CONDOLEEZZA RICE ABANDONO LA ASAMBLEA DE LA OEA SOLA Y DERROTADA.

Por Prensa MRE.

Estados Unidos se quedó solo en su petición de intervención de la Organización de Estados Americanos en Venezuela, afirmó el Ministro del Poder Popular para Relaciones Exteriores, Nicolás Maduro Moros, al comentar la participación de la Secretaria de Estado Condoleezza Rice en la Asamblea General del organismo hemisférico, y la posición asumida por los países de la región.

En su primer discurso en la plenaria de este lunes, Condolezza Rice pidió que una comisión de la OEA viaje a Venezuela a investigar la no renovación de la concesión a RCTV por considerar que ello estaría vinculado a los derechos humanos. De seguidas se produjo una enérgica respuesta del Canciller Maduro.

Tras una réplica, la funcionaria norteamericana abandonó el recinto sin escuchar la segunda intervención del Canciller venezolano, quien no solo se opuso a la petición de Rice, sino que la acusó de violentar la agenda de la reunión con el asunto de RCTV.

El tema original de esta Asamblea de la OEA , en torno al cual ya existía consenso previo, era el de la energía para el desarrollo sostenible.

“Los Estados Unidos han quedado solos en su agresión en contra de nuestra patria, de nuestro presidente Hugo Chávez, de nuestra democracia, de nuestro pueblo. Quedaron solos absolutamente”, dijo el Canciller Maduro al indicar, en posterior rueda de prensa, que Condolezza Rice, “se dedicó a agredir a nuestro país y a pedir una intervención en Venezuela”.

A juicio del Canciller Maduro, la intervención de la Secretaria de Estado demuestra la vinculación del gobierno norteamericano con la oposición venezolana y las manifestaciones recientes en Caracas.

“Fíjense como cuadra perfectamente la estrategia de esta oposición de derecha venezolana, articulada a la Embajada de los Estados Unidos, con la petición de la OEA. Ellos estaban buscando sangre en las calles de Caracas todos estos días, para pedir la intervención de la OEA. Como no pueden con el liderazgo del presidente Chávez, con la fortaleza de nuestro pueblo, entonces piden que vengan de afuera hacerles el trabajo que ellos son incapaces de hacer porque no tienen la razón, liderazgo, ni verdad ni proyecto”.

“Así que, en nombre del gobierno del presidente Chávez, de nuestra delegación y nuestro pueblo, nosotros procedimos –agregó el Canciller Maduro- con el debido respeto a Panamá, a responder la agresión con que envistió el gobierno de EE.UU contra nuestro país y les hemos dicho que si pretenden convertirse en paladines de los derechos humanos, que abran las cárceles de Guantánamo a la vista del mundo, que permitan que la construcción del muro en la frontera con México pueda ser supervisada por el mundo y que se investiguen los centenares de casos de desapariciones de hombres y mujeres en esos límites con México, que vienen de todos nuestros países, especialmente de El Salvador, Nicaragua, Guatemala, Colombia, Perú, Ecuador”.

En su primera réplica, la Secretaria de Estado norteamericano inasistió en el tema de la libertad de expresión y dijo que el discurso del Canciller venezolano podía ser transmitido por reconocidas cadenas de televisión de Estados Unidos.

Fue por ello que el Canciller Maduro le respondió que entonces debía el gobierno de EE.UU abrir las cárceles de Guatánamo y permitir un reportaje a Tves, “la nueva televisora social de Venezuela”, que incluya entrevistas a todas las personas que están presas allí. Planteó también que una comisión especial de la OEA supervise el muro en la frontera con México “y las violaciones de los derechos humanos que ocurren allí todos los días”.

Sobre el retiro intempestivo de la señora Rice de la sala, consideró que “es el reconocimiento de la derrota y el aislamiento en que está el gobierno de Estados Unidos en el hemisferio. Es un síntoma: se fue porque se sienten solos. Cuando ellos no estaban solos, bombardeaban los pueblos; cuando tenían sometidos a sus intereses a todos los gobiernos, invadieron a Guatemala y asesinaron a más de cien mil hombres y mujeres, eso ocurrió en 1954; invadieron a Panamá en 1990 y asesinaron, solo en un barrio, a 3000 hombres y mujeres que estaban durmiendo en sus casas; invadieron Grenada, Cuba, Nicaragua, República Dominicana, Haití; ponían y quitaban gobiernos; alentaron un golpe de estado contra Salvador Allende e instauraron a Pinochet. Ellos hacían lo que le viniera en ganas en el hemisferio”.

Según el Canciller Maduro, las cosas en el región han cambiado. “Hoy –dijo- en el hemisferio hay un nuevo liderazgo de dignidad acompañado por los pueblos y por eso hemos dicho que vamos a la construcción de una nueva OEA, que exprese de verdad nuevos valores. Nosotros estamos exigiendo relaciones de respeto a la soberanía, de igualdad. No somos subordinados de nadie, ni inferiores a nadie. Somos iguales entre iguales y así como respetamos y exigimos respeto. Aquí no hay un imperio que nos dicte lo que debemos hacer”.

También supone el Canciller venezolano que el retiro de Rice de la plenaria, constituyó un irrespeto a las delegaciones oficiales presentes. “Su retiro –dijo- también expresa un desprecio a la Asamblea General de la OEA cuando vio que no le podía imponer su criterio. Se retiró porque se sintió solo y derrotada”.

Agregó que los gobiernos norteamericanos “solamente utilizaron la OEA en el pasado para justificar invasiones, derrocamientos de gobiernos legítimos; para justificar sus abusos en la región. Hoy hay una nueva situación en el Continente. No somos menos ni inferiores a ellos y por tanto exigimos relaciones de iguales, de tú a tú, de respeto a la soberanía, a la igualdad. Qué esperamos?, seguir avanzando. Hoy hemos dado un paso gigantesco, que es hablarle con la verdad al imperio en su cara, con respeto, con altura. Pero las verdades que hemos dicho no las pueden desmentir”.

El Canciller venezolano denunció lo que estimó una posición “hipócrita” de Estados Unidos respecto al terma del terrorismo, que no solo se evidencia con las cárceles de Guantánamo “donde son llevados seres humanos como nosotros, que son capturados en aeropuertos del mundo y acusados arbitrariamente de ser terroristas. Si realmente son terroristas, que presenten las pruebas, pero que les garanticen un debido proceso, derecho a un abogado. Hay gente secuestrada allí y sus familiares no saben si están vivos o muertos”.

También en la lucha contra el terrorismo, el gobierno venezolano volvió a plantear el caso del anticastrista Luis Posada Carriles, autor de numerosos crímenes y cuya extradición ha solicitado reiteradamente Venezuela.

“Que nos entreguen a Posada Carriles –dijo el Canciller Maduro- que cuenta con la protección del gobierno de Estados Unidos, a pesar de ser un asesino de mil suelas, “el Bin Laden” de la familia Bush para América Latina”.

Al insistir en que a la OEA debe permitírsele investigar la suerte de centenares de personas capturadas, torturadas y asesinadas en la frontera entre Estados Unidos y México, el funcionario venezolano dijo: “Esos son los derechos humanos por los cuales tiene que preocuparse una nueva OEA sobre la base del respeto, porque nosotros queremos una nueva relación en el hemisferio”.

“En fin –añadió el Canciller Maduro- hemos denunciado un nuevo plan contra el gobierno del presidente Chávez, que financia y dirige el gobierno de Estados Unidos. Hoy ha quedado desnudo frente el mundo quien está detrás del plan contra el presidente Chávez nuevamente y le decimos, en nombre de la legitimidad del liderazgo del comandante Chávez, que ese plan lo vamos a derrotar con el pueblo de Venezuela y la solidaridad de los hombres y mujeres honestos de este Continente”.

A una pregunta sobre la libertad de expresión en Venezuela, afirmó que en el país “h ay una democracia floreciente, movilizada; un debate de ideas, de posiciones, abierto, libre como nunca antes”.

Señaló que durante los gobiernos anteriores cuando los estudiantes salían a reclamar “eran reprimidos, eran calificados de comunistas, ultraizquierdistas, locos, bochincheros, subversivos, guerrilleros, asesinos. Los medios de comunicación solamente expresaban a su casta. Hoy en Venezuela hay medios de comunicación y espacios para el debate público y los excluidos de ayer hoy son incluidos, millones y millones de hombres y mujeres que están en el debate público, así que Venezuela es una nación naciente, floreciente, en todos los aspectos de la democracia, la participación, la libertad de expresión. Habría que revisar en otras partes del mundo por qué le prohíben a los medios de comunicación sacar los nombres y las fotos de los 3.500 jóvenes norteamericanos que han muerto en Irak, ¿por qué no lo pueden publicar?, ¿qué ley lo prohíbe?, la Ley Patriota , ¿por qué los medios de comunicación, los periodistas y la OEA , no le preguntan al gobierno de Estados Unidos por qué le prohíbe a los medios de comunicación sacar las fotos de esos jóvenes, la mayoría de ellos latinoaericanos y afroamericanos. Igualitos a nosotros que los mandan a morir y a matar a Irak”.

