Política de segregación

Eman A. Jamas

El Mundo

Según las autoridades estadounidenses de la ocupación, el nuevo muro de tres metros y medio de alto y cinco kilómetros de largo que se está construyendo alrededor del barrio de Adamiya, al norte de Bagdad, es para proteger a los suníes de los ataques de la milicia chií. Pero esta mentira no se la traga nadie, incluyendo a los soldados estadounidenses destacados ahí quienes afirman que se está construyendo como parte de las últimas medidas de seguridad, para controlar mejor a la resistencia.

También resulta difícil imaginar cómo podría proteger este muro a los civiles, ya que no impedirá que los misiles y morteros ataquen prácticamente a diario la zona. En realidad, las colas que tendrían que hacer durante horas ante las pocas entradas del muro los expondría a un peligro mayor de atentados con bomba y de tiros perdidos. También parece extraño que los soldados estadounidenses se preocupen de proteger Adamiya ya que, de nuevo según los estadounidenses, éste es uno de los baluartes más fuertes de la resistencia.

La estrategia consiste simplemente en dividir Bagdad en muchas zonas más pequeñas y fácilmente controladas, bajo nombres sectarios de segregación, con el objetivo de eliminar a la resistencia. Hace unos meses se construyeron muros similares en Ghazaliya, al este de Bagdad, y hace dos años en la carretera del aeropuerto (cuando se la llamaba la carretera de la muerte). Según el portavoz militar del gobierno iraquí pronto se van a levantar al menos otros diez muros similares en otras partes de Bagdad (otras fuentes hablan de treinta).

Desde hace cuatro años en Bagdad hay por todas partes barreras de grandes bloques de hormigón dividiendo zonas, calles e instalaciones de los alrededores, deformando la fisonomía de la ciudad, haciendo casi imposible el transporte y poniendo en peligro las vidas de los civiles. Pero esto es diferente. Adamiya es una zona significativa desde el punto de vista histórico, cultural, político y geográfico. El centro histórico de la ciudad es el más antiguo y ha generado muchos nombres patrióticos importantes en la historia moderna de Iraq. Los muros del ghetto lo convertirían en una prisión en la que los ciudadanos se verían expuestos a la tecnología biométrica, a placas de identificación y registros por medio de escáner cada vez que quieran entrar o salir del barrio.

Procedimientos similares se utilizan en distintas partes de Iraq: Faluya, Ramadi, Mosul, Tallafar, Hadita, Qaim…entre otras muchas zonas. Han fracasado. Las últimas medidas de seguridad en Bagdad, que es la tercera gran operación militar conjunta de este tipo, no han detenido o siquiera reducido las decenas de cuerpos no identificados y mutilados que se encuentran cada mañana en las calles, o los ataques con morteros.

Esta estrategia de bolsas de seguridad tapiadas creadas bajo pretextos sectarios convierte a Bagdad en una gran prisión que discrimina y aísla a las comunidades, refuerza las divisiones sectarias e incrementa la violencia. No se trata simplemente de una idea más de los militares para que disminuya el número de ataúdes que vuelven a Estados Unidos. Un repaso rápido de las decisiones políticas de la ocupación en Iraq durante los últimos cuatro años pondría rápidamente al descubierto su verdadero objetivo: sembrar la discordia entre los iraquíes.

Eman A. Jamas es escritora iraquí

Traducción del inglés, Beatriz Morales Bastos

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