Nicolás Sarkozy presidente, Francia más a la derecha

Fausto Triana

Prensa Latina

Nicolás Sarkozy se convirtió ayer en el sexto presidente de la V República de Francia, con ventaja de seis puntos sobre la socialista Ségoléne Royal, en la segunda vuelta de las elecciones realizadas este domingo.

Sarkozy confirmó los pronósticos y se impuso a Royal, en otro espléndido domingo primaveral, que sirvió también para exacerbar las pasiones de sus detractores, temerosos de un marcado giro a la derecha del país galo.

Los primeros resultados oficiales, todavía no definitivos, señalan que Sarkozy obtuvo el 53 por ciento de los votos, por 47 Royal.

Abogado de 52 años de edad, con amplia experiencia en la política, el hasta hace poco ministro del Interior cumplió el sueño de su vida y será en breve el sustituto de Jacques Chirac en el Palacio del Elíseo.

En la V República sólo han ocupado la más alta responsabilidad francesa cinco personas, Charles de Gaulle (1958-1969), Georges Pompidou (1969-1974), Valery Giscard d Estaing (1974-1981), Francois Mitterrand (1981-1995) y Jacques Chirac (1995-2007).

De tal forma Sarkozy inscribe su nombre en la historia francesa por un período de cinco años, con derecho a reelección. Aunque tiene la facultad de designar al primer ministro, deberá confiar en que su partido alcance una posición prominente en las legislativas.

Coherente con su plataforma conservadora, con tintes cambiantes hacia sus ideas liberales o en el compromiso ineludible con las clases más poderosas, asumirá la jefatura de Estado en medio de grandes expectativas.

Titular de la Unión por un Movimiento Popular (UMP), dinámico y provocador, Sarkozy se comprometió a lanzar una “ruptura tranquila”, guardando distancias sobre los manejos de Chirac, quien termina con bajos índices de popularidad.

Anticipa también un nuevo modelo social basado en el trabajo, el orden y la autoridad. Precisamente son esos los aspectos que más temen no pocos franceses, que consideran a Sarkozy una amenaza a las conquistas de tantos años y enemigo de los inmigrantes.

Sus correligionarios lo consideran un hombre de gran energía y honesto que sabrá dar seguridad a los ciudadanos y sacará a Francia de su actual crisis económica.

De madre francesa y padre húngaro, además de orígenes griegos, Sarkozy tiene una experiencia de más de tres décadas en la vida política.

A los 19 años ya dirigía las juventudes de la derecha francesa y a los 28 se convirtió en alcalde de Neuilly sur Seine, una ciudad burguesa a las afueras de París.

Cuando asumió la dirección de la UMP en el 2004 comenzó a hilvanar con más intensidad la idea de postularse para la presidencia de Francia. Poco a poco, fue desbrozando el camino y con gran habilidad quitó del medio a poderosos rivales.

Entre ellos al premier saliente, Dominique de Villepin, y al propio Chirac.

Está casado actualmente con Cecilia, de nacionalidad española, pero el matrimonio pareció naufragar años atrás y es una de las incógnitas de los franceses.

Cifra récord y celebraciones por Sarkozy en Francia

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Alan García, todo por el Norte, nada por Perú

Hedelberto López Blanch

Rebelión

El presidente peruano Alan García esta tratando de convertirse por todos los medios en el mejor aliado de la administración estadounidense de George W. Bush para contrarrestar la fuerza que ha tomado desde la fundación hace tres años la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), impulsada por Venezuela y Cuba.

En su obstinada carrera por destacarse ante el poderoso e históricamente anexionista vecino del norte, García ha viajado en los últimos cuatro meses en dos ocasiones a Washington para rogarle al presidente Bush que presione al Congreso de su país para que se apruebe el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre ambas naciones.

También ha aprovechado la ocasión para implorarle apoyo a senadores y representantes estadounidense que aun no están convencidos del TLC con Perú y los cuales Adan les ha ofrecido toda clase de concesiones.

Los congresistas se oponen porque al establecerse algunas empresas en Perú, podrían disminuir los puestos de empleos en el Norte, y además insisten en que se les otorguen mayores prebendas a las compañías transnacionales. Es decir, lo entregas todo o no te haremos el favor.