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¿Están los líderes de India, China y Rusia preparados para un desarrollo radical?

Rajiv Sikri

Rediff/CEPRID

El tan esperado encuentro de cooperación entre los ministros de relaciones exteriores de India, China y Rusia, celebrado en Nueva Delhi, el 14 de febrero fue, por una parte, el más reciente entre la serie de encuentros trilaterales de este nivel realizados anualmente desde el año 2002.

Sin embargo, fue la segunda reunión autónoma. La primera tuvo lugar en Vladivostok en junio de 2005. Además, fue el primer encuentro de los tres ministros de relaciones exteriores, después de que sus mandatarios se reunieran en San Petersburgo en julio de 2006, en el marco de la cumbre del G-8. El hecho de que este último encuentro autónomo tuviera lugar en una de las capitales le dio comparativamente mayor perfil y visibilidad.

Rusia ha sido el promotor más agudo y la fuerza motor de la idea de estrechar la cooperación y consulta entre India, China y Rusia. La idea de cooperación trilateral fue propuesta por el primer ministro ruso, Yevgeny Primakov, en 1998.

Fue Rusia la que auspició primer encuentro de ministros de relaciones exteriores llevado a cabo en Nueva York; así como la primera reunión autónoma en Vladivostok, y la cumbre de líderes en San Petersburgo. El entusiasmo de Rusia por la cooperación trilateral es fácil de entender. De ser igual a Estados Unidos en fuerza (en su encarnación como Unión Soviética), fue relegada con desprecio, como por error, por el Occidente, a una irrelevancia estratégica después de la guerra fría.

Las iniciativas de Boris Yeltsin para que Rusia fuese aceptada por el Occidente como parte de el fueron rechazadas. Mientras tanto, a medida que la OTAN va penetrando progresivamente el Este hacia las fronteras con Rusia, y los Estados Unidos triunfa en la toma de posiciones seguras en los países vecinos y estratégicos de Rusia, especialmente Ucrania y Georgia, los temores por la seguridad de Rusia se intensifican.

Desde el punto de vista estratégico, Rusia sabe que por sí sola no es lo suficientemente fuerte para desafiar al occidente, específicamente a los Estados Unidos. China e India son los únicos países que juegan un rol protagónico y cuentan con suficiente autonomía para ser compañeros potenciales en este acto de balance estratégico.

Rusia pensó que establecer una relación entre los tres países, facilitaría el entendimiento entre India y China. Y además, minimizaría posibles contradicciones en las alianzas de Rusia con dos de sus más importantes compañeros y le evitaría tomar decisiones comprometedoras.

El encuentro de Nueva Delhi obligará a los Estados Unidos a tener más cuidado. Años atrás, cuando los Estados Unidos arremetía contra el mundo cual gigante, estos tres países consideraron prudente no provocarlo porque el riesgo de estos países ante los Estados Unidos era mucho mayor que entre sí.

Las primeras reuniones de los tres ministros de relaciones exteriores fueron formales y carentes de substancia, con una publicidad deliberadamente discreta. Ahora ha aumentado el poder militar y económico de estas naciones, así como la confianza en sí mismos y su voluntad de desafiar la visión del mundo de los Estados Unidos, aunque esto venga acompañado de reiteradas aclaratorias de que la cooperación trilateral “no atenta contra los intereses de ninguna otra nación”.

Obviamente los Estados Unidos sigue siendo sumamente importante para estos tres países, así que no se puede culpar a los ministros de relaciones exteriores por su precaución. Al mismo tiempo, la franca y significativa intervención del Presidente Vladimir Putin en la Conferencia de Seguridad de Múnich, mas las pruebas de armas anti-satélite de China y los esfuerzos de India para acercarse a Irán y Myanmar, son señales para los Estados Unidos de que estos tres países intentan seguir una política internacional independiente que sirva a sus respectivos intereses nacionales.

La Declaración Conjunta luego de la reunión de Nueva Delhi contiene interesantes matices en este sentido. Cabe destacar que su mayor énfasis está en la convergencia de visiones en los asuntos de relaciones exteriores, más que en áreas especificas de cooperación trilateral.

Según nos informaron, en una sutil critica a la política exterior y el comportamiento de los Estados Unidos, los ministros de relaciones exteriores destacaron el “fuerte compromiso” hacia la diplomacia multilateral de los tres países e intercambiaron visiones en cuanto a “cómo se están conduciendo actualmente las relaciones internacionales”.

Las discusiones sobre el desarrollo de los acontecimientos en Irán, Irak, Afganistán, el oeste de Asia y la península de Corea, pusieron de manifiesto los puntos en común en estos temas, así como una perspectiva global que se diferencia claramente de la de los Estados Unidos. El hecho de que no se haya mencionado específicamente nada sobre los temas de la región en la Declaración Conjunta, puede ser solamente porque los ministros consideraron prudente no provocar directamente a los Estados Unidos con una declaración formal sobre estos temas.

Seguramente emergerían más áreas de convergencia estratégica entre los tres países si Rusia y China aceptasen la propuesta de India, de acoger a finales de este año, un seminario trilateral con la participación no solo de académicos, sino también de funcionarios, en el marco del surgimiento de este desarrollo geoestratégico.

En el llamado a una “mayor distribución de recursos e influencias para el desarrollo”, y sus esfuerzos por un orden mundial “más estable y balanceado” a través de la institución de las Naciones Unidas los tres países, por primera vez, han señalado que ellos también, y no solo el Occidente, deben participar en la forma en la que el mundo está siendo gobernado y cómo sus limitados recursos están siendo explotados.

El desastre en Irak y la amenazante confrontación con Irán, explican su consenso en cuanto a que la cooperación y no la confrontación, con la importante participación de las Naciones Unidas, debe dominar las aproximaciones a los asuntos regionales y globales.

Asia Central también entró en la discusión. Aunque desde mediados del siglo 20, la política exterior de Rusia, China e India estuvo orientada hacia Europa, y el este y el sur de Asia respectivamente, las circunstancias de hoy día llevan a estos tres países a observar el desarrollo de los acontecimientos en Eurasia con mayor detenimiento.

Como potencias continentales cuyas puertas traseras se abren, respectivamente en la frágil, volátil, y estratégicamente importante región de Asia Central, es perfectamente lógico que India, China y Rusia estén explorando vías de cooperación para asegurar la paz y estabilidad de la región.

Esta convergencia estratégica de estos tres países, en el ámbito de la política internacional, se evidencia en su participación en la Organización de Cooperación de Shanghái, en Asia Central, en la cual Rusia y China son miembros, mientras que India es observadora.

Dada la debilidad institucional de los países de Asia Central, hay un gran potencial de peligro que emana de esta región y que puede amenazar la seguridad y estabilidad de los tres países. Precisamente en las regiones de India, China y Rusia, que son contiguas con Asia Central, existen tendencias separatistas y acciones terroristas.

Un tema central tratado en la reunión entre estos tres ministros, es el de las acciones terroristas y separatistas que enfrentan estos países, (Chechenia para Rusia, Xinjiang para China, y Cachemira para India).

Con estos antecedentes, no fue difícil acordar que no se puede justificar ningún acto de terrorismo, independientemente de sus motivos, así como el rechazo de preferencias o criterios dobles en la lucha contra el terrorismo. Hubo acuerdo en los términos conceptuales y en la intención de desarrollar una cooperación práctica en las estructuras multilaterales y regionales a través de acciones coordinadas entre los tres países. Queda esperar a ver cuáles son las formas de cooperación concretas.

La amenaza de EEUU

Adicionalmente, la presencia militar de los Estados Unidos en la región, que parece ser perpetua, representa una amenaza incipiente, sobre la que ninguno de estos tres países puede ser optimista. El hecho de que en la Declaración Conjunta, Rusia y China hayan acordado “facilitar activamente la contribución benéfica mutua de India para la Organización de Cooperación de Shanghai”, y la reciente declaración del embajador ruso en India, señalan que India será invitada muy pronto a ser miembro de la Organización central del Asia Central de Cooperación de Shanghai. Cuando esto suceda será un tema de preocupación estratégica para los Estados Unidos, que tiende a ver a esta Organización como una alianza en su contra.

Mientras que muchas ideas de cooperación trilateral se discutieron entre académicos en numerosas reuniones organizadas los últimos años entre los tres países, no se había observado un progreso que haya ido tan lejos. Los ministros identificaron como áreas prometedoras de cooperación y colaboración la energía, la infraestructura de transporte, la salud y la alta tecnología.

