El día en que el choque de civilizaciones se derritió bajo las cámaras de televisión

Gennaro Carotenuto

Brecha

La liberación televisada en directo de 15 marinos ingleses “obsequiada al pueblo británico” por parte del presidente iraní Mahmud Ahmadineyad y la visita a Siria de la presidenta de la Cámara de diputados estadounidense, Nancy Pelosi, modificaron la agenda mediática y mostraron la cara humana del “eje del mal”

La pasada semana el “eje del mal” marcó dos goles. Y lo peor fue que uno de los dos fue un tanto en contra, marcado por la señora Pelosi y que hizo enojar muchísimo al entrenador y comandante en jefe del equipo de los buenos, George W Bush. No se podrían comentar de manera distinta las imágenes de la dirigente política estadounidense que conversa amablemente con el presidente sirio Bashar al Assad, el joven, contra quien Bush construyó un robusto cordón sanitario y a quien amenaza con la guerra en cualquier momento. Para el dictador sirio fue un triunfo mediático y para Pelosi fue la manera de hacer notar sus diferencias en política exterior con respecto al mandatario republicano. Se rompió así el carácter monolítico que Estados Unidos suele exhibir en ese terreno, especialmente después de los atentados contra Nueva York y Washington de 2001. Muy elegante, el joven Assad, que gobierna en un régimen de partido único, resultó ser un perfecto anfitrión. Y aunque periódicos como el libanés Daily Star hicieron notar que la señora Pelosi no dijo ni una palabra con respecto a las cárceles y a las violaciones de derechos humanos en Siria (que por otra parte linda con Irak, el país de la cárcel de Abu Gjraib), las televisoras de Occidente parecieron evidenciar en su cobertura que un señor tan distinguido no puede ser demasiado peligroso.

YO, EL PEOR DE TODOS. Mientras tanto, en el mismo momento, en Teherán, Mahmud Ahmadineyad, el presidente “canalla” del más canalla de los estados, Irán, contra el cual todos en Oriente Medio esperan una guerra en el inminente verano boreal, organizaba una ceremonia pública, con la cual liberaba a los 15 marinos británicos detenidos dos semanas atrás. La llamada prensa mainstream, aquella decena de grandes grupos mediáticos que deciden lo que el mundo debe saber y lo que no, durante años nos explicó qué tan eficientes son los cuerpos especiales británicos en penetrar en territorio enemigo, incluido Irán, y retirarse impunemente. Esta vez que los iraníes los habían sorprendido, arrestando a los 15 en flagrancia de violación, sin que volara ni una bala o que le fuera tocado un pelo a los presos, la misma prensa había decidido que no podía ser, y que los caballeros ingleses jamás se hubieran tomado el atrevimiento de avasallar nada y mucho menos el territorio iraní.

Ya que los anglosajones nunca tratan con el enemigo, como se sabe, y frente a la testarudez de los ayatolás de pedir por lo menos una disculpa del premier británico Tony Blair, la liberación de los 15 se complicaba y el caso tomaba una dañina relevancia mediática. Hasta que, mágicamente, los estadounidense “blanquearon” la detención de cinco diplomáticos iraníes, secuestrados hace dos meses en el consulado de Irán en el Kurdistán iraquí. La liberación de los marineritos entonces pudo ser y se transformó en una fiesta. Los vistieron como los Beatles al tiempo de “Love me do” y a la única chica del grupo le pusieron un foulard como si saliera de una misa de Pascua en los cincuenta. Sonrisas, abrazos y amistad en un concierto orquestado por un excelente director de espectáculos televisivos, donde el protagonista era él: Mahmud Ahmadineyad. Conocido por su negacionismo del holocausto, esta vez Ahmadineyad aparecía en vivo y en directo delante de todas las televisiones del mundo con una sonrisa buena y triste, perfecta para la circunstancia, que parecía sacada de una película neorrealista italiana. Iba con un traje de esos que llevaban los inmigrantes que bajaban en el puerto de Montevideo en la posguerra. No era elegante, por supuesto. Pero lo importante era que aparecía inofensivo y haciendo un gesto generoso como la liberación –oficialmente sin condiciones– de 15 soldaditos presos. No debe ser tan mal tipo, deben haber pensado millones de espectadores de la BBC o la CNN.

EL MEDIO ES EL MENSAJE. Si hasta Assad y Ahmadineyad aprenden a vivir en una sociedad mediática, la tarea de los teóricos del choque de civilizaciones y de las guerras infinitas se vuelve difícil. George Bush para bombardear la Mesopotamia bíblica, con más de 5 mil años de historia y esplendorosa civilización, aprovechándose de dos extraordinarias ignorancias (la suya y la de sus electores), teorizó que Irak era el rincón más oscuro del mundo. Hoy va a ser más complicado barrer con un B52 un mercadito de Damasco donde Nancy Pelosi tomó té y comió dátiles delante de millones de televidentes y todo el mundo se dio cuenta de que ni siquiera sabía dónde tirar los carozos. Tardamos años para demonizar el “eje del mal” y ahora por unos dátiles…

Se consumó así un desastre mediático: humanizar al enemigo que se pretende borrar del mapa. La virulencia con la cual Bush atacó a Pelosi lo atestigua. Con la guerra que va mal en todos los frentes, las consecuencias negativas para los anglosajones son varias. En primer lugar se manifestó que, aunque extraoficialmente, también los anglosajones tratan con el enemigo. El canje marinos/diplomáticos cortó el impulso a las críticas contra aliados como Italia que dialogan para liberar a sus rehenes (veáse Mapa de la Semana). En segundo lugar se hizo evidente la existencia de una política exterior estadounidense alternativa a la neoconservadora. Pelosi hizo propio el informe Baker-Hamilton que frente al desastre iraquí recomendaba el diálogo con Siria e Irán. Aunque fuentes oficiales israelíes lo hayan negado, Pelosi ha entregado a Assad un mensaje del primer ministro israelí, Ehud Olmert, que va en el mismo sentido: búsqueda de diálogo. Siria e Israel no se hablan desde la ruptura del año 2000 entre Ehud Barak y Afees Assad, padre del actual presidente. En qué medida la postura de Pelosi pueda abrir espacios para un cambio de la política exterior estadounidense todavía está por evaluarse. La BBC tituló el encuentro entre Pelosi y Assad como “Nancy Pelosi encontró el mal”. Ni ellos saben si era un título irónico o si iba en serio.

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