacional y de Seguridad Interior

Se trata de una directiva combinada de la Casa Blanca y del Departamento de Seguridad Interior (DHS) para establecer procedimientos de “Continuidad del Gobierno (COG)” bajo una “Emergencia Catastrófica” definida como sigue:

“todo incidente (como ser ataque terrorista), no importa cuál sea su lugar, que resulte en niveles extraordinarios de víctimas masivas, daños, o trastornos que afecten severamente a la población, la infraestructura, el medio ambiente, la economía o las funciones gubernamentales de EE.UU.”

COG es luego definida como:

“Un esfuerzo coordinado dentro de la rama ejecutiva del Gobierno Federal para asegurar que las Funciones Esenciales Nacionales sigan siendo realizadas durante una Emergencia Catastrófica.”

Es crucial comprender que esta directiva combinada da al presidente y al Departamento de Seguridad Interior poderes sin precedentes, libres de limitaciones constitucionales. Bajo NSPD-51, el presidente puede declarar una “emergencia nacional” y declarar la ley marcial sin aprobación del Congreso. Le permite crear un Estado policial militarizado de facto con él como dictador y el DHS como la Gestapo nacional en un grado aún mayor que en la actualidad. También da poderes al vicepresidente para implementar las provisiones de la directiva como parte del plan de “Continuidad del Gobierno” que en el caso de Dick Cheney le da aún más poder que a George Bush considerando como opera este gobierno. Esta directiva combinada es por sí sola la cara del “Estado policial EE.UU.” en tiempo real si es implementada, y no es probable que haya sido promulgada como simple decoración.

Otras HSPDs tienen que ver con:

– el combate contra el “terrorismo inmigrante;”

– un plan de reacción nacional ante incidentes interiores;

– identificación, priorización y protección de la infraestructura crítica;

– estado de preparación nacional;

– procedimientos exhaustivos de filtración relacionada con terroristas;

– detección nuclear interior; y otros.

Legislación del Congreso después del 11-S

Después del 11-S, el Congreso actuó hombro con hombro con el presidente y sigue aprobando leyes que serían adoradas por cualquier déspota. Escrita, guardada, y lista para su uso antes del 11-S, la Ley Patriota EE.UU. fue aprobada y firmada por el presidente 45 días después, el 26 de octubre de 2001. El progreso legislativo sacó provecho de un período de histeria para otorgar poderes incontrolados al ejecutivo pero creó, al hacerlo, tres graves amenazas para las libertades civiles:

– la erosión de la Quinta y Catorce Enmiendas de debido proceso al permitir detenciones indefinidas de inmigrantes indocumentados que ahora se pueden aplicar a cualquiera en cualquier sitio del mundo; más a continuación;

– la pérdida de la libertad de asociación de la Primera Enmienda que la Corte Suprema considera una parte esencial de la libertad de expresión; ahora cualquiera puede ser acusado y procesado por su supuesta asociación con un “grupo indeseable;” y

– la pérdida del derecho según la Cuarta Enmienda de ser libre de pesquisas y confiscaciones desatinadas, y como consecuencia, la pérdida de la privacidad; la Ley otorga al gobierno poderes incontrolados de vigilancia para acceder a registros personales; controlar transacciones financieras; antecedentes estudiantiles; la realización de allanamientos “sneak and peak” [investigaciones a hurtadillas sin notificación a la persona afectada, en la que se pueden colocar micrófonos espías, etc.] mediante mandatos “de aviso suspendido;” autorizar escuchas ambulantes; rastrear correos electrónicos, el uso de Internet y de teléfonos móviles; utilizar evidencia secreta en procesamientos; negar a inmigrantes el derecho a un abogado si no pueden tener uno propio; y termina con la inclusión de salvaguardas para permitir que operaciones criminales interiores y operaciones de inteligencia en el extranjero compartan informaciones, así que la CIA ahora puede espiar en el interior.

La Ley también crea el crimen federal del “terrorismo interior” que amplía la definición y se aplica a ciudadanos de EE.UU. así como a extranjeros. Declara que las violaciones penales de la ley son consideradas actos de terrorismo interior si apuntan a “influencias (la política gubernamental) mediante la intimidación o la coerción (o) intimidan o coercen a una población civil.” Mediante esta definición, manifestaciones contra la guerra o por la justicia global, el activismo ecologista, la desobediencia civil y el disenso de todo tipo pueden ser llamados “terrorismo interior.” La Ley Patriota sólo fue el comienzo. Vendría mucho más después con un Congreso bipartidario que hace permanentes regalos y es adorado por el presidente.