Con suerte, las reuniones de alto nivel propuestas y los encuentros de negocios en India a finales de año definirán áreas prácticas de cooperación económica entre los tres países.

Si los tres países tienen la voluntad de pensar de manera creativa y audaz, la energía es un área de cooperación mutua obviamente beneficiosa. La deficiencia de energía, el rápido crecimiento y la proximidad geográfica de India y China, los pueden convertir a largo plazo en mercados confiables para la plusvalía energética de Rusia. De ser así, los vastos recursos energéticos de Rusia deberían estar disponibles para el crecimiento de India y China, en lugar de estar dirigidos principalmente a los mercados de Occidente.

La considerable energía hidroeléctrica de Siberia y el Tíbet puede servir para transmitir electricidad vía Xinjiang y el Tíbet al gran mercado de India, sólo a través de las montañas. Los proyectos de oleoductos sobre tierra, de ser posibles técnica y económicamente, podrían transportar petróleo y gas de Rusia y el Caspio al mercado de India, vía China, así como al mercado global a través de los puertos de aguas cálidas de India.

Esto podría ser más económico y evitaría los riesgos asociados con la exclusividad del traslado de energía vía marítima. China actualmente está explorando rutas alternas vía Pakistán para transportar petróleo del Golfo a China.

Se podría encontrar una ruta marítima y terrestre vía la India, que sea más confiable y segura, sobre todo si hay una dependencia reciproca – India dependería del gas de Rusia y Asia Central, que pasaría por China hasta llegar a la India; y China dependería del petróleo del Golfo, que pasaría por la India, hasta llegar a China. Es por ello que invertir en proyectos energéticos en Rusia y cualquier otro lugar, así como los acuerdos de intercambios, son otras posibles áreas de cooperación entre estos tres países.

Otra área de cooperación muy importante potencialmente, es la alta tecnología. Si estos tres países unen sus recursos y combinan sus potencialidades, podrían emerger como un núcleo alternativo de desarrollo de tecnologías avanzadas y romper con el dominio tecnológico de Occidente. La tecnología de la información y la biotecnología ya han sido identificadas como áreas que merecen atención especial.

Se ha hablado de desarrollar una aeronave nacional que pueda romper el duopolio de Boeing y Airbus, y de cooperación en el campo farmacéutico, que podría significar un desafío para el cártel de compañías farmacéuticas americanas y europeas.

Al controlar entre los tres países cerca de un trillón y medio de dólares, para intercambio exterior, India, Rusia y China han hablado de cooperación en servicios financieros.

La reunión de los ministros de Relaciones Exteriores de India, China y Rusia ha colocado firmemente la cooperación trilateral en los carriles. Habrá reuniones de relaciones exteriores con regularidad. La siguiente será en China. Ya no existe la timidez ni la duda que caracterizaban las primeras reuniones. La atmosfera de las últimas reuniones fue muy buena, sus resultados sustanciosos, y el ánimo de los participantes, optimistas y seguros.

El aumento de las consultas y cooperaciones entre estos tres países constituye el intento más serio y convincente de construir un mundo multipolar. Pero, al menos por ahora, aun no hay alianzas estratégicas. Lo que vemos es una prueba de cómo en el complejo escenario global puede haber coaliciones entre naciones basadas en temas específicos. Son los frutos de al menos uno o dos grandes proyectos, como los indicados anteriormente, los que llevarán a estos tres países a una interdependencia mutua a largo plazo, que los guiará hacia una verdadera alianza estratégica.

Es por ello que se necesitan decisiones estratégicas conscientes. ¿Están los lideres de India, China y Rusia, preparados para un cambio radical conceptual para aprovechar las nuevas realidades geopolíticas del siglo XXI?

Rajiv Sikri es un ex miembro del Servicio Exterior de la India.

Tradución: Mey Cage

Rusia exhorta a los europeos a salir de la OTAN

43ª Conferencia de Munich sobre la seguridad

por Thierry Meyssan*

Durante su participación a la 43ª Conferencia de Munich sobre la seguridad, el presidente ruso Vladimir Putin criticó la política exterior de Estados Unidos y exhortó a los europeos a renunciar al pacto atlántico que los vincula a una potencia belicista de la que nada bueno pueden esperar. En el contexto de una posible intervención militar estadounidense contra Irán, Moscú crea un clima de división entre los «Aliados».

Desde 1962, responsables alemanes y estadounidenses se reúnen cada año en Munich en el marco de una conferencia sobre la seguridad. Presidida al principio por Ewald-Heinrich von Kleist-Schmenzin, quien participó en el complot dirigido el 20 de julio 1944 por el conde von Stauffenberg contra el entonces Reichsführer Hitler, esta conferencia es presidida actualmente por Horst Teltschik, un ex responsable de la Fundación Bertelsmann. Horst Teltschik ha dado a esta conferencia una nueva dimensión, valiéndose específicamente del apoyo del Council on Foreign Relations [1]. El propio Teltschik figura entre los consejeros del Council on Foreign Relations.

El encuentro correspondiente a este año 2007 se desarrolló del 9 al 11 de febrero en Bayerischer Hof. Allí se reunieron unas 270 personas. En el contexto de la creciente tensión entre Estados Unidos e Israel por un lado e Irán por el otro, esta 43ª conferencia debía constituir una ocasión de precisar las intenciones de Irán, el papel de la Unión Europea y la OTAN así como la posición de Rusia. La reunión se desarrollaba bajo el título de «Restaurar la asociación transatlántica», subrayando que el objetivo era la posible participación de los europeos en una acción contra Irán, luego de las divergencias surgidas cuando el ataque contra Irak.

La reunión se abrió con una cena de gala en la que la ministro israelí de Relaciones Exteriores, Tzipi Livni, pronunció un discurso. Los organizadores esperaban aportar así una justificación moral a una posible agresión contra Irán. La señora Livni repitió en tono lloroso que ningún otro Estado deseaba la paz más que Israel en el Gran Medio Oriente. Evocando en su intervención su primera visita al campo de exterminio de Auschwitz, Livni exhortó a los participantes a prevenir la repetición de tal horror. Después de cumplir con esta especie de ritual preliminar, la ministro israelí presentó durante unos veinte minutos el punto de vista de su país, sin detenerse ni un instante en tratar de darle la coherencia intelectual que se podría esperar de un responsable de su nivel. Es que lo esencial no estaba ahí.

En primer lugar, Tzipi Livni afirmó que los conflictos políticos han cedido lugar a los conflictos religiosos, conflictos que según ella no se pueden resolver por vía diplomática ya que «Los extremistas no luchan por la defensa de sus propios derechos sino por privar a los demás de los suyos ». Por consiguiente, el mundo –según Livni– se divide en extremistas religiosos y religiosos moderados. Y, en el seno del Islam, [se divide] entre extremistas chiítas y moderados sunnitas. Para defender la paz habría entonces que debilitar a los primeros y apoyar a los segundos.

Ninguno de los alemanes presentes se atrevió, después del recordatorio sobre Auschwitz, a señalar la manipulación neoconservadora de la cuestión religiosa tendiente a negar la existencia de conflictos políticos; ni a plantear interrogante alguna sobre este nuevo maniqueísmo que, luego de cinco años de propaganda contra Ben Laden, disuelve el espectro de al-Qaeda para convertir a todos los sunnitas en moderados y condenar a todos los chiítas al infierno reservado para los extremistas.

Prosiguiendo su intervención, Tzipi Livni le aplicó su código de lectura al Medio Oriente. Nos enteramos así de que la resistencia del Hezbollah socava la soberanía del Líbano y que el movimiento Hamas no representa las aspiraciones de los palestinos.

Tampoco apareció entonces nadie capaz de señalar que bombardear el Líbano es violar su soberanía y que la coalición a la cual pertenece el Hezbollah es actualmente mayoritaria en el Líbano y que el gobierno nombrado por Hamas también es mayoritario en Palestina. La retórica surrealista sobre el extremismo religioso no es otra cosa que una forma de desacreditar la soberanía de los pueblos.

La sesión del sábado 10 de febrero permitiría a la canciller alemana plantear la cuestión iraní y daría al presidente de la Federación Rusa la posibilidad de responderle. Los participantes habían previsto que Vladimir Putin criticara el proyecto estadounidense de despliegue del seudo sistema de defensa antimisil en Europa oriental y el proyecto de independencia de facto de Kosovo para negociar más fácilmente un retroceso ruso en cuanto a la cuestión iraní. Pero, sucedió todo lo contrario.

