La violencia en Estados Unidos

Editorial de La Jornada

Al menos 33 personas murieron el pasado lunes, como consecuencia de dos ataques con arma de fuego en un par de edificios del Tecnológico de Virginia, en el este de Estados Unidos. Se trata de uno de los peores tiroteos ocurridos en escuelas de ese país.

Se tienen que revisar los archivos para encontrar una matanza en una universidad estadunidense de mayores proporciones a la que acaba de ocurrir (en 1927 un hombre hizo explotar una bomba en una escuela de Michigan, que provocó 45 muertos). En realidad no hay que ir muy lejos para hallar casos en los que un sujeto -profesor, estudiante o trabajador de la institución- saca una pistola o un rifle y dispara contra la gente que tenga la mala suerte de estar cerca de él. A principios de abril, por ejemplo, dos personas murieron por disparos de bala en la Universidad de Washington en Seattle (noroeste de Estados Unidos).

La lista es larga: el 17 de enero de 2002, tres personas murieron y otras tres resultaron heridas luego de que un estudiante abriera fuego contra las autoridades de un colegio privado en Appalachian, Virginia. El 5 de marzo de 2002, un estudiante armado de una escuela en California asesinó a dos personas e hirió a otras 14. El 23 del mismo mes del mismo año, dos jóvenes resultaron heridos de bala y otras siete personas con lesiones leves en una escuela secundaria cerca de San Diego. El 29 de octubre del mismo año, un joven pistolero mató a tres personas en la Universidad de Arizona.

El hecho más recordado, sin embargo, es el ataque en la Escuela Columbine, de Denver. El 20 de abril de 1999, Eric Harris y Dylan Klebold dispararon contra sus compañeros y profesores: 15 personas fallecieron en este incidente, entre ellos los atacantes que se suicidaron, algo común en este tipo de hechos.

Se trata de una tendencia alarmante que debería hacer reflexionar a las autoridades de ese país: ¿qué se hizo para llegar a esto?

El cineasta Michael Moore no tiene duda: las matanzas en escuelas se deben a la patología de violencia y miedo prevaleciente en el país con el mayor índice de asesinatos por armas de fuego del mundo y donde el número de las mismas sobrepasa al de votantes y aparatos de televisión.

Moore ganó en 2003 el Oscar al mejor documental por Bowling for Columbine, en el cual el director busca encontrar una explicación a esos hechos, con datos e imágenes estremecedoras. Por ejemplo, señala la cinta, en Canadá cada familia posee un arma, sin embargo, las muertes por este concepto son mínimas.

“Somos un pueblo singularmente violento y utilizamos nuestra tremenda acumulación de armas para matarnos los unos a los otros y contra muchos países en el mundo”, dijo. Para el director de cine “los Estados Unidos viven inmersos en una cultura de temor dirigida a la población por el gobierno y los poderes fácticos y orquestada por los diferentes medios de comunicación de noticias, principalmente los canales de televisión”. Se trata, puntualizó, de una forma de control similar a la que uso el régimen nazi en Alemania entre 1933 y 1945.

Sin duda, esa actitud violenta es exacerbada por el ánimo belicista del gobierno de George W. Bush, que ha incendiado buena parte del mundo con su guerra contra el terrorismo. “Las escuelas deben ser lugares de seguridad, refugio y aprendizaje. Cuando este santuario es violado, el impacto se resiente en todas las aulas y comunidades estadunidenses”, dijo el mandatario tras enterarse sobre la matanza ocurrida en dos edificios del Tecnológico de Virginia.

El mandatario omite mencionar el impacto que su política agresora ha provocado en su propio pueblo, sin olvidar a la gente afectada por sus acciones bélicas. Bush ha ordenado a sus generales y tropas buscar a Osama Bin Laden en todo el mundo, sin embargo, es claro que existe crispación en el interior de su propio país, que impide que los estadunidenses vivan en paz y armonía, supuesto objetivo de las campañas del Pentágono.

No se trata únicamente de los ataques en las universidades, en este país existe una cultura de la pistola. De acuerdo con datos de diversos organismos de Estados Unidos, cada día mueren en esta nación 80 personas por armas de fuego, incluyendo anualmente 17 mil suicidios, 11 mil homicidios y 762 disparos no intencionales. Se calcula que entre 1979 y 2002, un total de 95 mil 761 niños y adolescentes han muerto por heridas provocadas por armas de fuego.

De hecho, no hay que olvidarlo, uno de los atentados terroristas más mortíferos de la historia de Estados Unidos fue perpetrado por un estadunidense. El 11 de septiembre de 2001, Timothy McVeigh hizo estallar una bomba en un edificio federal, matando a 168 personas e hiriendo a otras 500.

Son datos, cifras, tragedias humanas que hablan de una profunda crisis de valores en una nación que dice repetarlos.

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