BRASILEÑOS SE OPONEN AL PACTO DE BUSH Y LULA SOBRE ETANOL

Por Roger Burbach y Isabella Kenfield

Durante la visita de Bush a Brasil, miles de de campesinos pobres pertenecientes al movimiento social internacional Vía Campesina y al brasileño Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra (MST), organizaron masivas ocupaciones pacíficas de compañías multinacionales dedicadas a la agroindustria en todo el país.

Novecientas mujeres ocuparon la planta de etanol de Cevasa en Sao Paulo. Según el comunicado publicado por Vía Campesina, la protesta pretendía mostrar que “la propuesta del gobierno de Usamérica beneficia a las grandes compañías productoras de etanol en Brasil y no a la mayoría del pueblo brasileño.” Cevasa es la mayor productora de caña de azúcar en Brasil; el año pasado Cargill, la multinacional con sede en Usamérica, compró el 63% de sus acciones.

En Rio Grande do Sul se ocuparon, entre otras, las papeleras brasileñas Votarantim y Aracruz y la finlandesa Stora Enso Ovj. Todas estas acciones tenían por objeto protestar contra el modelo de crecimiento económico a través de la agricultura industrializada para la exportación. Los movimiento sociales y sus defensores afirman que si bien es posible que el auge de las agroexportaciones incremente el PIB de Brasil, lo cierto es que ha aumentado la pobreza y la marginalización de los campesinos pobres debido a la concentración de tierras, la destrucción del medio ambiente, el desempleo y la explotación de los trabajadores. Según el manifiesto publicado por Vía Campesina, por cada 100 hectáreas plantadas con caña de azúcar (a partir de la que se produce el etanol en Brasil) se genera apenas un puesto de trabajo, mientras que en una granja familiar se generan 35. En Brasil, la agroindustria está controlada por un puñado de compañías multinacionales que usurpan cada vez más territorio brasileño y expulsan más pobres del campo a los ya saturados centros urbanos.

Los organizadores de las ocupaciones señalaron que no critican el etanol, sino el paradigma que se está imponiendo mediante la producción industrializada a gran escala para exportación al Norte global (especialmente Usamérica), totalmente controlada por las multinacionales de la agroindustria. En una conferencia de prensa ofrecida por Vía Campesina, el MST, la Central Única de Trabajadores (CUT) y la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT) de la Iglesia Católica, el obispo Tomás Balduino afirmó: “El pacto entre Brasil y Estados Unidos para la promoción del etanol es siniestro. Sólo va a promover la muerte, la marginalización, la pobreza y la destrucción del medio ambiente y sólo defiende los intereses de las grandes multinacionales.”

El etanol se está convirtiendo en un medio para la alianza, la fusión y el fortalecimiento de los intereses del gran capital internacional. João Pedro Stedile, de la coordinación nacional del MST y de Vía Campesina, declaró: “Bush viene a Brasil como el chico de los recados de las multinacionales, las compañías especializadas en agricultura, las petroleras y las fabricantes de automóviles que desean controlar los biocombustibles.” Recientemente, el hermano de George W., Jeb Bush, ex gobernador del estado de Florida, fue nombrado copresidente de la Comisión Interamericana de Etanol (IEC), que tiene como misión “fomentar el uso del etanol en las mezclas de gasolina del continente americano.” Los otros copresidentes son Roberto Rodrigues, presidente del Consejo Superior de Agronegocios de Brasil y Luis Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo. La creación de la IEC pone de manifiesto la alianza que se está formando entre el capital petrolero y agroindustrial de Usamérica y Brasil, y revela por qué el discurso sobre el etanol como una forma de energía renovable y sustentable, ha adoptado un lenguaje neoliberal que ignora el impacto desastroso que este modelo corporativo tiene en la sociedad y el ambiente.

Los movimientos sociales y sus defensores han propuesto que la producción de etanol en Brasil debería estar en manos de los pequeños campesinos, como parte de un sistema de agricultura diversificada que priorice la producción local de alimentos para los brasileños, asegurando así tierra, sustento y trabajo para los campesinos pobres. Brasil debería concentrarse en producir etanol para su gran mercado interno y no para sostener el consumo de Usamérica.

A pesar de las amplias protestas y de la oposición de los mismos sectores de la sociedad civil que ayudaron a llevar a Lula al poder en 2002 y lo reeligieron para un segundo mandato en octubre pasado, Brasil y Usamérica han firmado un acuerdo de investigación y cooperación para aumentar la producción, exportación y comercio del etanol como una mercancía global. El acuerdo pone de manifiesto que Lula coopera con Bush y la agroindustria a fin de asegurar que la industria siga controlada por el gran capital, mientras los campesinos pobres se hacen cada vez más pobres. “La reforma agraria ya no existe, ahora existe la agroindustria” dijo el obispo Balduino. “No hay duda, este acuerdo solamente beneficiará a las multinacionales y a las élites.”

Las voces de disenso, articuladas a través de las ocupaciones organizadas por Vía Campesina y el MST durante la visita de Bush, sin embargo, atrajeron la atención nacional e internacional y fortalecieron la resolución de los movimientos sociales. El MST está decidido a enfrentar al gobierno de Lula y ha aumentado las ocupaciones de tierras, tomando incluso tierras que podrían usarse para la producción de etanol. Según João Pedro Stedile, dirigente del MST, “el gobierno de Lula está apoyando el modelo de producción agrícola conocido como agronegocio, en el que se alían los terratenientes con las compañías transnacionales. Esto va a provocar una reacción popular más temprano que tarde.”

Isabella Kenfield es asociada del Centro de Estudio de las Américas (Center for the Study of the Americas – CENSA ) con sede en Berkeley, California. Actualmente trabaja como periodista en Curitiba, Brasil y ha escrito sobre los movimientos sociales, las compañías multinacionales y los biocombustibles.

Roger Burbach es director del CENSA. Ha escrito extensamente sobre América Latina, entre otras obras “The Pinochet Affair:State Terrorism and Global Justice”. Es coautor con Jim Tarbell de “Imperial Overstretch: George W.Bush and the Hubris of Empire”

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