En la apertura de la sesión, luego de los saludos de rigor, la canciller Angela Merkel [2] explicó lo más seriamente del mundo que el paso de las amenazas simétricas de la época de la guerra fría a las amenazas asimétricas de la guerra contra el terrorismo hacía a la OTAN más necesaria que nunca. La señora Merkel presentó la actual presencia del ejército alemán en los teatros de operaciones de varios países como otras tantas pruebas del esfuerzo de su país por mantener el orden a nivel mundial: 3 500 hombres en Kosovo, 2 300 en Afganistán, 1 800 en Bosnia Herzegovina, 900 en Yibuti, 900 en Sudán, 900 en Kenya, 350 en Uganda, 350 en la República Democrática del Congo, 230 frente a las costa del Líbano, 200 en Uzbekistán, 50 en Macedonia y 11 en Georgia. Todas esas operaciones serían imposibles sin la cooperación intergubernamental y, en primer lugar, sin la OTAN que, recordó la señora Merkel, sirve para todo, hasta para garantizar la seguridad de la Copa Mundial de fútbol. Por lo demás, no hay contradicción entre la construcción de la Unión Europea y el fortalecimiento de los vínculos transatlánticos si se tiene en cuenta que la Estrategia europea de seguridad [3], la National Security Strategy de Estados Unidos [4] y el Concepto estratégico de la OTAN son ya casi idénticos.

Abordando la cuestión iraní, la señora Merkel declaró: «Irán ha ido, de forma voluntaria –me aterra tener que decirlo– y conciente, demasiado lejos. Tengo que agregar que estamos, claro está, obligados a responder a las provocaciones totalmente inaceptables del presidente iraní. Tengo que decirlo sobre todo porque es lo que me corresponde como canciller de Alemania. Un presidente que pone en duda el derecho de Israel a la existencia, un presidente que niega el Holocausto no puede esperar que Alemania muestre la menor tolerancia sobre estos temas. Hemos aprendido las lecciones de nuestro pasado ». Angela Merkel subrayó entonces que las sanciones contra Irán debían discutirse en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU, y por consiguiente, en consulta con Rusia, y que la posición de Moscú ejercería una indudable influencia en la de otros países.

El presidente del encuentro, Horst Teltschik, abrió la discusión, cuidándose mucho de señalar que, si Alemania aprendió las lecciones de su pasado, la canciller habría tenido que abstenerse de repetir las mentiras de la propaganda atlantista acusando injustamente al presidente Ahmadinejead de haber negado el Holocausto y de querer destruir a Israel [5]. Teltschik cedió la palabra al ministro italiano de Defensa, Arturo Parisi. En una intervención falsamente espontánea como supuesta reacción a las palabras de Angela Merkel, Parisi leyó un mensaje preparado en inglés que aportaba el apoyo de su país a la visión alemana de seguridad colectiva. Pero, yendo más allá que la canciller, tomándose la atribución de decir él lo que ella no había dicho por habérselo impedido la decencia, Parisi afirmó que no sólo la ONU sino también la Unión Europea y la OTAN podían «legitimar el uso de la fuerza para combatir la violencia injusta y restaurar la paz».

Cinco participantes hicieron preguntas. La del senador Joseph Lieberman no fue más espontánea que la intervención de Arturo Parisi. Lieberman interrogó a la canciller sobre Sudán, refiriéndose a la responsabilidad colectiva de detener un genocidio, para que ella pudiera retomar las tesis neoconservadoras del intervencionismo democrático, cosa que Merkel no dejó de hacer.

Horst Teltschik dio la palabra a Vladimir V. Putin [6]. Con voz decidida, el presidente de la Federación Rusa explicó que no había venido a la conferencia a congratular a los participantes sino a debatir y que si su punto de vista les parecía inútilmente polémico, el presidente de la sesión siempre tendría siempre la posibilidad de dar por terminado su turno al micrófono.

Los participantes se arrellanaron en sus asientos. Todos habían comprendido que Putin no había venido con intenciones de negociar el abandono de Irán sino que se preparaba para la carga con la rudeza que tanto aprecian los rusos cuando se trata de medirse al adversario.

Dándose el lujo de citar a Franklin Roosevelt para demostrar que su oposición a la política de George W. Bush no viene de una simple aversión a Estados Unidos, el presidente ruso subrayó que los conflictos localizados amenazan la paz global. Luego denunció el proyecto de un mundo unipolar con un único amo, un soberano único, o sea lo opuesto a la democracia; proyecto irrealizable ya que ningún Estado dispone de los medios necesarios para concretarlo y porque proviene de concepciones obsoletas. Vladimir Putin dio la estocada al designar por su nombre a Estados Unidos como un Estado «que desborda sus fronteras nacionales» y que sumerge al mundo «en un abismo de conflictos sucesivos» a tal punto que «ya nadie se siente seguro ».

Los participantes, estupefactos, guardaban silencio. ¿Qué mosca había picado al amo del Kremlin?

Retomando el aliento, el presidente ruso se refirió al creciente poderío de Brasil, de Rusia, de la India y de China, y al relativo retroceso de Estados Unidos y de la Unión Europea, como una forma de despertar a los europeos, de decirles que están siguiendo ciegamente a un Imperio en declive. También ironizó sobre ese Estado bárbaro que todavía practica la pena de muerte afirmando que lo hace sólo como último recurso, pero que masacra alegremente a miles de civiles ante la menor divergencia con otro Estado.

Volviéndose hacia el senador Lieberman, Vladimir Putin se ofreció para contestar la pregunta que éste le había planteado a la canciller Merkel: «¿Tenemos que mantenernos impasibles ante los diferentes conflictos internos en ciertos países, ante las acciones de los regímenes autoritarios, de los tiranos, ante la proliferación de las armas de destrucción masiva?». «Claro que no », las transformaciones pacíficas son posibles y el uso de la fuerza es siempre ilegítimo «cuando no existe una amenaza de exterminio recíproco ».

Después, improvisando aún sin mirar sus notas, Vladimir Putin se dirigió al ministro italiano de Defensa. Refiriéndose a la proposición según la cual la OTAN y la Unión Europea podrían determinar la legitimidad del uso de la fuerza, señaló que ese desprecio por el derecho internacional haría más frecuentes los errores graves y conduciría a los europeos al callejón sin salida en el que ya se encuentran los estadounidenses.

Los organizadores de la reunión, que esperaban fortalecer el vínculo transatlántico, oían consternados las palabras de Putin quien, en nombre de la democracia y de la paz, llamaba a los europeos a no solidarizarse con el comportamiento expansionista de Estados Unidos.

Como las malas noticias nunca vienen solas, Vladimir Putin pasó entonces a la cuestión del desarme. Empezando por los Tratados de Reducción de Armas Estratégicas (START y SORT), recordó que Rusia respetaba sus compromisos y exhortó a los presentes a aplaudir al secretario de Defensa estadounidense Robert Gates cuando lo oyeran declarar que haría lo mismo y que no trataría de disimular sus arsenales.

Sentado en primera fila, el señor Gates se mantuvo inmutable.

Prosiguiendo sobre la cuestión de los misiles de alcance medio, Vladimir Putin subrayó que seis países se han dotado de ese tipo de arma, entre ellos Israel e Irán, y dio a entender que Estados Unidos propaga esa tecnología obligando así a Rusia a hacer lo mismo. Después anunció su intención de proponer un tratado internacional que prohíba el despliegue de armas en el espacio, o sea que se opondría al proyecto promocionado durante 30 años por Donald Rumsfeld y actualmente en marcha por parte del Pentágono. Putin denunció también el programa de «escudo antimisiles», cuyo único resultado no puede ser otro que el reinicio de la carrera armamentista. De paso se burló de las fantasiosas explicaciones de la administración Bush, según la cual la instalación de interceptores en Polonia y en la República Checa tendría como objetivo garantizar la intercepción de misiles balísticos norcoreanos: ¡según las leyes de la balística es simplemente imposible que una salva de misiles disparada desde Pyongyang por encima del Pacífico se desvíe por Europa antes de alcanzar Estados Unidos en vez de pasar directamente por el Polo Norte! Más tarde, recordando el Tratado sobre las fuerzas armadas convencionales, ridiculizó la ampliación de la OTAN que, mientras pretende prepararse para luchar contra un enemigo imaginario, no hace más que instalar «bases ligeras estadounidenses avanzadas » para amenazar los flancos de Rusia. Violando así su palabra, la OTAN se ha aprovechado de la disolución del Pacto de Varsovia para amenazar a Rusia, mientras que esta última proseguía la retirada de sus militares de los Estados que componían la antigua URSS. En pocas palabras, el pueblo ruso hizo posible la caída del muro de Berlín pero la administración Bush está imponiendo una nueva línea de demarcación en Europa, sólo que más al este.

El señor Gates comenzó a ponerse nervioso.