Las modificaciones y cambios acrecentarían las desventajas que ya implica para Perú un TLC. Entre las exigencias aparece la de ratificar sin enmiendas el capítulo 10 del Tratado que al posibilita a las empresas estadounidenses proceder legalmente contra el gobierno peruano y exigir compensaciones extraordinarias, en caso de que promulgue leyes que atenten contra sus intereses económicos.

De esa forma y como ya se ha hecho con los TLC con Centroamérica, México, Chile y Colombia, Perú no podrá acudir a los tribunales nacionales cuando se presenten diferencias.

Las decisiones de los mecanismos de resoluciones de disputas internacionales son inapelables, las audiencias casi siempre son secretas y los Estados pueden ser demandados pero no pueden reclamar a los inversionistas.

De un solo brochazo, el gobierno peruano no podrá promulgar normas de protección del medio ambiente, ni contra productos nocivos que afecten la salud de sus ciudadanos si eso afectara el desarrollo de las operaciones productivas y las ganancias de las empresas transnacionales.

Aunque el capítulo 10 del TLC condiciona la soberanía del gobierno para tomar medidas en caso de presentarse diferencias con los capitales foráneos, el ministro de Producción de Perú, David Lemor, declaró que “todos los convenios económicos buscan primeramente la protección de las inversiones y por tanto no cambiaremos las reglas de juego que hemos expuesto para la inversión extranjera”.

En un enorme intento por superar al anterior presidente Alejandro Toledo, quien tampoco desperdició esfuerzo para alcanzar el acuerdo preliminar de libre comercio con Estados Unidos, Alan García dijo que la ratificación del tratado “definirá el futuro de América Latina, pues si (…) este modelo de democracia con inversiones y libre comercio funciona en Perú, otros países tendrán que seguirlo”.

Toledo, primero, y García después, se han negado a realizar un referendo nacional para que el pueblo conozca sobre las posibles ventajas o desventajas del TLC y decida al respecto.

En cuanto se ponga en funciones el Tratado, se eliminarán los aranceles a dos tercios de las exportaciones mercantiles y agrícolas de Estados Unidos a Perú, a pesar de que Washington continuará otorgando millonarios subsidios a sus cosechadores.

Las medidas pondrán en crisis a la agricultura peruana que se dedica a monocultivos manuales, sin recursos financieros para comprar fertilizantes o implementos agrícolas que le permitan competir con los super industrializados productores estadounidenses.

Datos oficiales indican que el 22 % de la población vive de la agricultura, es especial los productores de maíz, sorgo, mijo, arroz, trigo, algodón y azúcar.

Las declaraciones de Luis Zúñiga, presidente de la Convención del Agro son concluyentes cuando asevera que “resulta lamentable entregar el mercado peruano al norteamericano mediante el cual se condena a la quiebra segura al 97 % del sector agrario nacional”.

Pese a que desde hace varios años el PIB peruano ha estado en constante crecimiento y en 2006 llegó a un 8 %, la mitad de sus 28 millones de habitantes se encuentran en la pobreza porque las riquezas del país van a parar a las arcas de las transnacionales que controlan las principales fábricas y la extracción de minerales.

Otra de las órdenes impuestas por Washington a Lima es la de proteger durante cinco años los datos de prueba de los fármacos. De esa forma, no se podrán vender en el país medicamentos genéricos, que son más baratos, medida que afecta a la mayoritaria población empobrecida.

Al remover las barreras comerciales de los servicios y proveer un marco legal seguro para los inversores, las transnacionales estadounidenses podrán controlar renglones fundamentales como la electricidad, agua, educación y otros.

Pero Alan Gracía continuará adelante. Tras su segunda visita a Washington declaró “Creo que, naturalmente, los políticos americanos valoran mucho que haya cercanía personal. Su forma de actuar exige mucha presencia y saber que hay un compromiso”. Los comentarios huelgan.

