La fiesta que costó muchas lágrimas

Víctor Litovkin, RIA Novosti. En mayo de 2007 se cumplen sesenta y dos años desde el término de la Segunda Guerra Mundial en Europa lo que para Rusia significa el 62º aniversario de la Victoria en la Gran Guerra Patria que el país conmemora el 9 de mayo y llama “fiesta que arranca lágrimas”.

La Gran Guerra Patria comenzó el 22 de junio de 1941, unos dos años después de desencadenada la contienda mundial, cuando la Alemania nazi ya había ocupado a la práctica totalidad de los países del continente europeo, incluida Francia. Se prolongó 1.418 días como parte inalienable de la Segunda Guerra Mundial y ocasionó al país daños colosales y sufrimientos nunca vistos en la historia de la Humanidad. En aquella contienda la Unión Soviética de la que además de Rusia, formaban parte Ucrania, Bielorrusia, Kazajstán, Georgia, Armenia, Azerbaiyán, repúblicas bálticas y centroasiáticas perdió 26,6 millones de vidas humanas lo que constituye más de la mitad de las pérdidas sufridas durante la Segunda Guerra Mundial y las que se estiman en 50 millones de personas. Tan sólo en el territorio soviético ocupado las tropas hitlerianas mataron a 216.431 personas civiles y se llevaron forzosamente a Alemania a 5.269.513 hombres y mujeres de los que 2.164.313 perecieron en el cautiverio inhumano sumidos en la esclavitud.

La URSS tuvo que soportar el principal ataque devastador de las tropas hitlerianas (un 85% de las divisiones nazis combatían en el Frente Oriental, es decir, soviético) y durante largos años prácticamente a solas oponía resistencia en Europa al bloque fascista al que además de la Alemania de Hitler, pertenecían Italia de Mussolini, España de Franco, Hungría de Salasi, Rumania de Antonescu y algunos otros países. Al propio tiempo se veía obligada a mantener un contingente militar en el Lejano Oriente ante la amenaza de invasión por parte del Japón militarista, aliado de Alemania, que ya había desencadenado la guerra contra Estados Unidos.

Son enormes las pérdidas sufridas por la propia Alemania: más de 13 millones de personas entre muertos, heridos, apresados y desaparecidos. La guerra se cobró las vidas de más de medio millón de soldados italianos. Entre los países europeos ocupados las mayores pérdidas se registraron en Polonia (unos 6 millones de personas) y en Yugoslavia (1,7 millones). Francia perdió a 600.000 personas y Gran Bretaña, cuyo territorio no fue invadido por el Ejército alemán, pero se sometía a los continuos bombardeos aéreos y misilísticos con cohetes Fau-1 y Fau-2, casi 370.000 ciudadanos.

La Segunda Guerra Mundial segó y estropeó las vidas de más de un millón de estadounidenses. En la contienda murieron 407.316 ciudadanos de EE UU, 671.846 resultaron heridos y 78.751 fueron considerados como desaparecidos. China perdió a más de 5 millones de personas entre muertos y heridos y Japón, a 2,7 millones, mayoritariamente a los efectivos del Ejército imperial. Pero entre los japoneses muertos hubo 350.000 personas civiles de los que 270.000 perdieron la vida en los bombardeos atómicos lanzados los días 6 y 9 de agosto de 1945 sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki.

Aunque en otros continentes las pérdidas humanas no eran tan grandes como en Europa y en Asia -por ejemplo, 40.000 personas en Australia y Nueva Zelanda y 10.000, en Africa-, toda muerte violenta de un soldado, oficial, hombre, mujer, niño o anciano no es sino una catástrofe de proporción global que causa el dolor insoportable a sus parientes y altera la sucesión natural de las generaciones. También hoy en Rusia se dejan sentir los efectos demográficos de aquella guerra, a consecuencia de la cual no nacieron millones de niños que hubieran podido contribuir de una manera sustancial al avance de la Humanidad por el camino de progreso tecnológico y cultural y a la lucha contra las enfermedades, pobreza, hambre, epidemias y desastres naturales.

La Segunda Guerra Mundial también causó colosales daños materiales los que según los estimados de los economistas occidentales, superan la cifra de 4 billones de dólares. Esta suma comprende no sólo los gastos en la conducción de las acciones de combate y las pérdidas financieras sufridas a causa de la destrucción de las economías en los países de Europa y Asia. Además, se trata de las inversiones efectuadas en el periodo de preguerra (acumulación de reservas, dotación técnica y preparación de las Fuerzas Armadas, organización correspondiente de los teatros de operaciones, etc.), así como de los costos de reconstrucción de las empresas y ciudades destruidas y de lo gastado en el pago de intereses sobre empréstitos emitidos, de pensiones y subsidios… Durante la guerra los gastos militares de las naciones beligerantes sumaron los 1.117 mil millones de dólares de los que 695 mil millones correspondieron a los países de la coalición anti-hitleriana y 422 mil millones, a Alemania y sus aliados.