Después siguió la Ley de Seguridad Interior (HSA) del 25 de noviembre de 2002, una arrolladora ley antiterrorista, y que, como la Ley Patriota, fue planificada mucho antes del 11-S. Creó el Departamento de Seguridad Interior (DHS) combinando bajo esta nueva autoridad a agencias gubernamentales previamente separadas para prepararse para, prevenir y reaccionar ante emergencias interiores y dar al gobierno federales amplios poderes nuevos para proteger a la nación dentro y fuera de nuestras fronteras. En marzo de 2003, se estableció su mayor brazo de investigación y ejecución: el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE.UU. (U.S. Immigration and Customs Enforcement o ICE). Fue encargado de la protección de la seguridad pública mediante la identificación y la persecución de amenazas “criminales” y “terroristas” que en su mayoría son víctimas del NAFTA y del comercio globalizado que se encuentran en el país por necesidad, no por gusto, y que no son terroristas.

El DHS forma parte del plan del gobierno de centralizar en el poder ejecutivo un poder militar y de mantenimiento del orden sin precedentes que apunta a una mayor dominación global – para gobernar el mundo sin cuestionamiento, incluyendo la represión en el interior mediante la supresión de las libertades civiles en nombre de la “seguridad nacional.” El DHS y la Ley Patriota EE.UU. son dos medidas temibles para lograrlo.

El DHS es insidioso. Abusa de la autoridad local “autorizando la supervisión, el financiamiento y la coordinación de ‘primeros encargados locales de una reacción.’” Esto se refiere a personal de policía y “emergencia” incluyendo el mantenimiento del orden local. La Ley de Seguridad Interior (HSA) no autoriza el control local. En su lugar, provee coordinación y orientación como una primera medida, con más por venir. Por eso fue establecido en octubre de 2002 el Comando Norte de EE.UU. (USNORTHCOM), como una iniciativa sin precedentes para militarizar el continente más Alaska, Canadá, México, el Golfo de México y los estrechos de Florida y, por primera vez en la historia, permite que se desplieguen tropas en las calles de EE.UU. para combatir la droga, una “insurrección” vagamente definida, y crímenes con armas nucleares, químicas o biológicas. En otras palabras, ahora el presidente puede desplegar fuerzas militares en las calles de EE.UU. en función del interés de la “seguridad nacional.” Este poder no tiene precedentes y es peligroso.

Es otra cosa que afecta a todos. En su mayor parte no es visible ya que fue planeado para que fuera plenamente operativo a fines de septiembre de 2006. Es el Plan de Nuevo Ataque Ofensivo del Pentágono llamado Comando Funcional Conjunto Componente para Ataque e Integración Global – o simplemente Comando de Ataque Global. Se originó en la Revisión de la Postura Global de 2002 (NPR) que fue puesta al día de modo más beligerante a inicios de 2006. NPR es una declaración de guerra preventiva contra toda nación, grupo o fuerza en cualquier parte de la Tierra que el gobierno califique de ser una amenaza para la “seguridad nacional” y podría ser utilizada por NORTHCOM contra objetivos basados en EE.UU., junto con medidas de fuerza de la HSA si se declara la ley marcial.

La HSA va aún más lejos al crear una amplia agencia de inteligencia interior llamada Directorado de Análisis de la Información y Protección de la Infraestructura. Debe crear y mantener una base de datos intrusiva, que incluya todos los aspectos, públicos y privados sobre todo el mundo. Puede incluir virtualmente todo – transacciones y registros financieros, antecedentes médicos, correos electrónicos, llamadas telefónicas, compras, libros y publicaciones leídos, membresía en organizaciones, y todo otro hábito o característica personal.

La Ley Patriota EE.UU. y la HSA terminan con la distinción entre la recolección de información de inteligencia exterior e interior y, hasta ahora, el sacrosanto cortafuegos entre ellas. Ya no permite tampoco que se revele “información crítica de infraestructura” de una agencia federal mediante una solicitud según la Ley de Libertad de la Información como parte de una política oficial de secreto característica de Estados policiales. En ambas leyes hay mucho más que atemoriza, que es peligroso y desconocido por el público. En suma, terminan con las protecciones constitucionales cada vez que el ejecutivo suspenda la ley en nombre de la “seguridad nacional.” Así se oculta al público como funciona el “Estado policial EE.UU.”