Vladimir Putin abordó entonces su tercer tema: la hipocresía de Washington en todos los sectores. Recordó que le había propuesto al G-8 la creación de centros multinacionales de producción de combustible nuclear, bajo el control de la AIEA, que permitirían el fin de la proliferación así como la solución pacifica del caso iraní. Se refirió a la cooperación energética para señalar que los que creen insuficiente la apertura del sector petrolero ruso al capital extranjero en un 26% son los mismos que se niegan a permitir que el capital ruso invierta a ese mismo nivel en sus propios países. Ridiculizó, sin nombrarlo, el Millenium Challenge [7], el programa Bush de ayuda al desarrollo que «distribuye con una mano las “ayudas caritativas” y con la otra propicia el atraso económico pero también cosecha dividendos ». Criticó después a la OSCE, cuyo aparato burocrático ha sido «totalmente montado», sin vínculo alguno con los Estados que la fundaron, y transformado en «vulgar instrumento al servicio de los intereses políticos de un solo país» mediante una red de ONGs rigurosamente controladas.

Y, para concluir, Vladimir Putin, les aseguró a quienes exhortan a Rusia a que desempeñe un papel más importante en el concierto de naciones que iban a tener que pasar por el trance de verse complacidos en ese sentido. Putin terminó con la siguiente oferta: «También quisiéramos tratar con interlocutores serios e independientes, con los que podamos trabajar en la edificación de un mundo más democrático y más equitativo, garantizando al mismo tiempo la seguridad y la prosperidad, no sólo para las élites, sino para todos».

Tímidos aplausos de los europeos, aterrados ante la idea de poder emanciparse, y más decididos por parte de los estadounidenses, felices de haber llegado al final de aquel calvario.

Los perros guardianes de la alianza atlántica lanzaron rápidamente una ráfaga de preguntas: ¿Y qué pasa con la democracia en Rusia, con la seguridad nuclear, con la guerra en Chechenia, con las ventas de armas a Irán y la concentración de poderes en Moscú? Pacientemente, Vladimir Putin repitió lo dicho y les respondió como siempre lo hace en cada una de las conferencias de prensa en Occidente, donde siempre le hacen esas mismas preguntas.

Durante el mediodía del sábado, luego de un breve homenaje a la Unión Europea, que festeja su cincuentenario, los participantes se concentraron en el papel de la OTAN en Afganistán. Sin lograr disimular su irritación por el discurso del presidente ruso, el secretario general de la OTAN presentó una especie de informe de actividad sobre la presencia de la alianza atlántica y el establecimiento de una cotización para los Estados miembros. Mientras tanto, el senador John McCain se esforzaba por reclutar tropas frescas para lograr, finalmente, la derrota de los talibanes.

La cena sirvió de marco a un tedioso discurso del presidente del land de Baviera y a la entrega de una medalla a Javier Solana, ex secretario general de la OTAN convertido en secretario general de la Unión Europea y ejemplar servidor del atlantismo. El «diálogo» se reinició al día siguiente con las intervenciones de los ministros de Defensa de Estados Unidos y de Rusia y del negociador especial iraní.

Resuelta evidente que la intervención de Robert Gates fue revisada para rebajar su perfil. El secretario estadounidense de Defensa se esforzó más por quitarle dramatismo a la conferencia que en responder al discurso de Putin. Se refirió al pasado de espías que ambos tienen en común y contó algunas anécdotas, para relajar el ambiente. Luego resumió la marcha actual, sin comentario alguno, como para remachar que nada estaba sujeto a discusión: la ampliación de la OTAN, el despliegue del escudo antimisiles y la instauración de una cotización financiera.

 

Por el contrario, el secretario del Consejo Nacional de Seguridad iraní, Alí Larijani, prefirió poner el dedo en la llaga agregando diversas consideraciones al texto inicialmente previsto de su intervención. Hizo un recuento histórico del diferendo nuclear y de las promesas incumplidas de los occidentales y no vaciló en recordar también la historia del imperialismo estadounidense contra su país, desde el derrocamiento de Mosadegh hasta el financiamiento de la agresión iraquí, sin olvidar el apoyo al terrorismo masivo de los Muyaidines del Pueblo [8].

Esta esperada intervención se vio sin embargo eclipsada por el escándalo del día anterior.

Quedaba entonces el discurso de Serguei Ivanov, ministro ruso de Defensa. Era poco probable que retomara los temas que Vladimir Putin había abordado ya y los participantes apostaban a que iba a contentarse con palabras de cortesía. Por el contrario, la delegación rusa había decidido dar el golpe de gracia.

Ivanov comenzó recordando que ya había hablado sobre el terrorismo en aquella misma tribuna, antes de los atentados del 11 de septiembre, una forma de subrayar que el problema no es nuevo más que en la retórica estadounidense. Después señaló la inadecuación de los ejércitos convencionales, y con más razón todavía la de la OTAN, en materia de terrorismo. Finalmente asestó la dura realidad de que la única manera de poner fin a tales prácticas consiste en dejar de prestar apoyo a quienes las aplican. Lo cual indica que todas las condenas expresadas por los anglosajones serán dignas de crédito para Rusia únicamente cuando los terroristas refugiados en el Reino Unido y en Estados Unidos sean extraditados [9]. Este es el único punto, precisó. No hay ningún otro, esta intervención ha terminado.

La carga de la delegación rusa en esta conferencia puede ser interpretada a la vez en el plano interno ruso y en el plano internacional. Por un lado, al proclamar su hostilidad hacia la OTAN, Vladimir Putin refuerza su popularidad dentro de su país en momentos en que se plantea agudamente la cuestión de su sucesión. Por otro lado, la urgencia que plantea la cuestión iraní obliga a Moscú a actuar sin más demora.

La eficacia de esta carga puede medirse por las reacciones de los medios de prensa anglosajones. Estos se abstuvieron de publicar los detalles de las intervenciones de Putin y de Ivanov, y trataron por todos los medios de presentarlas como agresiones verbales contra Estados Unidos y sus aliados. Pero las palabras (de ambos) tuvieron efecto: los Estados miembros de la Unión Europea empezaron a pelearse en el seno del Consejo Europeo. Más aún porque el Kremlin no tardó en utilizar una nueva carta: el jefe de su Estado Mayor indicó que en caso de despliegue efectivo de los misiles estadounidenses en Polonia, Rusia se retirará del Tratado INF y apuntará con misiles de corto alcance hacia Europa oriental. Los europeos se ven así frente al gran chantaje estadounidense: la alianza atlántica defiende a Europa de una amenaza creada por ella misma.

La confusión ha penetrado en los espíritus.

PRESIDENTE RAFAEL CORREA DENUNCIA POSIBLE MAGNICIDIO EN SU CONTRA

Por TeleSUR

Rafael Correa, presidente de Ecuador, destacó que en la labor que desempeña “hay amenazas y peligros” y exhortó al pueblo a mantener la unidad para seguir alcanzando los objetivos que se ha trazado su gestión.

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, afirmó en un acto público en la localidad de Mochada, en la provincia de occidental de Los Ríos, que ha recibido amenazas de muerte, por lo que instó al pueblo a mantenerse unido para derrotar a las que considera, “oligarquías” que quieren acabar con el actual Gobierno.

Pese a que Correa alertó sobre un posible magnicidio en su contra, no precisó la procedencia de los mensajes intimidatorios.

Correa destacó que en la labor que desempeña “hay amenazas y peligros”, por lo que alertó al pueblo acerca de las últimos eventos en su contra.

Luego de hacer pública la denuncia, el dignatario ecuatoriano dijo que el pueblo debe permanecer unido para “arrasar” en las elecciones para la Asamblea Constituyente, que tendrán lugar el próximo 30 de septiembre.

Recordó que su Gobierno está reconstruyendo al país y aseguró a los ecuatorianos que “cuenten siempre con el gobierno porque se trata de una gestión para los pobres”

Según la consultora Cedatos, Correa goza de 76 por ciento de popularidad en la nación suramericana, respaldo que fue confirmado el pasado 15 de abril con la aprobación, bajo sufragio, de la creación de una Asamblea Constituyente para reformar el Estado, una de las principales propuestas del gobernante.

El factor jihadista irrumpe con fuerza en el escenario libanés

Txente Rekondo

Rebelión

Los enfrentamientos armados en torno al campamento de refugiados de Nahr al-Bared han vuelto a traer a Líbano a la primera plana informativa, al tiempo que el país vuelve a afrontar un nuevo problema en el ya de por sí suficientemente complejo panorama regional.