Entre 1941 y 1945 la Unión Soviética destinó a los fines militares 582,4 mil millones de rublos. Sería imposible imaginar el valor real de esta suma, facturándola en la moneda estadounidense o en cualquiera otra divisa convertible ya que en aquel entonces no existía relación alguna entre la economía soviética y la de las principales potencias mundiales. Basta señalar que los gastos bélicos directos del país constituían el 55% del producto nacional bruto frente al 43,4% en EE UU; 55,7% en Gran Bretaña; 67,8% en Alemania; 49,7% en Japón. Los daños directos que las tropas hitlerianas ocasionaron destruyendo los valores materiales en el territorio de Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Moldavia y de las repúblicas bálticas constituyeron un 41% de las pérdidas económicas sufridas por los países que participaron en la Segunda Guerra Mundial.

Los invasores alemanes destruyeron y quemaron total o parcialmente 1.710 ciudades y poblados urbanizados, más de 70.000 aldeas y 6 millones de edificios, dejando sin techo a casi 25 millones de personas. Además, redujeron a escombros 32.000 empresas industriales, inutilizaron las vías férreas de 65.000 kilómetros de extensión, devastaron 98.000 cooperativas agrícolas, 1.876 granjas en propiedad del Estado y 2.890 centros de maquinaria agrícola. Las tropas hitlerianas aniquilaron o sacaron a Alemania 7 millones de caballos, 17 millones de cabezas del ganado bovino, 20 millones de cerdos, 27 millones de ovejas y cabras y un sinnúmero de aves domésticas. En términos de valor, los daños directos ocasionados a la economía nacional de la Unión Soviética se evalúan en 1.000 mil millones de rublos, cifra equiparable con el 30% de la riqueza nacional del país.

También otros países ocupados sufrieron exorbitantes pérdidas materiales. En Polonia las tropas alemanas destruyeron un 40% del patrimonio nacional, o sea, el fruto del esfuerzo laboral de dos generaciones de los polacos. En Yugoslavia fueron destruidos un 40% de las empresas industriales y 300.000 explotaciones agrícolas. Las pérdidas materiales de Francia alcanzaron la cifra de 21,5 mil millones de dólares. Los daños económicos ocasionados a Estados Unidos sumaron los 1.267 millones de dólares lo que constituye el 0,4% del total de las pérdidas sufridas por los países que participaron en la Segunda Guerra Mundial.

Pero basta de hablar de las pérdidas y las heridas sangrientas que frenaron el desarrollo de la Humanidad, provocaron el desbarajuste económico y el hambre que reinó en muchos países de Europa y Asia durante largos años transcurridos desde el término de la contienda y escindieron el mundo en dos sistemas políticos enfrentados entre sí con fermentos de una nueva confrontación que dio lugar a la “guerra fría”. Importa prestar la atención a los aspectos positivos de aquella guerra y a las lecciones que nos dio. La enseñanza principal radica en que solo la acción conjunta y el esfuerzo mancomunado de todas las fuerzas progresistas del planeta, indistintamente de las preferencias políticas e ideológicas, permitirán conjurar las amenazas de alcance global.

La coalición antihitleriana que se forjó durante la Segunda Guerra Mundial y estuvo integrada por las naciones con sistemas políticos diferentes como la URSS, EE UU, Gran Bretaña y Francia, así como la ayuda económica y militar mutua en el seno de la misma hicieron posible evitar las pérdidas de mayores proporciones, aproximaron la fecha del derrumbe del fascismo europeo y facilitaron obtener la victoria sobre el enemigo común, victoria que Rusia llama “fiesta que arranca lágrimas”. Además, predeterminaron la capitulación del Japón militarista lo que dio por terminada la guerra en Asia. Tal alianza, pese a las contradicciones provisionales que podrían aflorar en su seno, es de suma importancia en el momento actual para dar respuesta a los desafíos del siglo XXI, entre ellos el terrorismo internacional, la proliferación de las armas de destrucción masiva y de las tecnologías misilísticas, el extremismo religioso y el narcotráfico.

Rusia, que sufrió todos los horrores de la Segunda Guerra Mundial, país que cayó víctima principal de aquella contienda y se desveló como uno de los principales vencedores de la misma, secunda sin reservas la mencionada alianza, rigiéndose por el lema nacido durante aquellos inolvidables tiempos de guerra que dice: “!Los pueblos unidos jamás serán vencidos!”

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