Nicaragua por los caminos del ALBA.

Hedelberto López Blanch

Rebelión

Nicaragua, el segundo país más pobre del continente americano, superado solo por Haití, se beneficiará enormemente con la entrada a la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), que le permitirá en el futuro dejar atrás ese negativo lugar.

A finales de marzo, la Asamblea Nacional aprobó por amplia mayoría (78 votos de 92) la integración del país al ALBA, iniciativa impulsada por Venezuela y Cuba a la que también se sumaron Bolivia, Antigua y Barbuda, Dominica, San Vicente y Las Granadinas.

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, había firmado con su homólogo Hugo Chávez, el 11 de enero pasado, en Managua, un memorando de intención para adherir al país centroamericano a ese proyecto.

Esta iniciativa, gestada por Chávez con el apoyo de Cuba, es un sistema de colaboración comercial y económica para la región como contraparte al Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) impulsada por Estados Unidos. Esta última tiene entre sus principales acápites la entrada libre de capitales foráneos y las privatizaciones de los servicios públicos.

En su primer discurso tras la investidura presidencial, Ortega expresó que “las políticas neoliberales han creado en el país una situación de emergencia social, donde a millones de ciudadanos se les ha negado el acceso a la educación, la salud y el empleo digno, obligando a cientos de miles de ciudadanos a la penosa experiencia de la emigración y el desarraigo”.

Managua y Caracas suscribieron quince convenios de cooperación en diferentes esferas, entre los que se destacan la cancelación de la deuda que Nicaragua arrastraba con Venezuela por 31.8 millones de dólares, y otro que garantiza el suministro de diez millones de barriles anuales de combustible a precios especiales.

La nación andina entregará fertilizantes para la agricultura y 32 plantas de generación eléctrica (ya varias se encuentran en el país) para que pueda solventar la crisis de energía que provoca apagones de hasta 12 horas diarias.

Chávez y Ortega rubricaron una carta de intención para construir una refinería en Nicaragua y dos plantas procesadoras de aluminio, y se analiza la posibilidad de construir un oleoducto.

A finales del pasado mes de marzo quedó abierta en Managua una oficina del Banco de Desarrollo Económico y Social de Venezuela (Bandes), que facilitará las transacciones entre ambos países.

También se alcanzaron pactos dentro del ALBA sobre programas de cooperación financiera, de infraestructura, educacionales y de salud.

En este último se destaca la Operación Milagro en coordinación con Cuba por medio de la cual miles de nicaragüenses podrán tener acceso a diferentes operaciones de la vista, en forma gratuita.

Nicaragua, unida al ALBA y con la cooperación de países amigos de la región, esta volviendo a renacer de un pasado reciente en el que se impusieron políticas de privatizaciones y de neoliberalismo que dejaron al 75 % de la población en la pobreza.

Durante el gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), iniciado en 1979, se realizaron grandes campañas de alfabetización, se introdujo la atención médica gratuita y se inició una reforma agraria para beneficiar al empobrecido campesinado. Estas medidas se impulsaron pese a la guerra que sufragó Estados Unidos contra esa nación centroamericana.

En 1990 cuando el FSLN dejó el poder, se había logrado reducir el analfabetismo al 12 %; ahora alcanza al 35 % de la población.

La situación dejada por tres sucesivos gobiernos de derecha que aplicaron las políticas neoliberales diseñadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) provocaron graves afectaciones a los programas sociales y a la débil economía nicaragüense.

La organización Proyectos y Capacitación de la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH) definió la situación de la siguiente forma: “La pobreza la vemos día a día, en la gente que llega a los hospitales públicos con altos niveles de desnutrición, cuando un millón de menores queda fuera del sistema educativo cada año, o un cuarto de millón de niños trabaja en las calles, y en los últimos tiempos una creciente explotación sexual de menores”.

Mientras la desocupación afecta al 68 % de la población económicamente activa, la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) informó que Nicaragua posee el índice más alto de desnutrición de Centroamérica cuya cifra es de 1 400 000 personas, en su mayoría niños.

Solo en la capital, el 60 % de los managüenses habita en barrios marginales y las dos terceras partes de las 200 000 viviendas son consideradas inadecuadas.

Indiscutiblemente que con prácticas neoliberales como exigen el FMI y el BM, no se podrán resolver esas denigrantes condiciones de vida. Por eso, el gobierno nicaragüense se ha sumado al ALBA, que defiende la integración de los pueblos con valores de solidaridad y hermandad.

 

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