EEUU no contará con el apoyo de sunitas en la guerra contra Irán

Veniamín Popov, para RIA Novosti. La eventual guerra contra Irán es hoy uno de los temas más debatidos. Pero hay otra cuestión: ¿quiénes apoyarían a los norteamericanos si éstos deciden atacar a Irán?

Muchos columnistas sostienen que si los planes de la Casa Blanca no son aprobados en EEUU ni en Europa, Bush y su equipo procurarán asegurarse apoyo en el mundo islámico, ante todo entre los vecinos de Irán que rivalizan con este país por la influencia en el área. Por lo menos, muchos politólogos del mundo islámico están convencidos de que EEUU hará cuanto esté a su alcance para avivar el conflicto entre los chiítas y sunitas.

El número de chiítas se evalúa en 180 millones, o sea, un 15% de los musulmanes. Su abrumadora mayoría vive en Asia del Sur y del Sudoeste (según datos correspondientes a 1998): en Irán (49 millones, o el 87% de la población); en Pakistán (32 millones, o el 26%); en Iraq (11 millones, o el 59%); en India (unos 10 millones, o el 1%); en Turquía (8,9 millones, o el 16%); en Yemen (4,8 millones, o el 38%); en Azerbaiyán (4 millones, o el 56%); en Afganistán (3,5 millones, o el 21%); en Arabia Saudita (2 millones, o el 14%); en Siria (1,9 millones, o el 15%); en el Líbano (1,2 millones, o el 40%); en Kuwait (429 mil, o el 20%); en Bahrein (330 mil, o el 64%); en los Emiratos Árabes Unidos (318 mil, o el 17%); en Omán (103 mil, o el 7%); en Qatar (49 mil, o el 11%).

Tras la caída del régimen de Sadam Husein en Iraq, EEUU de hecho transfirió el poder en este país a los chiítas, y los sunitas de hecho resultaron marginados. Iraq está sumido en una guerra civil, los enfrentamientos armados se cobran a diario decenas de vidas humanas. Hablando en rigor, la situación en Iraq refleja la existente en todo el mundo islámico.

Toda una serie de atentados terroristas contra mezquitas chiítas en Pakistán a finales de 2006-comienzos de 2007. La incesante confrontación política entre sunitas y chiítas genera la amenaza de una nueva guerra civil en el Líbano.

En otros países de momento no hay derramamiento de sangre, pero la situación es muy tensa. En diciembre de 2006, las autoridades de Sudán cerraron el stand iraní en la Feria del Libro de Jartum, después de que activistas sunitas acusaran a los iraníes de hacer la propaganda chiíta. Periódicos de Argelia informaban de que los misionarios chiítas intentaban convertir a su fe a niños sunitas.

Es sugestivo que en Palestina, al protagonizar manifestaciones contra el movimiento sunita HAMAS los partidarios del movimiento laico FATAH gritaran consignas ¡Chiítas, chiítas!, acusando de este modo a los de HAMAS de mantener vínculos con Irán. En Jordania, habitantes de varios poblados intentaron detener a unos peregrinos que se dirigían a un santuario chiíta local.

No podemos dejar de prestar atención a los artículos antiiraníes insertados últimamente en varias importantes ediciones árabes. Por ejemplo, un editorial de Al-Ahram (Egipto) acusaba a Irán de torpedear la paz en Iraq, Palestina y el Líbano con el objetivo de debilitar a los Estados árabes sunitas.

Una campaña análoga se está instrumentando también en Arabia Saudita.

Sin lugar a dudas, a los sauditas no les place ni mucho menos el acrecido prestigio de Teherán en el mundo islámico, por lo cual tratan de limitar su influencia, adelantando diversas iniciativas encaminadas a poner cotos a las guerras intestinas en Iraq, Palestina y el Líbano. Ello no obstante, pese a la rivalidad entre Teherán y Riyad, los mandatarios sauditas dieron a entender bien a las claras que la eventual operación de EEUU contra Irán ocasionaría daño a sus proyectos políticos. Además, la acción militar repercutiría negativamente no sólo en Arabia Saudita sino en toda la zona.

Precisamente por eso, muchos líderes musulmanes se empeñan en poner fin al enfrentamiento entre los sunitas y chiítas para impedir que las fuerzas externas aprovechen la escisión entre estas dos corrientes del Islam.

Enérgicos esfuerzos emprendió la Organización Conferencia Islámica (octubre de 2006, la Meca) a la que asistieron representantes de chiítas y sunitas. En 2007, Qatar invitó para mantener debates a 400 personalidades religiosas sunitas y chiítas. Los debates resultaron ser nada fáciles. El ayatollah Muhammad Taashiri, principal negociador iraní, tuvo que escuchar no pocas acusaciones de perseguir a los sunitas.

En esta relación, tuvo un efecto positivo el mensaje remitido por la prestigiosa personalidad chiíta Muhammad Husein Fadlallah (Líbano) quien manifestó: “Si los sunitas y chiítas no cesan las luchas intestinas, los musulmanes se adherirán a los secularistas para hallar una salida de la situación configurada”.

De momento es difícil evaluar los resultados de esta actividad conciliadora. Pero de todas formas es evidente que el mundo islámico no secundará la operación militar de EEUU para no buscarse serios problemas.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDIRÁ OBLIGATORIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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