Salud, pobreza y guerra en Colombia.

Allende La Paz
ANNCOL

El régimen narco-para-fascista oligárquico encabezado por Álvaro Uribe Vélez ha convertido la manipulación de las cifras la herramienta fundamental para tratar de mostrar que su administración es la mejor de los últimos tiempos.

A esta manipulación se prestan gustosamente los medios de alienación masiva, encabezados por la casa editorial El Tiempo, quienes reproducen las mentiras que los funcionarios gubernamentales propalan a los cuatro vientos para engañar al pueblo colombiano, a la comunidad internacional.

Quiero hoy mirar un poco el estado de la salud, la pobreza y su relación con la guerra interna que padece el pueblo colombiano por cuenta de los gobiernos de Estados Unidos y la oligarquía cipayo que acepta sus designios.

La salud ha sido una de las más golpeadas por las políticas neoliberales adelantadas por las diferentes administraciones oligárquicas. La salud fue convertida en ‘mercancía’ con la Ley 100 de 1993 durante la administración de César Gaviria Trujillo.

Las condiciones de salud de la población fueron deteriorándose en tanto las grandes empresas de la salud –las llamadas Empresas Prestadoras de Salud (EPS)- se llenaban los bolsillos. En anterior artículo llamado ‘La Salud: otra víctima oligárquica’ señalábamos:

“Es diciente que para finales del 2003 la deuda de la Nación a diecinueve hospitales públicos por la atención a los «vinculados», desplazados, subsidiados y de Fisalud, era de 663.570 millones de pesos. ( El Tiempo , 22 de enero de 2004). En abril, a sólo ocho de los principales hospitales de tercer nivel, el Estado les adeudaba 535 mil millones de pesos (Ámbito Salud, periódico Legis , abril 28 de 2004). En febrero, a la Red Hospitalaria del Valle se le adeudaban 74 mil millones de pesos y al Ramón González Valencia de Bucaramanga, 55 mil millones de pesos”.

El régimen narco-paramilitar ha continuado la asfixia presupuestal de los hospitales. El cierre de los grandes hospitales es lo que puede mostrar como ‘obra’ de gobierno el régimen narco-paramilitar. Ahí están los casos de La Hortúa, del Materno-Infantil, del Lorencita Villegas, del González Valencia de Bucaramanga, del Hospital Universitario de Caldas, del Barreneche de Santa Marta, etc.

De igual manera, el gobierno de Uribe Vélez ha desconocido la deuda que tiene con el Instituto de Seguro Social (ISS), la cual es de 63 billones (un billón en Colombia es un millón de millones) y además impidió que esta institución de Salud hiciera nuevas afiliaciones. Si a esto le sumamos los robos de las diferentes administraciones del ISS, entendemos por qué utilizan la caótica situación financiera del ISS como argumento para su privatización. En este desangre financiero han contribuído las bandas narco-paramilitares, como fue denunciado en el caso de Riohacha (Guajira) en donde el capo narco-paramilitar “Jorge 40” –muy cercano a Jorge Noguera Cotes y Uribe Vélez- exigía a las administraciones regionales y locales ‘contratos’ para financiar sus actividades criminales.

De otro lado, los indicadores de salud en Colombia siguen deteriorándose. La desnutrición infantil va ascendiendo y sobrepasa el 15%, así el ministro de Protección Social, Diego Palacio, diga que ha disminuído. Aumentan los casos de niños que mueren en lo que maquiavélicamente llaman ‘los paseos de la muerte’, que resume la desprotección que viven los colombianos que van de un hospital a otro porque carecen de algún régimen de protección a su salud -7 millones de personas-, y como si fuera poco los costos de salud han aumentado en 72% desde 1999. Además, cada día de 3 a 5 niños mueren de desnutrición y 13 millones de colombianos carecen de agua potable.La pobreza

Las cifras presentadas por entidades estatales sobre la pobreza en Colombia adolecen de credibilidad por muchas causas, entre otras por los permanentes cambios de metodología para ‘acomodar’ esas cifras a los intereses del gobierno narco-paramilitar de Uribe Vélez.

El Departamento Nacional de Planeación, DNP, cada vez que presenta un informa cambia las cifras. En enero del 2006 decía que, como lo reseñamos en el artículo ‘Pobreza y desplazamiento en Colombia’, la pobreza “descendió de 57,0% en 2002 a 49,2 en 2005, pasando por 50,7 en 2002 y 52,7 en 2004, es decir que entre 2002 y 2005 la pobreza disminuyó 7,2 puntos”.

Ahora, en su último informe dice el DNP –según publicación del propio DNP- que “en el período comprendido entre 2002 y 2006 la pobreza cayó 11 puntos porcentuales, al pasar del 56% al 45%, lo cual significa que el número de pobres bajó de 22,39 millones a 18,94 millones”.

