¿Se acerca Francia a las políticas de Washington?

Luego de la primera vuelta electoral

Por Roberto Aguirre | Desde la Redacción de APM

Los dos candidatos que disputarán el balotaje por la presidencia, dan muestras de cercanía con el gobierno de Bush, al tiempo que se alejan de América Latina y los países del Tercer Mundo.

Las tapas de la mayoría de los medios del mundo reflejaron, este lunes, el resultado de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia. Tal cual lo estipulaban las últimas encuestas, el conservador Nicolas Sarkozy y la socialista Ségolène Royal disputarán una segunda vuelta electoral el próximo 6 de mayo, donde se definirá quién será el próximo inquilino del Palacio del Elíseo.

Sin embargo, la importancia que la prensa vernácula le otorgó al proceso electoral francés, no se condice con la ausencia absoluta del tema internacional en la agenda de los dos candidatos.

El periodista francés Bernard Cassen, explicó en un artículo publicado en Le Monde Diplomatique, que los contendientes estuvieron “alejados del mundo”, al tiempo que sus propuestas en política exterior fueron escasas y, en algunos casos, caricaturescas. Sólo hubo tres temas que, tímidamente, fueron incluidos en la agenda internacional de los candidatos: “las relaciones con Estados Unidos, los conflictos en Medio Oriente, y la presencia francesa en África”.

Bernard Cassen atribuye esta ausencia a que “la política exterior no sirve para ganar elecciones”, pero, en principio, esta ausencia puede ser atribuida a que Francia ha perdido terreno en el plano internacional, y su poder sólo se recorta a la coyuntura de la Unión Europea (UE).

De todas formas, resulta interesante hacer un breve repaso de los postulados básicos de los dos candidatos para la segunda vuelta, pensado, sobre todo, en los vínculos con América Latina, hoy reducidos a breves acuerdos de cooperación económica y a contratos mediante empresas privadas.

En ese sentido, el candidato de derecha y favorito en los sondeos, Nicolás Sarkozy, dio muestras contradictorias de la clave que adquirirá su política exterior en el caso de que cruce las puertas del Elíseo. El “delfín político” del actual mandatario Jacques Chirac, se reunió el año pasado con el presidente George Bush, en búsqueda de la foto que cautive al electorado descontento con el actual ejecutivo, que no apoyó la invasión a Irak ni se alineo a la totalidad de las políticas de Washington.

Meses más tarde, convencido del rotundo fracaso de la guerra en el país árabe, el propio Sarkozy afirmó que sus relaciones con la Casa Blanca eran de “amistad, no de sumisión”. Lo cierto es que en Estados Unidos, sobre todo luego de su visita, lo apodaron “el americano”, y esto representa un estigma (en rigor de verdad, no tan desagradable para el candidato) frente a una Latinoamérica cada vez más enfrentada a las políticas de Bush.

Por su parte, la candidata socialista Ségolène Royal nunca se manifestó claramente sobre los países del denominado tercer mundo. Sin embargo, los encuentros con la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, y con la primera dama argentina y probable candidata en las presidenciales de octubre, Cristina Fernández de Kirchner, fueron vistos como un gesto de proximidad para varios analistas internacionales, aunque en lo concreto sólo fueron “pour la galerie”.

Pero Royal no permaneció callada en referencia a Medio Oriente, aunque quizás debió hacerlo. En una declaración que demostró su profundo desconocimiento sobre el tema, la candidata afirmó que a Irán no se le debe permitir desarrollar una industria nuclear civil, contradiciendo así los derechos internacionales que posee el país persa, avalados por el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TPN).

De la misma forma, en otra confusa alocución, pareció defender la construcción del muro entre Israel y Palestina, a pesar de haber cosechado elogios, luego de una gira por la región, por parte de Mahmud Abbas, presidente del territorio árabe. En ambos casos se ve que la candidata socialista no puede contradecir la política de Washington para Medio Oriente.

Por otra parte, una nota publicada en el matutino argentino La Nación el pasado viernes, recogió testimonios de varios latinoamericanos que viven en Francia. Todos concordaron que “es una pena” que América latina haya estado tan ausente de la campaña. “Se ha evaporado, literalmente”, afirmó el escritor y periodista colombiano Eduardo Mackenzie, citado en el mencionado artículo.

Esta profunda ausencia de América Latina y los países del tercer mundo en la agenda electoral de Francia, se complementa con una mirada obtusa de la problemática de la inmigración. Este tema, a propósito de los violentos episodios protagonizados por la marginada juventud de las periferias en 2005, fue candente en las discusiones preelectorales, y motivó distintas propuestas e, incluso, un acalorado debate sobre la identidad francesa al que se sumaron respetables intelectuales del país.

Sin embargo, la mayoría de las discusiones de los principales candidatos se plantearon puertas adentro, y nunca hubo una reflexión seria acerca de la inmigración como fenómeno social emergente del actual proceso de globalización. Muy al contrario, las propuestas fueron, por ejemplo, la creación de un “Ministerio de identidad”. Esta institución impulsada por Sarkozy apunta a crear una verdadera identidad francesa, para superar las divergencias culturales, producto de la inmigración. Lejos de abrir el debate, esta propuesta lo cierra y sigue teniendo una mirada localista, absurda y de no compresión de la coyuntura internacional.

Lo cierto es que, al tiempo que los diarios del mundo reflejan la contienda electoral francesa, a los candidatos les importa bastante poco la política exterior de su país. ¿Será que la propia Francia, otrora faro de la democracia en el orbe, ha reconocido que su poder se ha devaluado y su terreno de acción se ha recortado a la UE?

La respuesta a esa pregunta es demasiado compleja. Lo que sí es seguro que ninguno de los dos candidatos desconocerá el “atlantismo”, esto es, la cercanía a las políticas de la Casa Blanca, aunque tampoco se alinearán ciegamente como lo hizo Anthony Blair en Inglaterra, cuyo gobierno se acaba con un gran descrédito.

De esta forma, el mensaje hacia América Latina se torna ambiguo, sea cualquiera de los dos el candidato que gane las elecciones. ¿Se transformará Francia en otro bastión de Washington, cada vez más lejos de América Latina y de los países pobres?

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