La ley de tratamiento de detenidos de 2005

La tortura es política oficial de Estado del gobierno de Bush como su medio predilecto de intimidación, retribución y control social. La Enmienda McCain de Detenidos (contra la tortura) en octubre de 2005, fue un fútil esfuerzo por impedirlo. Fue aprobada y debilitada por la Enmienda Graham-Levin, se convirtió en la Ley de Tratamiento de Detenidos de 2005, y fue agregada a la Ley de Apropiaciones del Departamento de Defensa de 2006. George Bush firmó la legislación y luego pasó a vaciar de contenido sus provisiones respecto a los detenidos en una de sus tristemente notorias “interpretaciones de la ley.” Su lenguaje se otorgó el derecho (sin importarle la ley) de “proteger al pueblo estadounidense de más ataques terroristas” utilizando todos los poderes auto-otorgados como un “ejecutivo unitario” que se coloca por sobre la ley, el Congreso, los tribunales, el pueblo, y la opinión pública mundial.

La forma final de la legislación también fue más lejos. Negó a los detenidos los derechos de habeas, permitió que las fuerzas de EE.UU. utilicen un tratamiento cruel, abusivo, inhumano o degradante en función de los intereses de la “seguridad nacional,” prohibió que los detenidos presentaran demandas como resultado, y permitió que declaraciones obtenidas mediante la coerción sean utilizadas como evidencia contra ellos. También siguió políticas previas al 17 de septiembre de 2001, cuando George Bush firmó un “resultado” secreto autorizando a la CIA a matar, capturar y detener a miembros de al Qaeda en cualquier parte del mundo, entregarlos a prisiones de tortura en lugares negros para ser interrogados, y hacerlo por todos los medios. Desde entonces hasta ahora, la tortura y el abuso han sido procedimientos operativos normales para el gobierno de Bush con la complicidad del Congreso y de los tribunales.

Otra legislación represiva y más

Los Congresos 107, 108, 109 y 110 serán recordados igualmente por haber hecho más que todos los anteriores por adulterar el vigor de la ley y nuestras protecciones constitucionales. Conspiraron con un gobierno ilegal, arruinaron la república, y en el Congreso 109, el 17 de octubre de 2006 se destaca desvergonzadamente como un día que vivirá en la infamia.

La Ley de Comisiones Militares

En una ceremonia en la Casa Blanca, George Bush firmó la Ley de Comisiones Militares (MCA) conocida ahora como “la ley de autorización de la tortura,” pero va más lejos. Otorga al gobierno facultades inconstitucionales extraordinarias para detener, interrogar y procesar a presuntos sospechosos de terrorismo y a cualquiera del que se afirme que lo apoya. También permite que el presidente califique a cualquier persona en cualquier parte del mundo de “combatiente enemigo ilegal” y lo autoriza para arrestar y encarcelar a los acusados indefinidamente en prisiones militares sin requerir evidencia corroborante que pruebe su culpa. La ley estipula respecto a las personas detenidas que “ningún tribunal, juez, jurista, tendrá jurisdicción para oír o considerar alguna demanda o causa para acción que se sea… relacionada con la acusación, el proceso, o el juicio de una comisión militar… incluyendo cuestionamientos respecto a la legalidad de procedimientos de comisiones militares.”

MCA elimina aún más lejos la protección de habeas (que data de 1215 en la Magna Carta) para enemigos interiores y exteriores del Estado, ciudadanos y no-ciudadanos por igual, y dice que “Toda persona es punible… quien… ayude, apoye, asesore, mande, o procure” y al hacerlo ayude a un enemigo extranjero, suministre “apoyo material” a presuntos grupos terroristas, se involucre en espionaje, o cometa otras ofensas previamente tratadas en tribunales civiles.

Otros elementos clave en la ley incluyen:

– la legalización de la tortura contra cualquiera y permite que el presidente decida qué procedimientos serán utilizados, por su propia autoridad;

– niega a los detenidos la protección por el derecho internacional y permite que el ejecutivo lo interprete:

– autoriza al presidente a convocar “comisiones militares” para juzgar a cualquiera que designe como “combatiente enemigo ilegal,” y a mantenerlo indefinidamente en detención secreta;

– niega juicios acelerados o cualquier tipo de juicio;

– permite que evidencia obtenida mediante la tortura o testimonio coaccionado sea utilizada contra los detenidos en procedimientos judiciales;

– permite que se utilice evidencia basada en rumores o secreta; y

– niega el debido proceso, destruyendo la dignidad humana, burlándose del imperio de la ley, establece el principio de la justicia mediante tribunales irregulares y arbitrarios para cualquiera que constituya un objetivo del ejecutivo.

