La caída de otro halcón

Wolfowitz se le acabó el crédito

Por Federico Casaletti | Desde la redacción de APM

El presidente del Banco Mundial está cerca de dejar la presidencia del organismo. Lo hará por el escándalo en el aumento ilegal de sueldos a su pareja. Sin embargo, desde que ocupó el cargo cometió excesos mucho más graves, “sin que nadie lo notara”.

Paul Wolfowitz, presidente del Banco Mundial (BM), tiene las horas contadas como director del organismo de crédito. Mientras él asegura que el verdadero problema del escándalo no es más que un cuestionamiento a su estilo de liderazgo al frente del banco, el Consejo Ejecutivo de la entidad está evaluando un posible pedido de dimisión o, aún peor, su destitución del cargo. Al mismo tiempo Estados Unidos, defensor a ultranza de su ex número dos del pentágono, ha decidido quitarle el apoyo incondicional a quien fuera uno de los promotores de la invasión a Irak.

“Sin duda ha habido un doloroso episodio para el banco y lo que se debe hacer es encontrar una salida para mantener la integridad de la institución, y por eso se deben discutir todas las posibilidades”, afirmó el vocero de la Casa Blanca, Tony Show. Con estas declaraciones, Washington le dio la espalda a su protegido por primera vez.

Wolfowitz se encuentra en medio del escándalo debido al ascenso y aumento salarial ilegal que le otorgó a su pareja Shaha Ali Riza, funcionaria de la institución.

Sin embargo, este hecho no puede hacer olvidar los “verdaderos” escándalos que han protagonizado en su historia el Banco Mundial y Paul Wolfowitz en particular.

El Banco Mundial fue creado en 1944 y sus principales propósitos siempre fueron conceder préstamos de bajo interés para reducir la pobreza y brindar apoyo económico a los países “en vías de desarrollo”. Pese a ello, el tiempo demostró que el organismo aplicó sucesivamente la máxima de “has lo que yo digo pero no lo que yo hago”.

El BM propuso ayudar a los países subdesarrollados, pero por el contrario, ha favorecido sistemáticamente a las naciones industrializadas, alentando la reubicación de industrias contaminantes de los países industriales en países pobres. En este sentido, uno de los grupos más perjudicados por la entidad bancaria han sido los pequeños agricultores, ya que propició el subsidio agrícola, pero beneficiando exclusivamente al sector agrícola industrializado.

Las pequeñas agriculturas familiares escasas veces han recibido los beneficios de riego y energía producidos por las grandes represas y al mismo tiempo, el reemplazo de cosechas de subsistencia por cultivos industriales, aún en áreas que no son apropiadas para ese propósito, ha diezmado aún más a los campesinos.

Aún peor: bajo el pretexto de financiar proyectos, el Banco Mundial ha desplazado a cientos de miles de personas –muchos de ellos campesinos– reubicándolos en zonas improductivas, sin mencionar el perjuicio que de por sí mismo significa el desplazar pobladores del lugar donde viven. Estos casos involucraron explotaciones de minas, contaminación a gran escala, deforestación, entre otras cosas.

Desde que Paul Wolfowitz tomó las riendas del banco en 2005, las cosas no cambiaron mucho. Más bien empeoraron. Este halcón “neocon”, llegó con un prontuario que incluía un fuerte rol dentro de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA), decisiva participación en el planeamiento de la invasión a Irak en 2003 y abierta adhesión a las ideas neoconservadoras y beligerantes iniciadas por Leo Strauss.

Así, la imagen del BM fue perdiendo credibilidad y ganando críticas día tras día. Naomi Klein, periodista de “The Nation” recordó que, bajo el mandato de Wolfowitz, una vez más el Banco Mundial fue siempre a contramano de las máximas declaradas en su creación en 1944: “Lo cierto es que la credibilidad del Banco estaba ya fatalmente comprometida cuando, a cambio de un préstamo, (N. del R: Wolfowitz) obligó a cancelar las becas para estudiantes en Ghana; cuando exigió a Tanzania privatizar su sistema hídrico; cuando para prestar ayuda en las devastaciones del Huracán Mitch, puso como condición la privatización del sistema de telecomunicaciones; cuando exigió “flexibilidad” laboral tras la catástrofe del tsunami asiático en Sri Lanka; cuando impulsó le eliminación de subsidios alimentarios tras la invasión de Irak”.

Por último, Klein recordó cómo Ecuador perdió la transferencia de los 100 millones de dólares que les tenía prometidos el organismo de crédito “sólo porque el país osó gastar una porción de sus rentas petroleras en salud y educación”.

Lo que debe sin dudas preocupar es que el tema en torno al sueldo de la “pareja sentimental” de Paul Wolfowitz fue el primer escándalo que ha sacudido masivamente al Banco Mundial y a su presidente, cuando se ha visto que a este conflicto lo han precedido graves actuaciones por parte de la entidad a nivel mundial. Difícilmente a los afectados por el tsunami en Asia les enorgullezca que al fin la cabeza de Wolfowitz va a rodar… por la maniobra que realizó con su novia-empleada.

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