La tragedia que amenaza a nuestra especie

Fidel Castro Ruz

Granma

No puedo hablar como economista o como científico. Lo hago simplemente como político que desea desentrañar los argumentos de los economistas y los científicos en un sentido u otro. También trato de intuir las motivaciones de cada uno de los que se pronuncian sobre estos temas. Hace solo veintidós años sostuvimos en Ciudad de La Habana gran número de reuniones con líderes políticos, sindicales, campesinos, estudiantiles, invitados a nuestro país como representantes de los sectores mencionados. A juicio de todos, el problema más importante en aquel momento era la enorme deuda externa acumulada por los países de América Latina en 1985. Esa deuda ascendía a 350 000 millones de dólares. Entonces los dólares tenían un poder adquisitivo muy superior al dólar de hoy.

De los resultados de aquellas reuniones enviamos copia a todos los gobiernos del mundo, con algunas excepciones como es lógico, porque habrían parecido insultantes. En aquel periodo los petrodólares habían inundado el mercado y las grandes transnacionales bancarias prácticamente exigían a los países la aceptación de elevados préstamos. De más está decir que los responsables de la economía aceptaron tales compromisos sin consultar con nadie. Esa época coincidió con la presencia de los gobiernos más represivos y sangrientos que ha sufrido el continente, impuestos por el imperialismo. No pocas sumas se gastaron en armas, lujos y bienes de consumo. El endeudamiento posterior creció hasta 800 000 millones de dólares mientras se engendraban los catastróficos peligros actuales, que pesan sobre una población que en apenas dos décadas y media se ha duplicado y con ella el número de los condenados a vivir en extrema pobreza. En la región de América Latina la diferencia entre los sectores de la población más favorecida y los de menos ingresos es hoy la mayor del mundo.

Mucho antes que lo que ahora se debate, las luchas del Tercer Mundo se centraban en problemas igualmente angustiosos como el intercambio desigual. Año tras año se fue descubriendo que las exportaciones de los países industrializados, elaboradas generalmente con nuestras materias primas, se elevaban unilateralmente de precio mientras el de nuestras exportaciones básicas se mantenía inalterable. El café y el cacao —para citar dos ejemplos— alcanzaban aproximadamente 2 000 dólares por tonelada. Una taza de café, un batido de chocolate, se podían consumir en ciudades como Nueva York por unos centavos; hoy se cobra por ellos varios dólares, quizás 30 o 40 veces lo que costaba entonces. Un tractor, un camión, un equipo médico, requieren hoy para su adquisición varias veces el volumen de productos que se necesitaba entonces para importarlos; parecida suerte corrían el yute, el henequén y otras fibras producidas en el Tercer Mundo y sustituidas por las de carácter sintético. Mientras, los cueros curtidos, el caucho y las fibras naturales que se usaban en muchos tejidos eran sustituidos por material sintético de sofisticadas industrias petroquímicas. Los precios del azúcar rodaban por el suelo, aplastados por los grandes subsidios de los países industrializados a su agricultura.

Las antiguas colonias o neocolonias, a quienes se les prometió un porvenir maravilloso después de la Segunda Guerra Mundial, no despertaban todavía de las ilusiones de Bretton Woods. El sistema estaba diseñado de pies a cabeza para la explotación y el saqueo.

Al inicio de esta toma de conciencia no habían aparecido todavía otros factores sumamente adversos, como el insospechado derroche de energía en que caerían los países industrializados. Estos pagaban el petróleo a menos de dos dólares el barril. La fuente de combustible, con excepción de Estados Unidos donde era muy abundante, estaba fundamentalmente en países del Tercer Mundo, principalmente en el Oriente Medio, además de México, Venezuela y ulteriormente en África. Pero no todos los países calificados en virtud de otra mentira piadosa como “países en desarrollo” eran petroleros, 82 de ellos son los más pobres y como norma necesitan importar petróleo. Les espera por tanto una situación terrible si los alimentos se transforman en biocombustibles, o agrocombustibles como prefieren llamarlos los movimientos campesinos e indígenas de nuestra región.

La idea del calentamiento global como terrible espada de Damocles que pende sobre la vida de la especie, hace apenas 30 años ni siquiera era conocida por la inmensa mayoría de los habitantes del planeta; aún hoy existe gran ignorancia y confusión sobre estos temas. Si se escucha a los voceros de las transnacionales y su aparato de divulgación, vivimos en el mejor de los mundos: una economía regida por el mercado, más capital transnacional, más tecnología sofisticada, igual a crecimiento constante de la productividad, del PIB, del nivel de vida y todos los sueños del mundo para la especie humana; el Estado no debe interponerse en nada, no debiera incluso existir, excepto como instrumento del gran capital financiero.

