¿Una Francia cada vez más débil?

Luego de las elecciones presidenciales

Por Roberto Aguirre

APM

La ausencia de una agenda exterior clara y la cercanía con Washington anunciada por Sarkozy demuestran que el país galo ha perdido peso político dentro del plano internacional.

Las crónicas del día después de la victoria de Nicolas Sarkozy en las elecciones presidenciales en Francia sobreabundaron. La mayoría de los analistas se centraron en describir la victoria del candidato, que triunfó con un 53,06 por ciento de los votos en la segunda vuelta frente al 46,94 por ciento de la socialista Ségolène Royal, poniendo el foco en el conservadurismo de cuño “tatcheriano”, que se desprende de su lista de programa de gobierno para los próximos años en el país galo.

Sin embargo, poco se dijo de la política internacional que impulsará Sarkozy. Esto se debe principalmente a dos motivos. El primero de ellos es que ninguno de los candidatos con chances a ganar, entre ellos el propio Presidente Electo, incluyó ese tema de manera expresa en su agenda. El otro, es que Francia ha perdido peso estratégico dentro de la coyuntura internacional, cosa que se deduce, a primera vista, de la anterior afirmación.

En el primer discurso luego de ganar las elecciones, Sarkozy afirmó que “Francia está de vuelta en Europa”. Esa fue una de las pocas menciones con respecto a la política exterior del país, a propósito de la voluntad del futuro mandatario de lograr una suerte de minitratado, para remediar el “no” de la sociedad francesa a la Constitución de la Unión Europea (UE) votado en 2005.

Quizás las palabras más trascendentes fueron aquellas que demostraron, una vez más, que el Presidente Electo pretende disputarse con Inglaterra el rol de “potencia aliada” a Washington. “Estados Unidos puede contar con la amistad de Francia (…) que estará siempre a su lado cuando la necesiten” aseguró Sarkozy, que en reiteradas oportunidades demostró su cercanía al presidente George Bush, a tal punto que, luego de su visita a la Casa Blanca, los medios comenzaron a llamarlo “el americano”.

Las intención de acercarse a Estados Unidos es uno de los puntos donde el futuro mandatario pretende diferenciarse con el actual presidente francés (su mandato termina el 16 de mayo) Jacques Chirac. De hecho, planteó en reiteradas oportunidades que el hecho de que Francia, no apoyase la invasión a Irak en 2003, fue un retroceso en términos de diplomacia. Igualmente, tiene una postura mucho más enérgica para con Irán y su desarrollo nuclear, en la que defiende la aplicación de sanciones más duras que las impulsadas por Naciones Unidas.

El otro punto que reviste importancia dentro de las pocas palabras de Sarkozy con respecto a la futura política exterior francesa, es el rotundo no a la inclusión de Turquía dentro de la UE, tema que adquiere importancia debido a la agitada situación política en Ankara, donde el debate se centra entre tener un gobierno islámico o laico.

De Latinoamérica no hubo palabras en toda la campaña, y recién en el discurso pos electoral del lunes, Sarkozy hizo una breve mención a favor de la liberación de la política colombiano – francesa Ingrid Betancourt secuestrada desde 2002 por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Sobre esta virtual indiferencia, la agencia Notimex recoge el testimonio de investigadores del Instituto de Altos Estudios de América Latina (IHEAL) dependiente de la Universidad parisina de La Sorbona, quienes, lisa y llanamente, afirman que Sarkozy “no conoce la realidad latinoamericana”.

Caso similar es el de Africa, que prácticamente no apareció en la agenda de los candidatos ni del propio Sarkozy. Pero esta situación reviste una particular gravedad ya que entre ese continente y Francia, existen lazos cercanos, herencia del colonialismo. El secretario general de Survie -organización no gubernamental francesa, cuyo objetivo es la mejora de las relaciones entre Francia y el continente más pobre del mundo-, Fabrice Tarrit, explicó a la agencia Europa Press que los candidatos “no hacen alusión a la política internacional en sus programas y menos a la política francesa en África”, a lo que agregó que la mayoría de ellos se ha referido a ese continente “como un problema relacionado con la inmigración”.

Esta falta de definiciones de Sarkozy en el plano internacional no hace más que demostrar la pérdida de peso político de Francia, potencia nuclear y espacial y uno de los cinco países en el Consejo de Seguridad de la ONU, cuya voz dejó de tener la importancia que tenía años atrás. De ahí que el tema internacional no seduzca a los electores, y que la mayoría de los medios de comunicación centren sus análisis en las repercusiones de las elecciones en la política doméstica de Francia, donde Sarkozy promete medidas ultra neoliberales como la flexibilización laboral, restringir derechos a los sindicatos, endurecer las medidas para la inmigración y recortar subsidios sociales, entre una larga lista.

Asimismo, la probable alineación de Francia a las políticas de Washington, también es un signo de debilidad, que el propio Chirac nunca quiso mostrar. La condescendencia de Sarkozy con las políticas de George Bush, demuestra que el país galo carece de cintura para crear una agenda internacional propia que se oponga, o que por lo menos busque distanciarse, del unilateralismo de Estados Unidos.

Uno de los eslóganes políticos en la campaña del Presidente Electo llamaba a enterrar el mayo francés. Este discurso se centró en cautivar a los sectores medios y altos del país, asustados con la juventud marginal de las periferias urbanas (donde volvió a haber incidentes luego de conocerse el resultado de las elecciones), y fue el equivalente de poner “orden” frente al “caos imperante”.

No es muy arriesgado afirmar que aquellas jornadas del `68, que hicieron tambalear al gobierno de Charles de Gaulle, hayan sido el último acontecimiento francés de trascendencia que tuvo real impacto en la comunidad internacional. Como un fiel reflejo del retroceso del país galo dentro del concierto de naciones, Sarkozy dictó el acta de defunción de aquel histórico proceso y, quizás, de la importancia política que otrora tuviera la propia Francia dentro de la coyuntura mundial.

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