Rusia necesita un Irán predecible

Piotr Goncharov, RIA Novosti. En las relaciones ruso-iraníes se vislumbra una crisis, pero no debido al problema de la construcción electronuclear de Bushire, la responsabilidad por el cual las partes se empeñan en endosar la una a la otra. La obra de Bushire es más bien una consecuencia.

La causa del distanciamiento en ciernes es otra. Moscú ha recrudecido notoriamente sus exigencias en el Consejo de Seguridad de la ONU respecto al programa nuclear iraní. Rusia votó a favor de la resolución que estipula endurecer las sanciones contra Irán en respuesta a su negativa a inhibir los trabajos de enriquecimiento de uranio. A juzgar por todo, las autoridades de Teherán no admitían la posibilidad de que Moscú diera tal paso, pese a sus constantes llamamientos a aceptar las exigencias de la ONU y retornar a la mesa de negociaciones. ¿Cómo repercutirá la eventual crisis en las relaciones ruso-iraníes?

Las relaciones ruso-iraníes son comentadas exclusivamente en el contexto de los intereses geopolíticos de ambos países y de su interacción regional. Precisamente el carácter de estas relaciones basado en la coincidencia de los intereses y su interdependencia, mueve a Teherán a hablar de Rusia e Irán como de “aliados estratégicos”. Moscú, a decir verdad, da preferencia a definiciones más moderadas, prefiriendo referirse a la “asociación estratégica” sin rebasar los marcos de una región concreta.

Históricamente, en todo el Cáucaso, el Caspio y el Asia Central, Rusia e Irán practicaban una política basada en los principios de apoyo recíproco. Siempre ha sido así, pero sobre todo es importante hoy. Los intereses de Rusia e Irán están necesariamente presentes en Asia Central, el Cáucaso y el Caspio, pero en ninguna de estas zonas entran en colisión sino que se complementan.

He aquí un ejemplo elocuente. Últimamente, Irán promueve su expansión económica en Asia Central, zona de intereses tradicionales de Rusia. Ello no obstante, el Kremlin lo aclama sigilosamente. Siendo incapaz de cubrir toda esta región importante, Rusia prefiere la presencia iraní a la estadounidense, turca y china.

Tal coincidencia de los intereses se destaca especialmente en el contexto de los esfuerzos de EEUU por hacer realidad el proyecto Cooperación en el Desarrollo de la Gran Asia Central. En este proyecto, Washington agregó a los tradicionales países centroasiáticos (Turkmenistán, Uzbekistán, Tayikistán, Kirguizistán y Kazajstán) también a Afganistán y Pakistán.

No importa los objetivos que persiguen EEUU y Europa, la ejecución del proyecto en cuestión inevitablemente conduce al desplazamiento de Rusia de la región dada. Por lo menos, en un futuro visible. Según los autores del proyecto, el comercio y diversos proyectos económicos deben desplazarse en esta región hacia Afganistán, creando de este modo una alternativa al monopolio ruso de exportación de hidrocarburos, energía eléctrica, algodón y otras mercancías. Así las cosas, Irán cuyas relaciones con EEUU son, dicho con suavidad, bastante complicadas, también en esta cuestión se convierte en aliado de Rusia.

Por lo que al Caspio se refiere, Irán es el único país que, a diferencia de Azerbaiyán, Kazajstán y Turkmenistán, comparte plenamente la postura de Rusia en el tema de definición del estatus internacional de este mar. Irán y Rusia se pronuncian por un estatus que descarte plenamente la presencia de Estados no ribereños en el espacio acuático del Caspio. Los demás problemas relativos al Caspio no son tan importantes.

Son afines asimismo las posturas de ambos países respecto al Cáucaso. En este sentido cabe destacar el papel desempeñado por Irán que ejerció la presidencia en la Organización Conferencia Islámica en el período más crítico para la política del Kremlin en Chechenia. Gracias en buena medida a la actitud mantenida por Irán, la OCI, aunque a duras penas, pero promulgó esta tesis: “Chechenia es asunto interno de Rusia”.

Sería raro que un país como Irán, con su población, recursos e historia, no aspirara a ser líder regional. De ahí que sean comprensibles las ambiciones de este país.

Moscú, por su parte, pronunciándose enérgicamente por atraer a Irán a la solución de los problemas regionales, adopta una actitud reservada al tratarse de todo Oriente Próximo, prefiriendo que Teherán practique en esta región una política más tranquila y admisible para los países árabes.

Moscú está ante esta disyuntiva: “asociación estratégica” sumamente importante con Irán en Asia Central, el Cáucaso y el Caspio o la perspectiva de aparición de un nuevo Estado nuclear en la región y, como consecuencia, la confrontación en Oriente Próximo no sólo con EEUU sino también con países vecinos colindantes.

En opinión de la mayoría de los analistas, un Irán moderado y predecible sería más preferible para Rusia.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDIRÁ OBLIGATORIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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