Pero las realidades son tercas. Uno de los países más industrializados del mundo, Alemania, pierde el sueño ante el hecho de que un 10 por ciento de la población está desempleada. Los trabajos más duros y menos atractivos son desempeñados por los inmigrantes que, desesperados en su creciente pobreza, penetran en la Europa industrializada por todos los agujeros posibles. Nadie saca al parecer la cuenta del número de habitantes del planeta, que crece precisamente en los países no desarrollados.

Más de 700 representantes de organizaciones sociales se acaban de reunir en La Habana para discutir sobre varios de los temas que en esta reflexión se abordan. Muchos de ellos expusieron sus puntos de vista y dejaron entre no-sotros imborrables impresiones. Hay material abundante sobre el cual reflexionar, además de los nuevos sucesos que ocurren cada día.

Ahora mismo, como consecuencia de la puesta en libertad de un monstruo del terror, dos personas jóvenes que cumplían un deber legal en el Servicio Militar Activo, aspirando a disfrutar del consumismo en Estados Unidos, asaltaron un ómnibus, forzaron con su impacto una de las puertas de entrada de la terminal de vuelos nacionales del aeropuerto, llegaron hasta un avión civil y penetraron en él con los rehenes, exigiendo el traslado al territorio norteamericano. Días antes habían asesinado a un soldado que estaba de posta, para robar dos fusiles automáticos, y en el propio avión privaron de la vida con cuatro disparos a un valiente oficial que, desarmado y capturado como rehén en el ómnibus, intentó evitar el secuestro de la nave aérea. La impunidad y los beneficios materiales con que se premia desde hace casi medio siglo toda acción violenta contra Cuba, estimula tales hechos. Hacía muchos meses no ocurría nada parecido. Bastó la insólita liberación del conocido terrorista, y de nuevo la muerte visitó nuestros hogares. Los autores no han sido juzgados todavía, porque en el transcurso de los hechos ambos resultaron heridos, uno de ellos por los disparos que hizo el otro dentro del avión, mientras luchaban contra el heroico oficial de las fuerzas armadas. Ahora muchas personas en el exterior esperan la reacción de los Tribunales y el Consejo de Estado ante un pueblo profundamente indignado con los acontecimientos. Hace falta una gran dosis de serenidad y sangre fría para enfrentar tales problemas.

El apocalíptico jefe del imperio declaró hace más de cinco años que las fuerzas de Estados Unidos debían estar listas para atacar preventiva y sorpresivamente 60 o más países del mundo. Nada menos que un tercio de la comunidad internacional. No le bastan, al parecer, la muerte, las torturas y el destierro de millones de personas para apoderarse de los recursos naturales y los frutos del sudor de otros pueblos.

Mientras tanto el impresionante encuentro internacional que acaba de tener lugar en La Habana reafirmó en mí una convicción personal: toda idea siniestra debe ser sometida a críticas demoledoras sin concesión alguna.

La gran ilusión Sarkozy

Jean Bricmont

SinPermiso.info

Dos tercios de los franceses piensan que Francia va cuesta abajo, y ese es el motivo principal de que Sarkozy sea desde esta noche el próximo presidente de la República. Además, los medios de comunicación han preparado su acceso a la presidencia insistiendo propagandísticamente durante años y sin desmayo en el tema del declive de Francia, así como en el tema conexo de la inseguridad.

Hay muchas maneras de reaccionar a ese sentimiento; una es mostrar que las estadísticas utilizadas para “demostrar” ese declive son muy selectivas (vésase, por ejemplo, el artículo “La desinformación económica juega un papel capital en las elecciones francesas”, escrito por Mark Weisbrot). Pero se puede responder igualmente preguntándose por las soluciones que los declivistas proponen.

Mezclan éstos hábilmente dos problemas: el declive de Francia en relación con los países emergentes, sobre todo Asia, y el de Francia en relación con otros países industrializados, señaladamente EEUU e Inglaterra. La primera forma de “declive” es muy buena cosa: sólo significa que una parte del Tercer Mundo se desarrolla. Pero, como saben perfectamente que imitar a China y al India es cosa harto difícil, lo que proponen los declivistas es imitar el modelo anglosajón, capaz supuestamente de evitar el declive con una serie de medidas de flexibilización del trabajo, de destrucción de los derechos sociales adquiridos y de los servicios públicos, de medidas en materia de seguridad pública y de rearme moral.