La pugna entre la coalición “Marzo 14” e Hizbullah sigue presente en las calles del país, a pesar de que la tensión en las mismas había disminuido en las ultimas semanas, por ello lo que menos necesita Líbano en estos momentos es un enfrentamiento armado entre el ejército libanés y el emergente campo jihadista, que emerge con fuerza en la comunidad sunita libanesa. Estos enfrentamientos ponen de manifiesto, sobre todo a la vista de las víctimas mortales, que los mayores perjudicados son la población civil libanesa y los refugiados palestinos, pero también la vecina Siria puede verse en aprietos, no tanto por la consistencia de las acusaciones hacia ella, pero sí por el desgaste que deberá afrontar por las mismas.

Los que apuntan la supuesta participación siria en esta nueva crisis libanesa buscan desesperadamente continuar construyendo las bases para el deterioro de la situación interna en Siria, pues todos conocen que el régimen de Damasco es un declarado enemigo de los movimientos jihadistas, a los que ve como un verdadero peligro para su propias continuidad futura.

De todas formas, la presencia de este tipo de organizaciones e carácter jihadista en Líbano no es nueva, pero probablemente, los mismos que buscan ahora supuestas relaciones entre éstos y Siria, son los mismos que no han dudado en el pasado en mirar hacia otro lado cuando desde diferentes sectores libaneses y de la región se advertía del peligro que podría representar esos grupos. En el pasado, algunos ideólogos de Washington ya habían barajado la posibilidad de utilizar a los diferentes grupos jihadistas para contrarrestar el poder de las organizaciones laicas palestinas en los campamentos de refugiados, así como para frenar el auge popular de Hezbullah en el país, incentivando los enfrentamientos entre chiítas y sunitas como la fórmula ideal de llevar a cabo sus pretensiones. Y todo ello, como ya ha ocurrido en otras ocasiones, no es más que alimentar la bestia que puede acabar devorando todo lo planeado, tal y como sucedió en Afganistán o en Iraq.

Para muchos medios occidentales, la aparición de estas organizaciones es cosa nueva, pero otros llevan tiempo señalando la presencia de corrientes y grupos que se estarían alineando con las tesis de al Qaeda y que habrían logrado estructurar una fuerza importante en Líbano, Jordania y en el futuro en la misma Palestina. Durante los últimos años han ido apareciendo diferentes organizaciones, y a pesar de la muerte de sus dirigentes (en las cárceles libaneses, como es el caso de Al- Khateeb en 2004 o en atentado del Mossad, como al-Masri, un año antes), esos grupos han logrado mantener y desarrollar su presencia en el Líbano, nutriéndose de las capas palestinas más pobres de los campos de refugiados, que cansadas de la corrupción de algunos de sus dirigentes, han vuelto sus esperanzas hacia el movimiento jihadista o salafista. Pero también ha aumentado al presencia de militantes provenientes de la comunidad sunita libanesa, como lo muestra el creciente número de libaneses que han participado en la guerra en Iraq.

Hasta la fecha parecía que Líbano era la sociedad árabe menos afectada por las ideas salafistas y jihadistas, con una sociedad que no veía ningún atractivo en esas tendencias ideológicas. Sin embargo, en estos momentos, la presencia de esos movimientos es tan evidente, y no sólo por el cariz y la magnitud de los recientes enfrentamientos, que ya comienzan a apuntarlos como una nueva fuerza del tablero político y social del país. Como señalan algunos analistas locales, “el desarrollo político y social en Líbano está creando las condiciones para esa presencia”. También el llamado “factor iraquí” estaría desempeñando un importante papel en este nuevo auge del islamismo radical.

La situación puede complicarse todavía más en los próximos días o en los meses siguientes. El ataque del ejército libanés, que cuenta con el “beneplácito” político de Hezbollah y de las organizaciones palestinas, está causando un alto número de víctimas civiles, que pueden llevar a una mayor radicalización de esos sectores y a un mayor alineamiento con los grupos salafistas.

Además, la respuesta de éstos, que ya han amenazado con llevar sus ataques a todo el país y probablemente contra importantes sectores de la población libanesas y contra algunas figuras políticas del país (ya el pasado mes de diciembre Le Monde señalaba las supuestas intenciones de Fatah al-Islam para acabar con la vida de 36 dirigentes políticos), lo que añadiría aún mayor dosis de incertidumbre y tensión a la frágil situación que vive Líbano. Más allá de la siempre peligrosa desestabilización libanesa, también nos encontraríamos ante profundas consecuencias e implicaciones en toda la región.

TXENTE REKONDO.- Gabinete Vasco de Análisis Internacional (GAIN)

Ahora le toca a Irán

José María Tortosa

AlterZoom

Se ha dicho, en la prensa estadounidense, que el fantasma de la guerra de Iraq recorre la política del gobierno de los Estados Unidos hacia Irán. En ambos casos, un gobierno niega que esté planificando una guerra, en ambos casos las evidencias en que dice basarse son falsas y en ambos casos se echa mano de las mejores técnicas de “comunicación”.

Irán es importante geográficamente: tiene un total de 5.440 Km. en ocho fronteras continentales. Los países son Irak, Turkmenistán, Afganistán, Pakistán, Turquía, Azerbaiyán, el enclave de Najichevan y Armenia. A través del mar Caspio, colinda con Rusia y Kazajstán y a través del golfo Pérsico con Kuwait, Arabia Saudita, Qatar, Bahrein, los Emiratos Árabes Unidos y Omán.

Pero Irán es importante no sólo por la importancia de algunos de sus vecinos, sino también por su posición en el mercado mundial del petróleo. Según el CIA Factbook de 2007, Irán es el cuarto productor de petróleo del mundo, el quinto exportador y el tercero en reservas probadas.

Y el actual gobierno de Irán (como los anteriores) se muestra poco amistoso con Israel. Y, todo hay que decirlo, todavía menos amistoso aparece en las traducciones malintencionadas que se hacen de los discursos de sus líderes.

Junto a esto, Irán tiene una larga historia de relaciones complicadas con los Estados Unidos. En 1953 la CIA dedicó 1 millón de dólares de la época para echar a Mosadeq del gobierno en uno de los primeros casos de intervención directa de la Agencia en el “cambio” político de un país. En lugar de Mosadeq, que se había atrevido a nacionalizar el petróleo, puso al Sha, más cercano a los intereses de las empresas estadounidenses, que duró hasta 1979 cuando fue sustituido por Jomeini, un líder que la CIA no supo predecir que iba a tener el eco que tuvo y no sólo en Irán (Escuché cintas magnetofónicas de Jomeini en los barrios populares de Dakar, Senegal, en 1979, después de que el Sha fuese destronado).

Pero antes de esto, en 1976, siendo presidente Gerald Ford, Dick Cheney jefe de su gabinete, Donald Rumsfeld secretario de Defensa y Henry Kissinger asesor de seguridad nacional, el gobierno de Ford convenció a Sha de la necesidad de embarcarse en un programa nuclear para afrontar sus futuras necesidades energéticas. Le convencieron, y el trato habría supuesto por lo menos 6.400 millones de dólares para empresas estadounidenses como la Westinghouse y la General Electric. Pero, dado el cambio de régimen, no pudo llevarse a término y, sea como fuese, el caso demuestra lo infundados que son los argumentos actuales contra el programa nuclear iraní basados en la peregrina idea de que no lo necesitan ya que tienen petróleo. Además, dicho programa es prácticamente idéntico al que está poniendo en práctica el gobierno de Lula en el Brasil, potencia con evidentes apetencias de hegemonía regional.

Los iraníes saben que los Estados Unidos apoyaron a Iraq en la guerra 1980-1988 y conocen el origen del gas mostaza (arma de destrucción masiva) que los iraquíes utilizaron contra Sardacht en 1987. Y saben también de los 52 rehenes estadounidenses que entre 1979 y 1981 estuvieron retenidos en Teherán entre la presidencia de Carter y la de Reagan. A diferencia de muchos estadounidenses, sí saben que una parte de dicha retención fue resultado de un acuerdo secreto entre el candidato Reagan y el ayatollah Jomeni: “Tú no los liberas, así Carter pierde las elecciones, yo llego a la presidencia y después hacemos cuentas”. El escándalo se prolongó con el llamado “Irán-contra” (1985-1986), asunto en el que el teniente coronel Olivier North, del Consejo de Seguridad Nacional, tuvo un papel muy importante: se vendían, ilegalmente, armas a Irán para financiar a la “contra” nicaragüense. Todo ello llevó a diversos juicios (el asunto de las armas por rehenes “explotó” en noviembre de 1986) y hoy el Sr. North es comentarista del Fox News Channel, un nuevo caso en el que las empresas de Rupert Murdoch (no se olvide que José María Aznar es uno de sus asalariados) vuelven a salir en esta serie de reseñas sobre el imperio.