Modificando la Ley de Insurrección de 1807 y terminando con la Protección Posse Comitatus de 1878

El presidente también firmó en privado el 17 de octubre de 2006, la conversión en ley de una provisión oculta en las Secciones 1076 y 333 de la Ley John Warner de Autorización de Defensa Nacional para el Año Fiscal 2007. Modificó la Ley de Insurrección de 1807 y la Ley Posse Comitatus de 1878 que prohíbe el uso de tropas federales y de la Guardia Nacional para el mantenimiento del orden dentro del país, excepto como es permitido constitucionalmente o autorizado expresamente por el Congreso en tiempos de una emergencia nacional como ser una insurrección. El ejecutivo puede ahora afirmar que existe una emergencia nacional, declarar efectivamente la ley marcial, suspender la Constitución por motivos de “seguridad nacional,” y desplegar tropas federales y de la Guardia Nacional en las calles de la nación para reprimir cualquier cosa que llame desorden. Significa que manifestaciones públicas pacíficas garantizadas por la Primera Enmienda y todos los actos organizados de disenso ya no están protegidos constitucionalmente. Tampoco lo está la república en el “Estado policial EE.UU.”

La nueva ley también autoriza al Pentágono para transferir armas y tecnologías avanzadas de control de multitudes a encargados estatales y locales. Es militarizarlos y borrar la distinción entre las agencias federales y locales de mantenimiento del orden como táctica operacional de un Estado policial.

La Ley sobre el Documento de Identidad (Real ID Act) de 2005

El Congreso aprobó la Ley que amenaza la privacidad personal, que se planea que entre en vigor en mayo de 2008, y requerirá que los Estados cumplan con estándares federales de identificación si entra en efecto en la próxima primavera. Actualmente es puesta en duda ya que dos docenas o más Estados aprobaron leyes prohibiendo su uso y se negaron a financiarla.

La ley federal prescribe que cada ciudadano y residente legal de EE.UU. tenga una tarjeta nacional de identidad que en la mayoría de los casos será una licencia de conducir. Requiere que contenga una información personal individual y significa que esta identificación será requerida para abrir una cuenta bancaria, subir a un avión, votar, o realizar virtualmente cualquier otro tipo esencial de actividad.

En el futuro, la ley podría requerir asimismo que la tarjeta contenga un chip informático con tecnología de identificación de frecuencia de radio (RFID) capaz de rastrear todos los movimientos, actividades y transacciones de todo el mundo, en todos los sitios, en todo momento. En otras palabras, con la inclusión de esta tecnología, la tarjeta se convertirá en el sueño de un Estado policial al que se ha conferido poderes (y en una pesadilla orwelliana) para poder controlar todo el tiempo, dondequiera se encuentre, a todo el que la posea.

Sin embargo, la creciente oposición estatal a la ley pone en duda su estado legal. Es porque es costoso establecerla y administrarla, y además creará una pesadilla burocrática. Por lo tanto es probable que no sea adoptada en su forma actual, pero podría ser revisada y reintroducida, así que no hay que contar conque así sea, como algunos están dispuestos a hacer. Ahora mismo, se han presentado medidas en la Cámara y en el Senado para revocarla adoptando estándares nacionales de identificación en otra legislación y aumentar el financiamiento federal correspondiente. De modo que, mirando hacia adelante, el tema de que se otorgue mandato para medidas nacionales de identificación es algo muy actual. Parece que algo aparezca al respecto, como ser una futura ley federal, pero la cura puede ser peor que la enfermedad si los Estados la adoptan para ofrecer al “Estado policial EE.UU.” otro instrumento represivo.

Espionaje omnipresente de los estadounidenses

Bajo George Bush, el espionaje es un pasatiempo nacional, pero no es un chiste. El New York Times informó el 16 de diciembre de 2005 que su gobierno ha estado espiando en secreto a los estadounidenses, sin mandato para hacerlo, desde fines de 2001. Autorizó a la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) para que intercepte comunicaciones internacionales de ciudadanos de EE.UU. con vínculos conocidos con al Qaeda, organizaciones “terroristas” relacionadas, o por cualquier otro motivo a su discreción. La operación fue llamada “Programa de Vigilancia del Terrorismo.”

No le importó al gobierno que las escuchas sin causa probable o supervisión judicial violen las protecciones de la Cuarta Enmienda y la Ley de Vigilancia de la Inteligencia Extranjera de 1978 (FISA). En la actual atmósfera, el imperio de la ley ya voló por la ventana, el Congreso y los tribunales condonan esta situación, y ése es el problema.

Volvió a aparecer cuando el Congreso aprobó la Ley Protege EE.UU. de 2007 que modifica FISA con un lenguaje de doble moralidad que Orwell adoraría. Supuestamente apunta a cerrar “brechas de comunicación” pero permitirá un monitoreo virtualmente irrestricto de una masiva minería de datos y la intercepción de Internet interior y extranjero, t