Veamos, pues, la situación de su país favorito, los EEUU. Han gastado centenares de miles de millones de dólares en la invasión de Irak; han tenido allí miles de muertos, decenas de millares de heridos, y están allí completamente arrinconados; no pueden vencer, porque se han ganado la hostilidad de la inmensa mayoría de los iraquíes, pero no pueden irse porque sería el fin de su imperio. Así pues, van a seguir en Irak muchos años, van a perder allí todavía más hombres, más dinero y más prestigio, causando de paso sufrimientos inauditos e inútiles al pueblo iraquí. ¿Y por qué fueron a Irak? Entre otras, a causa de manipulaciones de la opinión pública en la cuestión de las armas de destrucción masiva. Tienen servicios de inteligencia que espían por el mundo entero, una prensa “libre” con medios gigantescos, universidades rebosantes de especialistas en todos los conflictos y problemas habidos y por haber en el planeta. Y a pesar de todo, no han sido capaces de entender cosas elementales, que hasta un niño que viaja a Oriente Medio comprende, y es a saber: que son detestados sobre todo por causa de su apoyo a Israel, y que cualquier intervención suya en la región está destinada a provocar un rechazo masivo. Si esa mezcla de incapacidad, ignorancia y arrogancia no es síntoma de una sociedad en declive, no sé yo muy bien qué pueda serlo. Francia, en cambio, que todavía en 2003 estaba gobernada por una elite “envejecida, anticuada, inadaptada al mundo, etc.”, pero capaz de pensar, no se metió en esa locura.

Pero eso no es todo: el resto del mundo, y Francia en particular, se supone que no deja de “imitar a EEUU”. Pues bien; imaginemos que, con un toque de barita mágica, el resto del mundo se pusiera realmente a imitar a EEUU. ¿De dónde vendrían entonces el petróleo y las otras materias primas que los EEUU importan en abundancia y sin las cuales su sociedad no podría sobrevivir mucho tiempo? ¿De dónde vendrían los trabajadores inmigrados, a menudo “clandestinos”, es decir, privados de derechos, o los productos importados a bajos precios (y no pagados, es decir, financiados por los déficit crecientes) que permiten a los trabajadores que perdieron sus empleos industriales mantener, mal que bien, su nivel de vida? ¿De dónde, finalmente, vendrían los cerebros que los EEUU saquean del resto del mundo, porque atraer con salarios elevados a gentes ya formadas sale mucho menos caro que financiar un verdadero sistema de educación de masas?

El hecho es que el modelo americano es inimitable, porque su simple supervivencia supone la existencia de un mundo exterior a los EEUU que no se les parezca. Es verdad que la situación es muy parecida en Europa, pero precisamente : el grado de semejanza con « el modelo americano » constituye la mejor vara para medir nuestro declive. Además, Francia no tiene el poderío de los EEUU, y es menor su capacidad para mantener temporalmente una situación insostenible a largo plazo.

La elección de Sarkozy es elegir la imitación acelerada del modelo americano, es decir, elegir el verdadero declive.

* Jean Bricmont, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO, es profesor de física en la Universidad de Louvain la Neuve, Bélgica. Es miembro del Tribunal de Bruselas. Su último libro acaba de publicarse en Monthly Review Press: Humanitarian Imperialism. Es sobre todo conocido en el mundo hispano por su libro –coescrito con el físico norteamericano Alan Sokal— Imposturas intelectuales (Paidós, 1999), un brillante y demoledor alegato contra la sedicente izquierda académica relativista francesa y norteamericana en boga en los últimos lustros del siglo pasado.

El debate prohibido

Ecuador y la Dolarización

Pablo Dávalos

Argenpress

Una espada de Damocles amenaza a la democracia ecuatoriana y al multitudinario apoyo del pueblo ecuatoriano para la realización de la Asamblea Constituyente. Una amenaza que, paradójicamente, es vista como oportunidad e incluso como una garantía de estabilidad. Se trata de la dolarización.