La falta de seriedad de estas informaciones son más que patentes. En el 2005 habla de 57,0% de pobres en el 2002 y en el 2007 habla de 56% en el 2002, lo cual implica una rebaja de un punto porcentual por obra y gracia de los funcionarios del DNP entre un informe y otro.

Pero el DNP va más allá, dice que la pobreza rural bajó de un 70,1% a un 62,1%. Si la población rural es del 25% (10’310.737 personas) el descenso de la pobreza significaría que 824.859 campesinos e indígenas han dejado de ser pobres. Ahora bien, si durante los cuatro años de la administración de Uribe Vélez resultaron 1’025.155 campesinos e indígenas desplazados forzados internos, los cuales entran a engrosar los cinturones de miseria de las grandes ciudades, entonces no entendemos de dónde sacan esa cifra.

La situación en las ciudades es más que crítica. Basta visitar cualquier ciudad en Colombia para ver cómo pululan la cantidad de ‘vendedores’ apostados en semáforos, calles y avenidas, y en los buses, vendiendo cualquier cosa para poder llevar a la casa algo de comida. O, ¿será que los funcionarios de marras viven en ‘otro’ país?

En la base de la extrema situación que viven los colombianos está la guerra que padecemos por cuenta de la oligarquía (oligárquica-mafiosa) y el imperio estadounidense. Esa guerra la adelantan para continuar saqueando impunemente los recursos naturales de nuestra patria.

Por ello vemos a los diferentes gobiernos de los Estados Unidos diseñando planes de guerra contra el pueblo –que ellos mismos llaman contrainsurgentes- basados en las Doctrinas de Seguridad Nacional, Conflicto de Baja Intensidad y los llamados Documentos Santa Fé.

Estos planes han tomado diferentes nombres a lo largo de la historia de acuerdo con cada gobernante oligárquico cipayo. Plan LASO (Guillermo León Valencia), ‘Estatuto de Seguridad’ de Turbay Ayala, ‘Guerra Integral’ de César Gaviria Trujillo, Plan Colombia de Andrés Pastrana y Plan Colombia –versión Patriota y ahora Consolidación- de Álvaro Uribe Vélez.

En tales planes de guerra gastan miles de millones de dólares con impúdica perversidad. No importa el derramamiento de sangre inocente, no importa el dolor de los familiares de las víctimas, no importa la orfandad de niños, no importa nada, sólo importa que a las arcas de los bancos gringos lleguen los millones de dólares producidos por el robo del petróleo, del oro, del níquel, del carbón, del agua y de hasta nuestros genes.

Durante la administración del narco-paramilitar presidente colombiano, Álvaro Uribe Vélez, se han gastado 23,6 mil millones de dólares (los militares colombianos en sus informes los llaman billones de dólares), lo cual significó que en el 2006 gastaron 18,9 millones de dólares diarios en la guerra.

Un día sin guerra en Colombia hubiera significado que no se hubieran desaparecido 7 personas, que se hubiera evitado el asesinato selectivo de 11 personas, que se hubiera evitado el asesinato fuera de combate de 31 personas, que no se hubieran desplazado forzosamente 602 personas en el 2006, que no hubieran muerto en combate 6.981 colombianos en el 2002…

Un día sin guerra (18,9 millones de dólares, o sea, 41.610 millones de pesos) hubiera significado… ¿cuántas escuelas construídas? ¿Cuántos puestos de salud? ¿Cuántos acueductos rurales? ¿Cuántos alcantarillados? ¿A cuántos niños se les hubiera podido alimentar adecuadamente?

Con lo gastado en trece días en la guerra se hubiera podido pagar la deuda de todos los hospitales públicos de Colombia (535 mil millones de pesos).

Con lo gastado en 1,77 días en la guerra se hubiera podido pagar la deuda de los hospitales del Valle (74 mil millones de pesos).

Con lo gastado en 1,32 días en la guerra se hubiera podido pagar la deuda del hospital Ramón González Valencia de Bucaramanga (55 mil millones de pesos).

Con lo gastado en 6,27 días en la guerra se hubiera podido pagar la deuda del hospital San Juan de Dios y el Materno-Infantil de Bogotá (261 mil millones de pesos).

Con lo gastado en 1.514 días en la guerra se hubiera podido pagar la deuda del Instituto de Seguros Sociales –ISS-, la cual asciende a 63 billones de pesos.

Con lo gastado en un día en la guerra no se hubiera muerto ninguno de los niños víctimas de los ‘paseos de la muerte’. Con lo gastado en un día en la guerra con seguridad no hubieran muerto de hambre los niños del Chocó.

Una vida en paz

Los colombianos de bien ansiamos un país en paz, con justicia social, libertad, independencia y soberanía. Por ello estamos trabajando en la construcción de un Nuevo Gobierno de Reconstrucción y Reconciliación Nacional que cree una Nueva Institucionalidad, paso previo e indispensable hacia esa Nueva Colombia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: