El hambre en la Colombia actual

Apolinar Díaz–Callejas

Denuncias en los medios de comunicación y el trabajo de investigación de organizaciones internacionales gubernamentales que operan en el país, al fin han tenido eco en la población colombiana que ha constatado la verdad de la situación social de esclavitud que soportan desde hace siglos las poblaciones negras e indígenas de la república. Todo ello ha saltado de manera aguda en estos momentos del siglo XXI, al quedar al desnudo la realidad de las condiciones de miseria y esclavitud real en que viven miles de colombianos. El gobierno del presidente Alvaro Uribe Vélez se ha vuelto un verdadero especialista en la manipulación de las informaciones sobre la verdad de la crisis social y humanitaria que siguen soportando miles de colombianos de raza afroamericana e indígena y de mestizos. Nuestro gobierno actual practica con reconocida eficacia la política de ocultar la realidad, envolviendo a la nación con el ruido espantoso y mentiroso de la propaganda oficial, que se ha empeñado en ocultar la real realidad de nuestra sociedad en cuanto a la sobrevivencia y expansión de la miseria y formas esclavistas que soporta gran parte de la población nacional.

Al destaparse la verdad de las agresiones gubernamentales y de grupos armados del paramilitarismo contra los sectores más pobres de nuestra población, particularmente en el departamento del Chocó y regiones del Pacífico pertenecientes al Valle del Cauca y Nariño, amplios sectores de la Costa Caribe colombiana y en zonas indígenas que sobreviven a los largo y ancho de la república, quedaron al descubierto las mentiras sobre la real situación social de esos sectores de colombianos que se han venido muriendo de hambre ante la indiferencia e ineficacia de la acción gubernamental. Cuando fue publicada la información de la muerte por hambre de 49 niños de la región del Chocó, el gobierno salta a negar los hechos diciendo que sólo habían muerto cuatro niños como si la cantidad de las víctimas fuera un hecho sin importancia. La realidad fue, conforme al testimonio de sacerdotes católicos que han sido centenares de niños las víctimas del hambre, como ocurre en las zonas más atrasadas de Africa, que apenas recientemente han logrado la independencia política nacional. El Universal de Sincelejo del 26 de marzo, denunció la muerte de 20 niños indígenas de la etnia yukpas de la Serranía del Perijá. Los ministros de Agricultura y de otras ramas saltaron a negar los hechos. Periódicos de estirpe gobiernista como El Tiempo, único diario de carácter nacional que queda en Colombia. Tuvieron que comenzar a publicar la verdad, informando que la esperanza de vida al nacer en el Chocó es de 65,1 años los hombres y 71,2 años las mujeres, al tiempo que en el país es para los hombres de 70,34 años y para las mujeres de 76,27. Informa que el número de madres que fallecen por cada 100.000 nacidos vivos es de 429,2 en el Chocó y de 79 en Colombia. Que por cada mil nacidos vivos, en el Chocó mueren 17,04 cuando en el resto del país son 7,4. Que el número de niños que mueren antes de cumplir un año por cada mil nacidos vivos es en el Chocó de 98,25 entre los hombres y 80,01 en las mujeres, cuando en el resto del país son para los hombres 27,53 y para las mujeres 20,42. Que por cada 100.000 habitantes mueren en el Chocó 138,3 niños cuando en el país sólo 69,7 y que por cada 100.000 habitantes mueren por enfermedad 17,4 recién nacidos cuando en el resto del país son 7,4. Estas cifras son validas para la población indígena.

Esa es la realidad que ha tratado de ocultar y esconder el gobierno Uribe Vélez.

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