Desde el año 2000 en el que se impuso la dolarización, su tarea ha sido la de ir minando al país: ha destruido la pequeña producción campesina poniendo en riesgo la soberanía alimentaria. Ha destruido la pequeña y mediana producción industrial, generando desempleo y pérdidas de ingreso a miles de familias. Ha desquiciado al sistema de precios con distorsiones que han multiplicado por diez a la canasta familiar en menos de una década y ha destrozado la capacidad adquisitiva del salario que apenas cubre menos de un tercio de esta canasta básica.

Ha provocado un profundo intercambio desigual entre el sector rural y el sector urbano. Ha incentivado una deriva consumista que se refleja en el mayor déficit comercial en toda la historia del país, un déficit oculto por los altos precios del petróleo. Ha provocado una enorme migración de ecuatorianos en búsqueda de trabajo en el extranjero.

Ha polarizado la concentración del ingreso, al extremo que el 20% más rico de la población dispone de más del 50% de la renta nacional, mientras que el 20% más pobre no llega a participar ni del 4% de la renta nacional. Ha incentivado los comportamientos rentistas de sectores medios de la población, y la demanda de asistencialismo en los sectores más pobres. Ha transformado el mercado financiero doméstico que ahora cobra tasas de interés desmesuradas en dólares, e incentiva la fuga de divisas y el endeudamiento externo agresivo por parte del sector privado, que recuerda a aquel proceso de los años setenta que condujo a la crisis de la deuda externa.

En el altar de la estabilidad el país sacrificó sus opciones y para salvar la moneda se sacrificó a la sociedad. Empero, y de manera paradójica, el debate sobre la dolarización es una cuestión casi prohibida. Se convierte en tema tabú. Se discute sobre la Asamblea Constituyente con una pasión democrática que es correlativa y proporcional al silencio que se impone a la discusión sobre la dolarización.

Es como si la dolarización no existiese. Como si al ser tocada por la discusión sobre la Asamblea Constituyente, la magia de la estabilidad económica pudiese desaparecer de forma instantánea.

Pero los hechos son tenaces, decía alguien cuyo nombre en estos tiempos de socialismo del siglo XXI es preferible obviar. Y esos hechos nos muestran una economía en descalabro y una sociedad fracturada, y un esquema monetario que empieza a hacer aguas y cuyo colapso, a más de inminente, parece más próximo de lo que quisiéramos.

Es de preguntarse entonces: ¿por qué tanto silencio sobre un tema tan importante? ¿Por qué tanto miedo por algo que nos compromete de manera tan radical? ¿Por qué el debate sobre la Constituyente excluye un tema tan crucial para el país como la dolarización?

Si la dolarización está destruyendo la economía y la sociedad ecuatoriana ¿por qué no aprovechar el momento político creado por la Constituyente para una salida ordenada de la dolarización? ¿Por qué aquellos que antes denostaban la dolarización, y con justa razón además, ahora por el hecho de estar en el gobierno aparecen como sus más tenaces defensores? ¿Es la dolarización solamente un tipo de cambio fijo basado en la sustitución monetaria, o es algo más? ¿Si cambiar la moneda de un país fuese buen negocio, porqué ningún país de América del Sur lo ha intentado?

Esta negación a debatir sobre una salida ordenada de la dolarización acota los términos de la reforma política que se pretende realizar al tenor de la próxima Asamblea Constituyente. Porque no sería justo para el enorme movimiento ciudadano que lo respalda y por todas las expectativas que se han provocado, que la Asamblea solamente trate temas de forma, como la despolitización de los órganos de control, de justicia o de elecciones; y deje de lado los temas de fondo como la dolarización y el modelo económico.

Porque la dolarización no es solamente un esquema monetario que otorga certezas para decisiones económicas en el corto y mediano plazo, sino que es el centro de gravedad del modelo neoliberal. Y el modelo neoliberal no se reduce a un conjunto de recomendaciones en política fiscal, sino a la readecuación de las relaciones de poder en beneficio del capital financiero. Porque si no se sale de la dolarización en forma ordenada, no se ha cambiado el modelo económico neoliberal y las relaciones de poder que le son inherentes.