La opinión pública estadounidense en general es contraria a una nueva aventura militar en la zona que se añada a las de Afganistán e Iraq. Los partidarios de una acción militar no superan al 20 por ciento en las sucesivas encuestas que ha publicado el New York Times y CBS News en las que los partidarios de la acción diplomática son abrumadora mayoría (siempre superior al 50 por ciento). Los que desean una acción militar son menos incluso que los que no ven ninguna amenaza en Irán, aunque, siempre según dichas encuestas, la actitud de confrontación es mucho mayor entre los votantes republicanos que entre los demócratas, más dispuestos estos últimos, en las encuestas, a políticas de no ingerencia.

Pero también aquí el gobierno está a la búsqueda de argumentos de lo que, para muchos, es una decisión ya tomada. Es cierto (lo recogió la Agencia France Press y lo documentó Seymour M. Hersh) que la CIA no acaba de encontrar indicadores serios de una construcción de armas nucleares que, en todo caso y según Mohamed El Baradei, no se podrían tener antes de tres años y, probablemente, ni siquiera antes de cinco años. No importa.

Como este argumento ya está muy manido y su aplicación a Iraq no resultó particularmente brillante, la alternativa ha sido la de intentar responsabilizar al gobierno de Irán en general y a la Quds en particular, de los apoyos que los chiítas iraquíes estarían recibiendo. No sólo: se trataría de hacer ver que determinadas muertes de ciudadanos estadounidenses (soldados, mercenarios o civiles en Iraq) han estado relacionadas con actividades iraníes. Si este tipo de argumentación no funciona (y, de momento, no acaba de funcionar ya que las dudas son crecientes), hay quien sospecha de la posibilidad de algún atentado en los Estados Unidos que pudiera ser atribuido a Irán. Dick Cheney lo habría insinuado y hay que reconocer que estos miembros del viejo “Project for a New American Century” (incluye además a Donald Rumsfeld, Jeb Bush, Paul Wolfowitz, Richard Perle, Douglas Feith entre otros) suelen ser directos en sus observaciones. Está también la posibilidad de desestabilizar (mediante “acciones encubiertas”) al gobierno de Irán para así justificar la intervención en pro del orden, la paz y la estabilidad. La decisión, pues, parece tomada. Ahora se buscan argumentos.

No está claro, en cambio, quién sería el que llevaría a cabo el ataque. Se sabe, ciertamente, de juegos de guerra anglosajones y “bombardeos por encima del hombro” simulados y detectables desde verano 2005 y, más recientemente (finales de mayo de 2007) de la llegada de nueve barcos de guerra estadounidenses, con un personal de 17.000 efectivos a bordo, al golfo Pérsico, frente a las costas de Irán, en un despliegue que sólo tiene precedente en el realizado en 2003 cuando empezó la segunda guerra de Iraq.

Pero no se excluye que el ataque se produzca por parte de Israel, que también ha hecho sus ejercicios y sus vuelos hasta Gibraltar para probar su capacidad. A decir de Ha’aretz, periódico publicado en Jerusalén, Bush “entendería si Israel decide atacar a Irán”. De esta forma, Israel repetiría lo que ya hizo contra Iraq, bombardeando Osirak en 1981.

Lo que es más dudoso es el cuándo. La Agencia France Presse (22 de noviembre de 2006) suponía que iba a ser en el verano de 2007 y el número especial de Newsweek dedicado al tema (19 de febrero de 2007) parecía ir en la misma dirección. Sin embargo, Simon Tisdall (The Guardian, 16 de mayo de 2007) hablaba de la posibilidad de que el ataque se pospusiera un año. Se verá.

Y es que, a decir de James Petras (31 de mayo de 2006), las opiniones dentro de los Estados Unidos estaban y siguen divididas. Decía que “existe una coalición liderada por las principales organizaciones pro Israel, los militaristas civiles del Pentágono, la mayor parte de los medios de comunicación y una minoría de la opinión pública, que apoya un ataque militar. Se oponen a esta opción un gran porcentaje de altos oficiales retirados, los líderes de la industria petrolera, la mayor parte de las organizaciones cristianas y musulmanas y una mayoría del pueblo estadounidense” como ya se ha dicho.

Los objetivos parecen claros. Israel tiene identificados tres principales:

Natanz, donde se han instalado miles de centrifugadoras para enriquecer uranio, una instalación para la conversión de uranio cerca de Isfahan y un reactor de agua pesada en Arak. Autoridades israelíes creen que la destrucción de estos tres puntos retrasaría el programa nuclear iraní indefinidamente y les evitaría tener que vivir bajo el miedo de un “segundo Holocausto” según informaba The Sunday Times (7 de enero de 2007).

Pero por qué. Parece ser que, a pesar de la historia y del petróleo, el argumento central es la percepción que tiene Israel de Irán como amenaza a su propia existencia. Israel puede ser potencia nuclear, pero la presencia de otra potencia en la zona alteraría la capacidad de amenaza que ahora tiene el gobierno más o menos sionista. El miedo a un “segundo Holocausto” es comprensible por más que las referencias al horror de la shoah siempre tengan un componente sospechoso de manipulación interesada de la mala conciencia europea.

Y no hay que olvidar que entre la hipótesis de que Israel es el gendarme de los Estados Unidos en la zona y la hipótesis de que los Estados Unidos pone en práctica la política que más conviene al estado de Israel, es esta segunda la que tiene más argumentos a su favor. Electoralmente, hay tantos judíos o de origen judío en los Estados Unidos como en Israel. Políticamente, AIPAC, el grupo de presión (lobby) israelí, es, fuera de discusión, el más importante entre los que “trabajan” las decisiones de Washington. Personalmente, y el dato fue reseñado precisamente en Ha’aretz, una parte importante de los llamados “neconservadores”, hoy en el gobierno del segundo Bush, son no sólo judíos, sino que han trabajado directamente sea en la prensa israelí (el Jerusalem Post, por ejemplo) o han realizado informes para gobiernos y partidos (en particular para el Likud).

De producirse, este ataque se verá acompañado, como el de Iraq, por una importante campaña de “comunicación” (es decir, de propaganda; es decir, de mentiras deliberadas) para convencer, en un nuevo Pearl Harbor, de la necesidad de esa guerra. Sabremos de la maldad intrínseca del régimen de Ahmadineyad (al que llamaremos “régimen de los ayatolás”), conoceremos de su fundamentalismo y de sus propósitos agresivos contra todo el mundo y seremos informados de que si queremos seguir teniendo petróleo barato, no hay más remedio que pagar el precio de unas pocas vidas.

Pero el efecto será el contrario: el precio del petróleo aumentará (con lo que las empresas que lo han estado acumulando mientras el precio caía, al venderlo al nuevo precio tendrán beneficios interesantes), el reformismo político iraní sufrirá un serio revés (y si se quisiese la “democratización”, es al reformismo a lo que habría que apoyar, con independencia de que sus elecciones parecen bastante más limpias que las estadounidenses), el régimen se hará realmente fundamentalista y las reacciones en el mundo contra esta nueva aventura imperial se manifestarán de inmediato acentuando el resquemor musulmán y árabe al respecto (No se olvide que Irán es de mayoría musulmana, pero de minoría árabe).

Afortunadamente, siempre tendremos medios de comunicación (al Fox a la cabeza) que nos expliquen que esos pequeños males se ven compensados por “bienes inmensos” (los que prometía en Madrid Jeb Bush al presidente de la “república” española poco antes de la invasión de Iraq) y, en todo caso, serán menores que los males que acarrearía una estrategia de “apaciguamiento” como la que pretendieron algunas potencias europeas, Neville Chamberlain el primero, frente a Hitler. Porque, una vez más, la comparación con Hitler se va a utilizar, por lo que la comparación con Goebbels se hace también necesaria: Convencer a la gente de que estas cosas se hacen por su bien no es tan difícil y se sabe cómo desde hace ya casi un siglo. Para 2007 el gobierno de los Estados Unidos pretendía dedicar un mínimo de 75 millones de dólares a la “diplomacia pública” (propaganda dirigida a las poblaciones de otros países) en Irán. No sabemos cuánto dedicará a convencer a las restantes opiniones públicas. Sí sabemos que seguirá comprando o alquilando periodistas que, alguna vez, sabremos quiénes son en el caso español. Tal vez cuando ya sea demasiado tarde.

– José María Tortosa, catedrático de Sociología, es profesor del Instituto Universitario de Desarrollo Social y Paz de la Universidad de Alicante.

De las ilusiones al realismo

La cooperación Rusia-Estados Unidos en el espacio postsoviético

por Alexandre Karavaiev *

Para el equipo de Boris Yeltsine la occidentalización era un espejismo y la cooperación con Estados Unidos una excelente oportunidad. La influencia de Washington en el espacio postsoviético liberaba a Moscú de responsabilidades que quería seguir ejerciendo. Pero con la recuperación del país, bajo la dirección de Vladimir Putin, Rusia retoma de manera natural el papel que le corresponde en la región. Como resultado de ello, observa Alexander Karavaiev, la colaboración se estanca mientras que la rivalidad se consolida.