Quizá esto pueda parecer retórica, y quizá no pueda visualizarse la complejidad de lo que significa el modelo económico neoliberal, hasta que la dolarización finalmente colapse. Solo en esa circunstancia quizá pueda entenderse lo que significa realmente el modelo neoliberal, cuando los sectores medios de la población sean los más golpeados por la salida de la dolarización, y hayan descubierto que la Asamblea Constituyente, en la que tanto empeño y energías pusieron, finalmente no les servirá para defenderlos en esa crisis.

El colapso de la dolarización, si la Asamblea Constituyente no toma al respecto los correctivos necesarios, implicaría, al menos, tres fenómenos de alto costo para los mismos ciudadanos que ahora se movilizan por la Constituyente: el primero es el enorme costo de seguir asumiendo y pagando deudas en moneda dura, en la ocurrencia el dólar, con una moneda débil, es decir, la moneda que reemplazaría al dólar. Para cubrir esa diferencia, la única posibilidad es reducir el consumo familiar e incrementar los ingresos, en un ambiente de recesión económica, es decir, de pérdidas de empleos por falta de inversión.

El segundo fenómeno, hace referencia a la presión por la devaluación que harán los grupos de poder sustentados en la agroexportación; y, el tercero, es la crisis del endeudamiento externo privado que transferiría los costos de ese endeudamiento al Estado, un proceso que el país ya lo vivió a inicios de la década de los ochenta con la sucretización de la deuda externa privada. Hay que indicar, además, que los bancos no van a perdonar sus créditos en dólares y que serán los primeros en trasladar los costos de la devaluación a la tasa de interés, provocando más recesión y encareciendo más los créditos.

Para solventar los costos de esa crisis el gobierno tendría que adoptar un paquete de ajuste estructural, de aquellos definidos precisamente por el FMI, si no quiere que el costo de la salida de la dolarización implique una hiperinflación. Y el riesgo de la hiperinflación es real porque aquello que da sustento a la producción interna y que puede garantizar la estabilidad de la moneda nacional, ha sido destruido precisamente por la dolarización.

Las clases medias ecuatorianas intuyen el descalabro que significaría el fin de la dolarización. Estas clases medias, que son el soporte del movimiento ciudadano que presiona por la Asamblea Constituyente, quieren que la reforma política les garantice algo imposible: la estabilidad económica de la mano de la dolarización.

Por ello han puesto entre paréntesis a la dolarización. Porque saben que la estabilidad a la que apelan tiene su fundamento en el esquema monetario de la dolarización. Por ello también su insensibilidad con otros sectores de la población que ven en la dolarización una amenaza, como los campesinos, el subproletariado y los indígenas.

Estos sectores han sido invisibilizados del debate sobre la reforma política, porque sus intereses no coinciden con aquellos de las clases medias. Empero, las clases medias confunden su deseo con la realidad. No porque hayan cerrado toda discusión posible sobre la dolarización, ésta va a mantenerse de manera indefinida. No porque la hayan puesto entre paréntesis, la dolarización continuará dando piso al consumo y al rentismo de las clases medias. Hay límites para ello, y las clases medias lo intuyen. La historia conspira contra ellas. Los tipos de cambio fijo no son eternos. La estabilidad tan cara para sus expectativas es apenas una ilusión momentánea que se genera desde el poder.

En efecto, el sistema mundo capitalista ya conoce las consecuencias de lo que significan los tipos de cambios fijo, y la dolarización es uno de ellos. Estado Unidos no pudo sostener su tipo de cambio fijo basado en el patrón oro. Argentina tampoco pudo sostener la convertibilidad. No existe en la historia moderna, una sola sociedad que haya podido sostener de manera indefinida un tipo de cambio fijo. La experiencia empírica nos dice que los tipos de cambio fijo se agotan en el tiempo, cuando han cubierto todas las expectativas creadas y cuando se acaba el sacrificio que la sociedad hizo para financiarlo.

¿Entenderán las clases medias ecuatorianas las lecciones de la historia? Si la dolarización colapsa en medio de su búsqueda desesperada de estabilidad, ¿harán de la “izquierda” que ahora está en el gobierno la víctima propiciatoria de sus propios errores? ¿buscarán en la derecha más retrógrada el amparo para su estabilidad perdida y harán tabula rasa del texto constitucional de aquella Asamblea Constituyente que ellas mismas ayudaron a crear?