Todos cometemos errores más o menos fatales, y a la seguridad de Moscú de que Rusia será siempre el único protagonista del espacio postsoviético ha resultado finalmente falsa.

El Kremlin pareció haber olvidado el principal móvil de la política estadounidense –los intereses de la seguridad nacional de Estados Unidos. En el fondo, esta actitud estadounidense cambiaba sólo en el plan táctico en función de una situación concreta. Si, por ejemplo, aparecían síntomas de tendencias alarmantes, Estados Unidos comenzaba a actuar, otorgando créditos para apoyar a la economía rusa mediante el Fondo Monetario Internacional (FMI) o distribuyendo fondos para garantizar la seguridad del arsenal nuclear, liquidar los arsenales de armas de destrucción masiva (ADM), etc. Como quiera que sea, no se debe considerar a Estados Unidos como un enemigo particularmente cínico que puso para siempre a Rusia en la lista de adversarios. Una ganancia potencial y un peligro potencial representan invariablemente la principal motivación de la política exterior estadounidense. Y ambos elementos están de hecho presentes en las relaciones de Estados Unidos con la Federación Rusa en el espacio postsoviético, en todas sus manifestaciones.

Luego de la aparición de una decena de nuevos Estados que volvían sus miradas hacia Occidente, Estados Unidos se quedó a la expectativa. Los países de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) estaban en busca de capitales y constantemente proponían grandes proyectos de inversiones a los estadounidenses. Y si Moscú consideraba el espacio alrededor de la Federación Rusa como políticamente dislocado y políticamente centrífugo, Washington lo encontraba lo suficientemente monolítico. Estados Unidos formaba sin apuro su propia visión de la futura configuración de la CEI, observándola de lejos.

En definitiva, Washington se implicaba con dificultad en la solución de los conflictos separatistas. Y el mérito por el cese de las hostilidades, desde la Transnitria hasta sur del Cáucaso y Tayikistán, pertenece principalmente al Kremlin. El arreglo en el Alto Karabak fue un ejemplo que incitó a Estados Unidos a pasar su primer curso práctico de conflictología postsoviética participando en la conferencia sobre el Alto Karabak en marzo de 1992y entrando después en el Grupo de Minsk de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) para el arreglo de aquel conflicto, por demanda expresa de las partes en conflicto –Azerbaiyán y Armenia. En ese caso en particular, como en otros casos análogos, el cese de las hostilidades sólo fue posible gracias a los esfuerzos de los diplomáticos rusos. En 1994, Azerbaiyán y Armenia se pusieron de acuerdo en respetar un cese del fuego informal, todavía en vigor.

El grupo de trabajo «Conflictos regionales» de la Conferencia de Dartmouth fue el único proyecto conjunto ruso-estadounidense. Entre los éxitos de ese grupo están las negociaciones que desembocaron en la firma, el 27 de junio de 1997 en Moscú, del acuerdo de paz entre el gobierno de Tayikistán y la oposición unida de ese país. Pero, incluso en ese caso, es necesario hacer una importante precisión: el grupo de Darmouth no era en lo absoluto un proyecto de Estado sino una simple iniciativa de personas en particular, o sea de simples ciudadanos preocupados de reducir el grado de tensión en las relaciones entre Estados Unidos y la Federación Rusa durante los años 1980.

Más tarde, a fines de los años 1990, la situación interna de la Comunidad de Estados Independientes empezó a deteriorarse muy rápidamente. Washington propuso entonces a dichos países la creación de un foro del que Rusia estaría excluida (GUAM). Incluso después de eso, antes de la época de las «revoluciones de terciopelo», no se sabía bien cómo utilizar aquella estructura para promover los intereses estadounidenses en el seno de la CEI. Hoy en día, el GUAM [1] es una especie de proyecto económico publicitario de los revolucionarios «anaranjados» que trataba de organizar un mercado interno en el seno de esta misma estructura, al tiempo que ayudaba a solucionar problemas en los territorios separatistas mediante el regreso de estos últimos a las fronteras de los Estados unitarios.

Sin embargo, una situación muy particular se creó alrededor de la Comisión intergubernamental Chernomirdin-Gore. Fue si dudas el único momento de las relaciones ruso-estadounidenses que ambas partes consideran como un período positivo de acciones prácticas y de resultados concretos. Según la idea de esa comisión, los entendimientos generales registrados entre los presidentes (y que a menudo se quedaban en letra muerta) tenían que ser puestos en aplicación por el segundo hombre de cada Estado, arreglándoselas para obtener la solución de los problemas concretos en niveles inferiores, ya fuera en el segundo e incluso en el tercer nivel de la máquina burocrática. Aparte de eso, toda una serie de cuestiones «confidenciales» eran de la competencia de la Comisión Chernomirdin-Gore.

Fue así que, a finales de los años 1990, Estados Unidos trazó claramente el esquema de sus relaciones con los países de la CEI –por separado, con cada uno de esos países. El alejamiento estadounidense de Eurasia así como cierto idealismo proestadounidense reinante en las élites de los países de la CEI finalmente permitieron que Washington lograra alcanzar sus objetivos, a pesar de las contradicciones y conflictos existe en el seno mismo de la Comunidad de Estados Independientes. Pero Moscú no podía obtener el nivel de la «reserva de confianza» estadounidense en las relaciones de los países de la CEI hacia la propia Rusia. Moscú estaba demasiado enredado en su propia implicación en procesos comunes y en una multitud de compromisos políticos y económicos hacia cada uno de los países, lo cual se manifestaba sobre todo en conflictos separatistas e interestatales. En lo tocante a Estados Unidos, este país no estaba implicado en los problemas de separatismo, mientras que Rusia sí lo estaba. Washington estaba libre de ese pesado compromiso y disponía, por consiguiente, de un margen de maniobra más amplio. Por otro lado, Washington podía darse el lujo de seguir varios juegos a la vez: con la oposición y con los diferentes grupos que componían la élite mientras que el Kremlin estaba amarrado por los compromisos contraídos con los grupos que estaban en el poder.

Finalmente, Estados Unidos destinaba fondos financieros considerables a programas concretos de desarrollo económico y social; concedían créditos gratuitos y apoyaban la concesión de cuantiosos préstamos mediante el Fondo Monetario Internacional. Rusia estaba entonces tan dependiente de Estados Unidos como los otros países de la CEI. Así que Moscú no podía imaginar siquiera un juego independiente y serio en el espacio postsoviético. En definitiva, el blasón estadounidense aparecía redorado por el proceso de globalización proveniente de Occidente, ya se tratara de las relaciones de mercado, de la dolarización de las economías nacionales, del acceso de las compañías extranjeras a los mercados locales, del brusco aumento de la variedad de artículos de consumo o de la rica gama de tecnologías industriales. Todo ello favorecía ampliamente una penetración cada vez más profunda de Estados Unidos en el espacio postsoviético.

En la agenda estadounidense, la importancia de la asociación con Rusia cayó del primer al último peldaño en la escala de los diez primeros problemas, lo cual se hizo evidente incluso antes de la aparición de la amenaza islamista. Mientras tanto, el Kremlin descuidó, en el seno mismo de la CEI, numerosos temas exclusivamente rusos, al mismo tiempo que muchos temas quedaban simplemente al garete. Para mencionar une experiencia política positiva, hay que referirse a la clara comprensión de la necesidad de un equilibrio simétrico en las relaciones con un asociado como Estados Unidos, en un momento en que la época de la confianza ilimitada estaba definitivamente cerrada.

La actual crisis del escudo estadounidense antimisiles marcó clara y definitivamente esa frontera, que continuará profundizándose en lo adelante. De aquí a fines del año 2008, cuando el viejo se quede en el Kremlin (Vladimir Putin se irá, pero su equipo se quedará) y un nuevo equipo «demócrata» llegue al poder en Washington, los conflictos de intereses irán agravándose, e irán disminuyendo los intentos por disimular diplomáticamente la división y el empeoramiento de las contradicciones.

Ese empeoramiento no dejará de tener consecuencias para el espacio postsoviético. El terrorismo internacional (noción bastante amorfa de por sí), los intereses comerciales, la conquista del espacio interestelar y la lucha contra la proliferación nuclear no bastan para contrarrestar el espíritu de confrontación. Es por eso que la cooperación entre Rusia y Estados Unidos no será suspendida de forma evidente sino que se hará cada vez más imperceptible ante un trasfondo de divergencias políticas.    Alexandre Karavaiev

Centro de Estudio del Espacio Postsoviético, para RIA Novosti.